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Publicado el 13/01/2011 | Categoria: Videos sado | 0 comentarios

Publicado el 12/01/2011 | Categoria: Relatos sado | 2 Comentarios

Había llegado el fin de semana que tanto esperaba, por fin podría cumplir mi sueño de poder ser esclavo durante todo un fin de semana. Me había concedido la oportunidad AmaMarga, tras conocerla iniciamos largas conversaciones y un día me brindo el honor de poder servirla durante 48 horas en su finca, me había dejado bien claro cual seria mi condición y a que debía atenerme, me advirtió que no sería nada fácil pero seria una experiencia única y de la que no me arrepentiría Unos días antes recibí un email en mi correo donde me indicaba la dirección a la que debía acudir el sábado por la mañana a primera hora, donde pasaría dos días y una noche como su esclavo, sometido a todos sus caprichos y mis obligaciones.

Tras unas horas de viaje llegue a mi destino, un pueblo muy tranquilo y aislado del ruido y de la ciudad, se respiraba aire fresco, sin duda era el lugar de descanso utilizado por la señora. Había fincas distribuidas por la zona y apartadas las unas de las otras, esta finca en concreto estaba algo escondida y tuve ciertos problemas para encontrarla pero al final di con ella. Aparque mi coche en la puerta de la finca y contemple sorprendido lo grande que parecía desde fuera, una vieja casa de grandes dimensiones rodeada por una gran valla metálica. En su interior había un gran terreno de tierra con un pequeño camino que conducía a la entrada de la casa. Anduve el camino hasta llegar a la puerta principal, toque el timbre y esperé impaciente a que me abriesen, aquí comenzaba mi fin de semana como esclavo a disposición de la señora.

En el umbral de la puerta apareció AmaMarga, una señora de unos 50 años de edad, de complexión corpulenta, cabello rizado corto y una mirada penetrante que casi me traspasaba. Su vestimenta consistía en un vestido negro con unas medias negras que cubrían sus anchas piernas que terminaban en unas enormes botas de montar que la llegaban hasta las rodillas. Sin duda su principal característica era su carácter, mujer muy dominante, carácter serio, estricto e incluso en momentos despiadada.


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Publicado el 10/01/2011 | Categoria: Fotos sado | 0 comentarios

Publicado el 09/01/2011 | Categoria: Videos sado | 0 comentarios

Publicado el 08/01/2011 | Categoria: Relatos sado | 0 comentarios

De nuevo estaba ahí, agazapado, acechando en la oscuridad, esperando el momento en el que ella aparecería por las enormes puertas de madera. Desde hace varios meses que vigilo la entrada del viejo edificio, desde hace varios meses espero, ingenuamente, que ella se dé cuenta de su error y lo enmiende.

Conocí a Cristina Mendoza cuando ella tenía 17 años y yo 20. Mi casa era uno de esos edificios antiguos que eclipsaba en magnificencia a las casas más modernas, era tan grande que vivíamos ocho personas en ella con comodidad. Cristina era novia de uno de mis primos por lo que su presencia era normal en nuestra residencia. Al principio mi actitud hacia ella era cordial con tintes de indiferencia, no era que sintiera alguna especie de aversión hacia ella solo que no tenía interés alguno en conocerla a fondo.

Una tarde las juegas con mis amigos acabaron temprano y regrese a casa antes de lo previsto. Una figurada encorvada destacaba en el jardín, Cristina rodeaba su cuerpo con sus propios brazos. Su ondulado cabello negro, que caía suelto por su espalda, creaba una impenetrable cortina encargada de ocultar rostro, pero nada ocultaba los temblores que sacudían su cuerpo.

Dudaba si debía de acercarme o si por el contrario tenía que irme y hacer como que no la había visto. Al final la curiosidad y la preocupación me arrastraron hacia el tronco donde estaba sentada, intente pisar con suavidad para no alertarla. Su cuerpo seguía sacudiéndose sin descanso, esperaba que alguna extraña enfermedad de la que nunca nos hubiera hablado creara los temblores. Sabía que mi esperanza era vana, pero aun así esperaba que alguna otra cosa le sucediera, definitivamente no deseaba encontrarla llorando.

Cuando estuve lo suficientemente cerca pude verla con claridad las salinas lágrimas corrían presurosas por su rostro, al instante me quede paralizado nunca me había imaginado que Cristina pudiese llorar con tal desolación, parecía una chiquilla. A pesar de que era joven tenía una madurez sorprendente, controlaba sus sentimientos de una manera admirable y, aunque estaba en casa ajena, se conducía con confianza y corrección ante cada uno de nosotros, cosa que yo jamás podría hacer. Me preguntaba qué era lo que había roto las murallas de la chica fuerte, ¿qué era lo que la tenía en ese estado de desesperación total?

Y ahí estaba yo, un ser insensible que buscaba la manera de consolar a su prima política que lloraba copiosamente por algún motivo desconocido. Mi poco tacto y mi falta de paciencia me obligaron a ir al grano:

−Cristina, ¿Estás bien? – ella se volvió con rapidez hacia mí. Se levanto y se arrojo sollozante a mis brazos.

Su reacción me tomo por sorpresa, mientras ella se pegaba a mí cuerpo yo pensaba, inútilmente, en algo que decirle; al ver que mis intentos eran vanos, me concentre en algo más tangible, algo más seductor que unas palabras de consuelo: el cuerpo de Cristina. La proximidad de su cuerpo, enfundado en un delgado vestido de algodón blanco, me perturbaba; la poca atención que le había prestado con anterioridad no me había permitido vislumbrar los matices eróticos de la novia de Lauro. Podía sentir cada centímetro de la hermosa piel que cubría el vestido, casi podía describir con exactitud la curva de sus pechos aplastados contra mí tórax. Lo prometedor de su cintura y el delicioso aroma que despedía su carne abrumaban mi cabeza; ese indefenso cuerpo pegado a mí despertaba mi libido.

Ahora era yo quien perdía el autocontrol, hubiera querido que mi problema fuera tan sencillo de resolver como unas simples lagrimitas, pero no era así. Controlar el fuego, detener ese cosquilleo que bajaba de mi estomago a mi entrepierna era complicado y el hecho de que ella y su voluptuosidad estuvieran tan cerca de mi no era una ayuda.

Intentando ser amable la aparte de mí. Rezaba para que no se fijara en la pequeña protuberancia que momentos antes no estaba bajo mis pantalones, por fortuna seguía tan entregada al llanto como en un principio. Su afilado rostro estaba desencajado en una mueca de dolor, pero aun así podía percatarme de lo que nunca antes había notado.

Su marmóreo rostro de afilados rasgos poseía una belleza desbordante, sus labios carnosos y femeninos, sus enormes ojos azules coronados por sendas pestañas negras y su nariz recta. Había algo intangible en su rostro que le daba cierto aire sensual. Era ridículo que no hubiera notado que la novia de Lauro, mi primo, era preciosa. A la par de ese descubrimiento un sentimiento de compasión broto en mi pecho: me enfurecía y me entristecía ver el dolor de Cristina.

Como si hubiera adivinado mis pensamientos levanto la cabeza, me sonrió levemente y comenzó a hablar.

−Lamento mucho que tuvieras que verme así Matías, quiero darte las gracias por haber soportado mis lloriqueos. – incluso su voz estaba llena de erotismo, sus ojos marítimos no se apartaban de los míos. Quizás fueran imaginaciones mías, pero Cristina poseía talentos dignos de una ninfa. La erección amenazaba con alcanzar dimensiones mayores, intentando distraer mi excitación le pregunte:


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Publicado el 06/01/2011 | Categoria: Fotos sado | 0 comentarios

Publicado el 05/01/2011 | Categoria: Videos sado | 0 comentarios

Publicado el 04/01/2011 | Categoria: Relatos sado | 0 comentarios

Hola, me llamo Carlos y el día que decidí casarme con Mónica debía estar pensando con la polla, porque cualquiera con un poco de cabeza no lo habría hecho. El problema es que Mónica estaba muy buena, demasiado buena para pensarlo con frialdad. La mujer tenía un cuerpo envidiable y era muy guapa, sin embargo tenía un pequeño problema.

Me costó unas semanas descubrirlo, y a pesar de eso fui lo bastante estúpido para engañarme a mí mismo, estaba tan buena……

El mismo día que conocí a Mónica fui a por ella directamente, era una diosa, una de las mujeres más bellas que había conocido y para mi sorpresa yo también le debí gustar pues parecía estar muy a gusto en mi compañía. Quedamos un par de veces y por fin la pedí para salir. Ella me dijo que sí sin dudar. Era el hombre más feliz de la tierra.

La primera señal de que algo iba mal se produjo una semana después. Ya llevábamos siete días juntos, así que al despedirnos en su portal intenté besarla en la boca, ella me rechazó. Al ver mi reacción de disgusto me explicó que su familia era muy tradicional y que ella misma era una persona muy religiosa y que la habían educado en una estricta moral católica. Me dijo que era virgen y que quería reservarse hasta el matrimonio pues estaba claro que la chica quería casarse conmigo.

La verdad es que no me hizo mucha gracia eso de “ver pero no tocar” hasta el día de la boda, pero como ya he dicho me engañé a mí mismo y me convencí de que seguramente una vez casados ella sería una fiera en la cama.

Sólo tardamos seis meses en casarnos en los cuáles cumplí mi palabra. No le toqué ni un pelo y la noche de bodas ella estuvo por fin dispuesta a follar conmigo.

Fue la noche más decepcionante de toda mi vida. Cuando llegamos a la habitación del hotel, Mónica me pidió unos minutos para prepararse. Yo estaba muy impaciente y cuando por fin me dijo que entrara me la encontré ya metida en la cama y con el camisón puesto.

No me creeréis, pero en pleno siglo XXI no pude ver a mi mujer desnuda ni siquiera en mi propia noche de bodas.

Ella insistió en apagar la luz y se tumbó en la cama boca arriba. Sólo me dejó hacerlo a lo misionero y me tuve que conformar con un par de picos con la boca cerrada. Asimismo, todos mis intentos de quitarle la ropa o meterle mano fueron infructuosos, así que en un momento dado dejé de insistir. Por supuesto ella ni me tocó y mientras la follaba permanecía quieta y callada como si todo aquello no fuera con ella.

Es más, mientras follábamos me pareció oirle musitar una oración.

El caso es que en cuanto me corrí dentro de su vagina ella me dio las buenas noches y se dio la vuelta.

Francamente, hubiera disfrutado más haciéndome una manola.

El viaje de novios fue todo así, de manera que a la cuarta noche ni siquiera hicimos el amor, yo no insistí ni ella tampoco.

Ya de vuelta a casa, uno de los días me la encontré llorando en el cuarto de baño. Estaba arrodillada rezando y pedía perdón por el horrible pecado que había cometido al follar con su marido sin quedarse preñada.

Aquello era demasiado. Monica era estupenda pero francamente sin sexo no creo que nuestro matrimonio tuviera futuro.

Los meses pasaron y la cosa fue a peor. Ya nunca nos acostábamos y un día decidí hablar seriamente con ella y decirle que nos habíamos equivocado y que lo mejor sería separarnos. De este modo le esperé en casa a que volviera del trabajo.

El caso es que pasaron las horas y Monica no terminaba de llegar. Yo estaba muy nervioso pues no sabía cómo se lo tomaría. Seguramente se echaría a llorar, pues para ella el matrimonio era sagrado, pero yo estaba decidido.

Las horas pasaban y Monica no llegaba. Eso era muy raro, mi mujer nunca se retrasaba: las nueve, las diez, las once. Eran las doce y aún no había llegado.

De repente y cuando ya estaba empezando a considerar llamar a la policía oí un violento golpe y ruido de cristales. Corriendo fui a la habitación de donde procedía el ruido, encendí la luz y vi una piedra en el suelo entre los cristales rotos.

Rápidamente me asomé a la ventana pero no vi a nadie, entonces empecé a recoger los cristales cuando reparé en que la piedra estaba envuelta en algo.


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