Realmente sado: sadismo, bondage, pies fetiche, esclavas y esclavos. Torturas, zorras atadas. Lenceria erotica fetichista.

Publicado el 15 de Febrero del 2010

Aquel día de mi iniciación estaba nervioso. Mi ama mi había citado a las seis de la tarde en su estudio, un lugar recóndito ubicado en un barrio de la ciudad. Mientras recorría la calle recordaba los momentos previos que había vivido con ella. La conocí a través de una página web en donde se relacionaban amas de todo el país. Ella aún no tenía web, ni tampoco aparecían fotografías suyas, por lo que no sabía como era su rostro cuando contacté telefónicamente con ella. Inmediatamente me atrajo su voz dulce, que me sedujo por completo. Le dije que aún no estaba seguro de querer iniciarme como sumiso, pues quizás se trataba solamente de una fantasía, por lo que sólo me animó a que la escribiera correos electrónicos trasladándole mis pensamientos. Lo hice.

Ella acusó mucho interés por mi forma de escribir y también por mi interior, que sospechaba profundo. Se enganchó a mi como yo a ella y pronto se trabó entre los dos una relación muy especial que no sabría como definir. Su voz me atraía porque me inspiraba confianza y a ella le atraía mi manera de sentir el mundo y la forma de expresar ese sentimiento universal. A pesar de que era una profesional del sadomasoquismo dedicada a realizar su trabajo cobrando un estipendio, renunció a él cuando se dio cuenta de que mi sueño o mi fantasía también era suya. Me transformé en alguien tan especial como ella lo era para mí. No sabría explicar por qué, pero de lo que estoy seguro es que ninguna otra ama dominante hubiera podido tener mi piel a su disposición. Me sentía virginal y femenino. Descubrí que la entrega es un acto profundamente tierno y femenino, y supe que deseaba entregarme a ella cuando, tras ese acto de renuncia dinerario, tan honesto y generoso por parte de ella, intuí que era una relación que debería vivir. Hay un sexto sentido en mí que me dice cuándo algo deber ser vivido. Creo que no me equivoqué.

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Publicado el 14 de Febrero del 2010

Publicado el 12 de Febrero del 2010

Publicado el 11 de Febrero del 2010

Juan y yo siempre hemos sido amigos, desde el colegio. Después de 2º de Bachillerato cada uno siguió su camino, pero nosotros continuábamos nuestra relación de amistad. La verdad es que a mí siempre me gustó. Teníamos un carácter muy diferente, que para ser amigos encajaba muy bien, pero creo que jamás nos habríamos soportado como pareja. Sin embargo, la atracción mutua, con el paso del tiempo, fue más que evidente. Y pasó lo que tenía que pasar. Cuando empezamos la universidad, cada uno por su cuenta, no nos vimos tan a menudo. Un día me llamó y me invitó a cenar porque estaba solo y nos teníamos que poner al día en nuestras cosillas. No me extrañó que lo hiciera, no era la primera vez, incluso habíamos dormido los dos solos en su casa sin que nunca pasase nada entre nosotros. Después de cenar nos sentamos a ver una película, y cuando quise darme cuenta, nos estábamos besando como locos. Se levantó y me dio la mano para que me pusiera en pie.

- Vamos a la cama mejor – dijo.

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Publicado el 10 de Febrero del 2010

Publicado el 8 de Febrero del 2010

Publicado el 7 de Febrero del 2010

Esta mañana te he dejado lamer mis pies varias veces, ya deberías conocer mi sabor, ahora vas a lamernos los pies a todas, si no aciertas cuáles son los míos, recibirás un castigo

Conocí el club Afrodita por casualidad. Fue una vez, hablando con una chica argentina en un chat. Curiosamente ella conocía aquel lugar en mi propia ciudad, aquí en España, y yo jamás había oído hablar de él. Por entonces ya estaba bastante aburrido de la rutina de siempre. Salir el sábado, tomar unas copas, ligar con una desconocida y llevármela a casa. Después, con un poco de suerte, pasar la noche con ella, y con menos suerte despedirla tras un polvo. Busqué durante un tiempo una alternativa en el sexo a través de internet. Al principio resultaba excitante, novedoso; dejarse llevar por la imaginación y hacer el amor con una mujer sin siquiera conocer su cara me gustaba, o más bien me gustaba el morbo, el placer de la curiosidad que siempre inspiran las experiencias nuevas.

En realidad el sexo era siempre lo mismo para mí: primero excitarme, ya fuera en mi cama con una mujer, o a través de mensajes obscenos en el correo electrónico, o masturbándome a solas en mi casa… Después siempre acababa igual, con mi cuerpo sacudiéndose sudoroso, a la vez que mi semen salía despedido al exterior de mi cuerpo. Luego nada. Al fin y al cabo eso era el sexo. O al menos eso pensaba yo entonces.

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Publicado el 6 de Febrero del 2010

Publicado el 4 de Febrero del 2010

Publicado el 3 de Febrero del 2010

La despedida de soltera dejó a Mónica con más ganas aún de continuar con sus juegos lésbicos y masoquistas. Pasó el tiempo, logrando solamente algunas aventurillas sin mayor importancia. Lo que más había conseguido era que la amarrasen a la cama y le hicieran el amor, pero ninguna cosa como las ocurridas aquella noche, mas en una ocasión sonó el teléfono: Al responder escuchó la voz de Claudia del otro lado de la línea invitándola a conversar con ella porque tenía algo que proponerle. La sola idea de qué podría ser la hizo mojarse instantáneamente, al instante le preguntó por el lugar y momento de la cita. Su interlocutora le respondió que de inmediato, pues estaba en la puerta del edificio, agregándole que le abriese y la esperara completamente desnuda, de tal manera que se quitase la ropa mientras subía.

Terminando de hablar se desnudó lo más rápidamente posible en el mismo lugar del teléfono y una vez desnuda tomó su ropa tal como había caído y corrió hacia el dormitorio tirándola prácticamente dentro del clóset, escuchando que en ese momento tocaban, por lo que necesitó correr para abrir. Se colocó detrás de la puerta y sólo asomó la cabeza en prevención que pudiese ser otra persona. Al percatarse que efectivamente era Claudia, le franqueó la entrada.

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