Elena quiere creer que sólo va a ser una perfomance muy real, pero deberá afrontar desnuda su ejecución en la horca… e intentar sobrevivir. Éste es su relato a una íntima amiga.
(Hola a todas/todos, es mi primer relato y es prácticamente -con algún adorno- mi experiencia personal. Besos….)
Hola, Maribel.
Gracias por todo tu apoyo, sin él no hubiera podido salir adelante aquella noche del Año Nuevo. Voy a tratarte de explicar todo con detalles que aún tengo frescos en mi memoria. Considero que te lo debo: es la historia de una mujer asustada y sumisa hasta el final, pero con orgullo desafiante. Te explicaré todo lo que allí me sucedió… y lo que me deparará el futuro con toda probabilidad, al final lo leerás.
Salí de casa sobre las 11 de la noche, tras dejar a mis nenas, a mis dos soletes, en casa de mi madre. No sabes el hartón de llorar que me hice al dejarlas allí, tenía la certeza que nunca más las volvería a ver. Y es que durante toda la semana previa a la ceremonia, mi marido me hizo firmar papeles notariales, cuentas bancarias, declaraciones juradas, poderes personales, escrituras de propiedad, etc. ‘por precaución por si alguna cosa salía mal, pero que no me preocupara en exceso ni que pensara mucho en lo que estaba por venir, aunque iba a ser muy duro y penoso’
También mantuvo relaciones conmigo a diario, furiosamente, como si fuera el preludio de mi despedida y según decía ‘para satisfacerme y tranquilizarme’. Usó y llenó todos mis orificios, me masajeó de lo lindo y me dominó con fuerza y sin concesiones. Pero precisamente este uso sexual tan intensivo y placentero de mi cuerpo más todo el papeleo que te he comentado, disparó todas mis sospechas sobre lo que me podía esperar realmente.
Como vestimenta sólo llevaba encima un mini azul brillante, muy ajustado, sin ropa interior ni nada debajo, aparte de mi abrigo y unos zapatos altos de plataforma plateados. Iba como me lo habían impuesto. Tampoco llevaba joyas ni adornos, mi marido insistió en que no debía llevar ningún detalle ‘que pudiera identificarme después’. Agarraba bien las solapas del abrigo porque si se abriera, el mini apenas cubriría mi desnudez, pese a que a mi marido le excitaba la idea de mostrarme tan provocativa.
Cuando llegué a la mansión, me recibieron como a una heroína, pero yo aparte de estar blanca y asustadísima a pesar del maquillaje, estaba avergonzada porque con el mini y las plataformas parecía una prostituta (que creo que es lo que querían) y como soy tetona, debía subirme el escote continuamente. Las mujeres alabaron la sencillez y sensualidad del conjunto, y alguno de los hombres comentó sin ambages que era una excelente ‘profesional’
Y como tengo las piernas largas y musculadas por años de natación, se debía ver todo por debajo también, porque el mini iba cortito, por eso me lo regaló mi marido por Navidad: ya estaba todo preparado y pensado, estoy convencida, para preparar una atmósfera excitante y propicia y hacerme aparecer como la víctima ideal, vestida sexy y atractiva, para posteriormente verme desnuda, sometida y resignada a mi destino. Nada más sensual que el cuerpo desnudo y castigado de una sumisa…..
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