-Tercera parte-
- ¡Ayyy joder, que paciencia…! Dijo Carmen sonriendo mientras yo agitaba mis pechos.
Esa broma de Carmen tras ese subidón de pasión y morbo fué como un bálsamo. Las dos reíamos mientras Carmen apagaba y cerraba la pequeña cámara DV para devolverla al bolso y yo soltaba la escobilla y la dejaba en su sitio, tirando además mi sostén empapado al váter.
- Uff Carmen, qué maravilla, cómo he disfrutado… pero mira como estoy, ¡hecha un asco! ¡y sin ropa!
La verdad es que estaba hecha un poema: sólo llevaba las medias, y todo mi cuerpo estaba pringado de sudor, babas y agua sucia de la escobilla, pero lo peor era mi entrepierna: mis muslos chorreaban agua del váter y un hilo de flujo colgaba obscenamente de mi rajita.
- Anda cariño, por la ropa no te preocupes que yo te dejo la ropa de calle que tengo y ya me iré vestida de faena para casa. Y por limpiar no será, soy una profesional. Venga preciosa, ven aquí que voy a lavarte.
Fuí junto al grifo con ella obedientemente. Carmen sacó una esponja y la empapó abundantemente con agua. Comenzó a frotarme los hombros, los costados y el estómago mientras yo me dejaba encantada, sonriendo y mirándola a los ojos. Cuando siguió bajando, abrí las piernas ofeciéndole mi raja. Mientras frotaba me miraba sonriendo, sabiendo que me gustaba sentirme una putita obediente. Hizo falta que escurriese y volviese a mojar 2 veces la esponja de lo guarra que estaba. Dejó para el final mis pechos.
- Para lavarte el pecho voy a usar las manos, porque la esponja es muy basta y tienes los pezones muy hinchados.
Se empapó las manos y me masajeó los pechos, pasando sus manos una y otra vez. Por los lados, por debajo, sobre los pezones… Me sentí tan bien abandonándome a lo que Carmen qusiese hacerme que acerqué mis manos a sus pechos. Ella me apartó los brazos con un suave cachete.
- ¡Quieta, zorrita! A ver si vas a creerte que tu puedes meterme mano cuando te plazca igual que hago yo contigo. Ahora voy a parar de limpiarte las tetas porque si no tendré que volver a empezar de lo caliente que te pones, cariño. Toma, ponte la ropa de esta bolsa.
Me puse la ropa de calle que Carmen me dejaba. Eran unos pantalones feos y una blusa blanca con hombreras. No había ropa interior


