La despedida de soltera dejó a Mónica con más ganas aún de continuar con sus juegos lésbicos y masoquistas. Pasó el tiempo, logrando solamente algunas aventurillas sin mayor importancia. Lo que más había conseguido era que la amarrasen a la cama y le hicieran el amor, pero ninguna cosa como las ocurridas aquella noche, mas en una ocasión sonó el teléfono: Al responder escuchó la voz de Claudia del otro lado de la línea invitándola a conversar con ella porque tenía algo que proponerle. La sola idea de qué podría ser la hizo mojarse instantáneamente, al instante le preguntó por el lugar y momento de la cita. Su interlocutora le respondió que de inmediato, pues estaba en la puerta del edificio, agregándole que le abriese y la esperara completamente desnuda, de tal manera que se quitase la ropa mientras subía.
Terminando de hablar se desnudó lo más rápidamente posible en el mismo lugar del teléfono y una vez desnuda tomó su ropa tal como había caído y corrió hacia el dormitorio tirándola prácticamente dentro del clóset, escuchando que en ese momento tocaban, por lo que necesitó correr para abrir. Se colocó detrás de la puerta y sólo asomó la cabeza en prevención que pudiese ser otra persona. Al percatarse que efectivamente era Claudia, le franqueó la entrada.

