Hola: Me llamo Fidel y tengo 42 años. Aunque en mi vida no me falta de nada, pues tengo un trabajo estable y una mujer maravillosa, a ella no le agradan mis gustos sexuales, que no son otros que el hacer el papel de amo y ella el de una sumisa esclava. Así que de mutuo acuerdo, cuatro o seis veces al año, me convierto en un auténtico amo “master”, unas veces (las menos) pagando a prostitutas, y si surge la ocasión, a otras personas personas con mis mismos gustos, y que por tanto no cobran.
Precisamente, unos de estos casos es el que os voy a relatar: Para contactar con alguna de estas personas, generalmente lo hago bien a través de “Internet” o por medio de las líneas telefónicas eróticas.
Fue mediante una de éstas, por la que conocí a Carlos, un hombre de 39 años, de 1,78 de estatura, calvicie incipiente y 76 kilos, a quien le apetecía ser esclavo. He de decir que yo no soy “gay” y que a Carlos le ocurría lo mismo, lo que pasaba era que, según me explicó, le excitaba sobremanera verse sometido a otro hombre, pero me de decidí a someterlo cuando me confesó que a su mujer también le gustaba ser sometida por un hombre, que nunca lo había hecho y que quería probar.
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