Yo contaría con 12 ó 13 años cuando aquella profesora llegó a mi colegio. A esa edad, uno comienza a interesarse mucho por el sexo opuesto y su imaginación no para de volar.
Ella estaba tremendamente buena y contaría con unos 26 años. Delgada, con unas tetas de un tamaño bastante considerable (hoy podría asegurar que se trataba de un 100), un culo prieto y hermoso; ni gordo ni plano: perfecto. Su cabello era color castaño oscuro, rizado y “abultado”. Sus ojos eran marrón-verdoso y su tez era blanca, pero no pálida. Vamos, estaba como un queso. Sin embargo, por aquél entonces, yo sólo era un crío de 7º de EGB.
Una mañana de primavera, mientras nos estaba dando clase, pude observar (estaba en primera fila) que, mientras escribía en la pizarra con la mano derecha, se sujetaba la parte posterior de su ropa con la otra mano. Me fijé bien y me di cuenta de que tenía la cremallera del vestido rota de forma que le quedaba la parte de detrás abierta. ¡Joder! Ese día tuve mi primera erección (Yo era, como he dicho un crío). Me fijé bien(lo cierto es que no atendí a nada más en la clase que, por suerte, era exclusivamente de introducir materia; con lo que tendría la imagen de mi profesora dándome la espalda toda la hora) y pude ver que el vestido se le abría muy tímidamente hasta la mitad del culo. Presté más atención y vi unas bonitas bragas negras muy finitas que contrastaban con su vestido floreado.
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