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Publicado el 9 de Mayo del 2010

Hacía bastante tiempo que no la veía, casi ocho años, y la encontré aquel día en el autobús. La conocía desde hacía 20 años, cuando coincidíamos a llevar o recoger a nuestros respectivos hijos en la guardería, allí me fijé en ella. Elena no era una mujer hermosa, era más bien del montón, pero me fijé bien en la dulzura que desprendían sus correctas facciones, sus gestos, el movimiento y los escorzos de sus grandes y suaves manos, desproporcionadas con el resto de su cuerpo, más bien menudo, y del que no se podía decir más, pues vestía siempre con mucho recato, con ropas que parecían de monja y no permitían hacerse idea ni tan siquiera del tamaño de sus pechos, que parecían aplastados, o de su culo, ya que los vestidos que llevaba no ceñían en absoluto su cintura. Lo más que sabía era que sus piernas eran firmes y recias.

Como vivíamos en el mismo barrio, también coincidía a menudo con ella en el autobús y fui testigo del embarazo de su segundo vástago. El estado de gravidez acentuó la dulzura de su cara, su atractiva sonrisa y la expresividad de sus ojos. Hubiera dado cualquier cosa por hacer el amor con ella así preñada.

Años más tarde coincidimos en la misma empresa y departamento, allí nos hicimos amigos y conocí de su vida: Tenía dos hijas de la edad de los míos, que en la actualidad tendrían 24 y 20 años, apenas tenía relaciones u otra actividad al margen de su familia, a la que adoraba. Siempre estaba hablando de sus hijas y del trabajo de su marido.

Aunque intimamos en el trato nunca hablaba de sexo, su conservadora educación se lo impedía. Me acabé enamorando de ella e intenté algún avance. Ella permitía algún pequeño roce, pero no alentaba nada más. Un día le lancé los tejos descaradamente y ella me dijo que, aunque yo le gustaba y me quería muchísimo, no se permitiría nunca engañar a su marido y destrozar su familia.

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Publicado el 8 de Mayo del 2010

Publicado el 6 de Mayo del 2010

Publicado el 5 de Mayo del 2010

La sumisión ha sido un tema que me ha cautivado desde hace algún tiempo. Ni yo misma se como comenzó este gusto, he llegado a la conclusión que es algo con lo que se nace, un instinto que es más poderoso que la razón misma.

Las relaciones comunes y corrientes nunca se me dieron, siempre note que había algo diferente en mí, como que nunca encaje en la cotidianidad de la vida común. Como que necesita algo más, y ahora estoy segura que ese más es LA SUMISIÓN.

Desde que empecé a internarme en este mundo siempre me despertó una gran curiosidad conocer la esencia de las relaciones Dominación/sumisión, saber sus reglas, conocer su estructura, en fin, todo acerca de ellas. Y conforme iba sabiendo más y más, mucho más me gustaba y despertaba un profundo deseo en mi de ser una sumisa y de tener un Amo y Señor a quien servirle.

Y debo decir que a pesar de que mis deseos se enfocan a la sumisión, no soy precisamente una chica tan calladita y tranquila, si bien en mi vida diaria no soy muy sociable con cualquier persona y solo cuando me siento en confianza se me quita lo tímida y fluye mejor la personalidad, también tengo una carácter algo fuerte y siempre defiendo mis ideas y suele ponerme rebelde cuando no quiero hacer algo, además de que siempre tomo el control de mis equipos de trabajo y siempre hago valer mis opiniones.

Pero por alguna extraña razón eso cambia en cuestiones más intimas, como en mis relaciones con el sexo opuesto, ahí me gusta ser sumisa, me gusta que alguien más sea quien lleve el control de mi, obedecer y servirle a esa persona, hacerla feliz.

Como todo en la vida, en el mundo del sado también hay extremos, desde el sado excesivamente ligth, que cae en lo ridículo, por que no son más que meros jueguitos donde se piensa que lo único que se hace es jugar con esposas y látigos, hasta el sado extremo en donde hay cosas verdaderamente extremas, que a mi gusto ya cae en perversiones que no puedo comprender. Pero bueno eso es otro tema…………

Hice esta aclaración para explicar lo que el sado significa para mí, a mi punto de vista yo creo que me encuentro en un punto medio, por que ni veo al sado como un jueguito de niños ni como una bestialidad extrema. Para mi una relación Dominación/sumisión es una entrega total, en cuerpo y alma que hace una persona (sumisa) a otra persona, la cual posee los conocimientos necesarios para educarla y enseñarla a servirle y satisfacer sus deseos y cuidarla como su pertenencia (Amo)

Esa es la clave del bdsm, ENTREGA, sin eso no hay nada. Pero para que ésta se de, necesita haber algo más, CONFIANZA, lo cual es más bien tarea del Amo, por que si el Señor no proporciona la suficiente confianza para que una sumisa se entregue, difícilmente se da. Y por último, un tercer elemento, pero no por eso menos importante es el AMOR, siempre se debe de sentir un cariño muy especial hacia la persona a la cual uno sirve, aunque creo que eso es casi automático…….. La forma de ser de un Señor siempre cautiva a su sumisa y hace que se sienta algo muy especial con tan solo verlo, despierta cariño, deseo, pasión, respeto y muy probablemente miedo, pero todo eso se conjunta y hace sentir un sentimiento muy especial hacia el Señor y Amo.

Entonces una entrega total con plena confianza en el Señor y Amo, cargada de un amor, que involucre un cariño y deseo muy especiales es lo que se necesita, a mi punto de vista, para que una relación Dominación/sumisión funcione.

Para mi es algo excitante sentirse dominada, a mi me produce una serie de sensaciones que me hacen obedecer y desear entregarle mi placer, mi deseo, mi dolor, mi humillación, querer darle todo de mi a mi Señor.

Muchas mujeres se ofenderían si sus parejas las llamaran putas o perras, pero cuando se es sumisa uno comprende que es eso lo que uno es, y a mi en lo personal me gusta sentirme perrita y estar a los pies de mi Amo en espera de hacer algo para darle placer y hacerlo feliz

Es increíble como el placer del Amo se transforma en el placer propio, una sumisa nunca podría estar contenta si no ha podido o a fallado en darle placer a su Señor……. Por algo se nos llama perras, por que nuestros instintos se explican como los de estos animalitos.

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Publicado el 4 de Mayo del 2010

Publicado el 30 de Abril del 2010

Publicado el 28 de Abril del 2010

Mi nombre es Melisa. Hasta hace un año yo era simplemente una chica normal. Tenia deseos de esclavitud y podía llegar al orgasmo exclusivamente con el dolor. No era algo que practicara a menudo, pero lo disfrutaba cuando sucedía. Mi vida estaba bien hasta el día en que yo leí una rara historia. Era sobre una chica que era atravesada por un asador, asada viva y comida. Creo que tuve mas orgasmos leyendo esa historia que los que tuve jamás en la vida. Ponía un consolador en mi ano, soñando que era el asador. Sabía que era una fantasía, que nunca viviría ese momento, pero era una fantasía divertida. Llegue a obsesionarme con la fantasía de ser asada viva e incluso perdí el contacto con amigos y familia.

Un día vi un anuncio en que alguien buscaba a una chica que deseara ser empalada y asada viva. Pensando que era broma conteste al anuncio. Solo quería alguna cosa que alimentara mi fantasía. Tras unas cartas con ese hombre, me sorprendía al ver que él era sincero en su petición. Para él no era una fantasía sino una realidad.

Saber eso hizo que sintiera un gran nerviosismo y no conteste durante semanas.

A veces asusta pensar que las fantasías pueden convertirse en realidad.

Durante muchos días pensé en la oferta de ese hombre. Era lo que siempre había soñado y me había masturbado con eso. Me preguntaba si realmente me gustaría hacer realidad mi fantasía. A veces me tumbaba en la cama y creía sentir como el asador entraba por mi ano hasta aparecer por mi boca.

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Publicado el 27 de Abril del 2010

Publicado el 26 de Abril del 2010

Publicado el 24 de Abril del 2010

Llevábamos demasiado tiempo sin follar. Ella había estado enferma, pero ya se estaba recuperando. Había sido muy activa, pero cada vez tenía menos interés en el sexo. Quizás consciente de ello me dijo: Esta noche hacemos lo que tú quieras. Yo llevaba tiempo planeando una fantasía y esa era mi oportunidad. Le pregunté si me dejaba atarle las manos, y le debió parecer un juego casi inocente, pues me dijo que si. Se desnudo por completo, y le até las manos. Después le puse sus zapatos más altos. Sólo diez centímetros, pero con un tacón muy fino, que me ponían a cien. Después le puse mi cinturón al cuello, para poder llevarla como a una perra. Finalmente le puse una gabardina sobre los hombros, y se la abroché.

La llevé hasta la puerta de casa, la abrí, y le dije:
- ¡Fuera!
- ¿Estás loco? No pienso salir así a la calle.
- Tú misma, o sales por ti misma o te saco tirando del cinturón.
- No te atreverás.

Le tiré fuerte del cinturón y del tirón se cayó al suelo ya en el descansillo. Cerré la puerta de casa. Ahora estaba fuera, con las manos atadas sin poder volver a casa, y con el cinturón asomando sospechosamente.

- Abre la puerta de casa ahora mismo -me dijo.
- O vienes voluntariamente o te desnudo aquí mismo.
- Ni muerta.
La agarré por el cinturón para que no retrocediera, y comencé a desabrocharle botones de la gabardina.
- Vale, vale, pero abróchame.

Le abroché los botones hasta arriba, y le metí el cinturón por dentro de la gabardina. Después llamé al ascensor. Entramos, sin hablar; ella parecía entre enfadada y asustada. Me preguntó que iba a hacer, pero no le contesté. Salimos a la cochera, en el sótano del bloque. Nos dirigimos al coche, abrí el maletero, y le dije que se metiera dentro. Se volvió a negar enfadada, y a mi me dio la risa. Volví a agarrarla del cinturón y a desabrocharle botones. Me rogó que no siguiera, mientras, miraba alrededor, por si venía algún vecino. Le quité la gabardina y le señalé el maletero. Seguía negándose, casi llorando. Tiré del cinturón y le di dos fuertes azotes, pero seguía sin meterse.

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