Era una noche que amenazaba con llover, sus pezones estabas duros por el frío, estaba sola, en aquella parada del bus, llevaba unos jeans ajustados, unas botas tacón alto que realzaban su enorme trasero, una camisa sin mangas blanca, odiaba utilizar brasier, aunque, con sus espectaculares y redondas tetas ¿Quién los usaría? Venteaba con fuerza y su larga melena negra azabache se alborotaba, sus ojos negros y su boca carnosa completaban una ejemplar y provocativa morena.
Era tarde, y decidió caminar, estaba oscuro y comenzó a lloviznar suavemente, lo que hacia que se notaran aun más sus pechos, ahora húmedos, vio pasar a una van negra, pero no le prestó atención, sino cuando pasó por segunda vez y se detuvo a su lado, se bajaron dos hombres blancos, altos y fornidos, ella empezó a correr, pero perdió el equilibrio por las botas que usaba, así fue como la alcanzaron. Despertó en un cuarto oscuro, solo recordaba que la habían hecho respirar un pañuelo. Cuando intentó moverse notó que estaba de pie, con los manos atadas sobre su cabeza, la boca sellada con tirro plomo, bajo la miraba, aún estaba totalmente vestida, un poco mojada y nada más, trató de soltarse y gritar, al notar que sus intentos eran en vano comenzó a llorar.
Escuchó las llaves de la puerta, entraron tres hombres y encendieron la luz, era un cuarto de tortura, con esposas, látigos y vibradores por todas partes.
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