Después de casi once meses de trabajar, tanto mi mujer como yo, seis días a la semana, había llegado el merecido momento de regalarnos dos semanas de vacaciones. Claro que tampoco estábamos como para tirar cohetes, económicamente hablando.
Con tiempo por delante y paciencia, nos pusimos a buscar un lugar tranquilo en una zona costera del Mediterráneo, esperando encontrar algo atractivo y que se ajustara a nuestro presupuesto.
Mi mujer se llama Laura, y yo soy Víctor. Llevamos ya casi tres años casados, y desde nuestro viaje de novios, rara vez hemos tenido mas de dos días seguidos de fiesta en común. Los dos trabajamos en el mismo bar musical, donde nos conocimos hace ya mas de cinco años, situado en la zona de copas de la ciudad.
Yo era el encargado del local, y una noche quede prendado de una chica morena, no demasiado alta, pero sí con un excelente cuerpo y muy bien proporcionado. Aunque al principio se me antojaba con poco pecho, con el tiempo descubrí que tenia unas tetas sabrosísimas.
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