Entrar en aquel reclusorio, exclusivo para mujeres, era entrar al infierno. Ahí no se conoce la compasión, y las palabras piedad y lástima no son más que vagos conceptos inexistentes. Tras sus paredes de piedra desnuda, y sus gruesas puertas recubiertas de planchas metálicas, solo reina el dolor y el sufrimiento.
Mujeres, solo mujeres. Cualquier desierto del norte puede esconder entre sus ardientes arenas el edificio lúgubre y oscuro de ese reclusorio. Lejos de la civilización, y más lejos todavía de cualquier ley humana, su mismo aislamiento permite el afloramiento de los más oscuros instintos.
A quién puede importar lo que sucede dentro. Quienes pasan por encima, disfrutando de la eterna libertad de un cielo azul rara vez cubierto de nubes, ven una cárcel como tantas otras. Un gran patio rectangular rodeado de celdas por dos lados, y más allá en una esquina los edificios administrativos. Casi siempre el patio está desierto. El calor adormece, desmaya.
Esta hermosa mujer no se pone a 100 como todas las demás. La única manera de mojar su chochito y que se transforme en todo una puta es lamiendo cada uno de los dedos de sus pies. Luego que haces esto, ella está lista y dispuesta a que la folles y le dejes el chocho bien abierto. Mira como agradece a este tío dándole una buena mamada!
Esta es una historia para mí quizás la mas sustanciosa, por llamarla de algún modo, porque significó mi definitiva y entusiasta adscripción al elenco sadomasoca. Lo de Ch fue algo inesperado. Esto lo busqué.
Yo había vuelto de los EE.UU. a finales de mayo. Mi estancia en Berkeley, en blanco. A pesar de estar en uno de los ambientes mas liberales de los USA me reafirmó en lo que todo el mundo sabe: ningún país del mundo es tan pacato e hipócrita con respecto al sexo. Una vez en casa mi intención era terminar mi tesis en los dos años lectivos obligatorios, como máximo, pero tuve la oportunidad de apuntarme casi inmediatamente a una oferta pública de empleo de técnicos de administración especial de la Generalitat Valenciana. Las pruebas se celebrarían en diciembre. Ya sabéis que quería ser funcionaria. Así que decidí posponer la tesis a ver que pasaba. Al fin y al cabo mi beca cubría 4 años y no había gastado ni uno. Tenía tiempo de sobra para todo. Me matriculé en una academia, puesto que apenas tenía tiempo material para prepararme y allí me facilitaban los temas, los tests, y tenían experiencia en el asunto. Yo todavía vivía alquilada en un pisito con una sola habitación, un tanto desvencijado, en la calle Barbastro en Valencia capital. Asistía a clases de 4 a 9 de la tarde. Me recogía mi novio y cenábamos juntos. A las doce en punto se marchaba a su casa y yo… a estudiar hasta las 8; a dormir unas horas hasta las 2 del mediodía del día siguiente; suma y sigue. Esta era la marcheta diaria, monotonía solo alterada por los fines de semana, en los que me esperaba mi chico para estar juntos hasta el domingo a mediodía, y vuelta a empezar.
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Entre sueños siento él como entra en mi, estoy seca, me duele un poco pero él quiere entrar, no puedo decirle que no, no, no puedo decirle nada, solo puedo sentir. El sol comienza a entrar por la ventana mientras siento como su sexo me penetra.
¡Se ha salido!, ¿qué esta mal?, ¿qué pasa?
Al oído, en un susurro, le escucho.
Metela en tu boca, mi amor, pero estate quieta, no te muevas.
No digo nada, simplemente obedezco, meto mi cabeza bajo las sabanas, hasta su vientre, e introduzco su polla en mi boca, todo lo que puedo, la noto chocar contra mi paladar, casi llegar hasta mi garganta, y me quedo quieta, muy quieta, como me ha pedido.
Pasan los minutos, siento como su respiración se hace cada vez mas regular, se esta quedando dormido, ¡se ha quedado dormido!, siento su sexo en el interior de mi boca, en mi interior, duro, suave, mientras el tiempo pasa.
