Era una fría tarde de otoño, los días eran ya muy cortos, estaba muerta de frío y me quedaba un largo trecho hasta llegar a mi casa, hacía un par de días que no tenía el coche y debía desplazarme andando a todos lados.
Eran las 8, salí de la facultad, iba cargada con mis apuntes, un par de libros y llevaba un chupachup en la boca (es uno de mis grandes vicios).
Estaba agobiada porque era ya muy tarde, me moría por llegar a mi casa y en no sé que momento me decidí por cambiar de camino y adentrarme en un oscuro callejón para acortar camino.
Pasé por delante de un portal, y había varios jóvenes de mi edad, al verme pasar me silbaron, los ignoré, pero a uno de ellos no le sentó nada bien, que les ignorara.
Empezó a seguirme, empecé a caminar más deprisa, angustiada, pero el también aumentaba el paso, a cada paso, veía más lejos la salida del callejón, entonces sentí como me agarraba del pelo, esos largos y hermosos rizos y me empujaba hacia una pared. Sus amigos estaban a su lado, estaba temblando, y le rogaba que no me hiciera daño.
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