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	<title>Realmente sado</title>
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	<description>Sadismo, bondage, pies fetiche, esclavas y esclavos. Torturas, zorras atadas. Lenceria erotica fetichista.</description>
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		<title>Linda morena torturada con cera</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 14:41:01 +0000</pubDate>
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		<title>Una Asiática sumisa siendo follada a tope</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 15:21:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este próximo vídeo es para todos aquellos que se cachondean con controlar a su pareja en el sexo. Esta Asiática guapa y sumisa deja que este tío haga lo que coño quiere con ella. El la ata y la amordaza mientras la azota y luego le mete la polla tan adentro de la garganta que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este próximo vídeo es para todos aquellos que se cachondean con controlar a su pareja en el sexo. Esta Asiática guapa y sumisa deja que este tío haga lo que coño quiere con ella. El la ata y la amordaza mientras la azota y luego le mete la polla tan adentro de la garganta que la tía apenas puede respirar.<br />
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		<title>El entrenamiento de Mónica</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Mar 2010 15:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Tiempo después de asistir a la despedida de soltera, Mónica se ve anvuelta en otra aventura sadomasoquista donde es preparada para ser arrendada como esclava.
La despedida de soltera dejó a Mónica con más ganas aún de continuar con sus juegos lésbicos y masoquistas. Pasó el tiempo, logrando solamente algunas aventurillas sin mayor importancia. Lo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tiempo después de asistir a la despedida de soltera, Mónica se ve anvuelta en otra aventura sadomasoquista donde es preparada para ser arrendada como esclava.<br />
La despedida de soltera dejó a Mónica con más ganas aún de continuar con sus juegos lésbicos y masoquistas. Pasó el tiempo, logrando solamente algunas aventurillas sin mayor importancia. Lo que más había conseguido era que la amarrasen a la cama y le hicieran el amor, pero ninguna cosa como las ocurridas aquella noche, mas en una ocasión sonó el teléfono: Al responder escuchó la voz de Claudia del otro lado de la línea invitándola a conversar con ella porque tenía algo que proponerle. La sola idea de qué podría ser la hizo mojarse instantáneamente, al instante le preguntó por el lugar y momento de la cita. Su interlocutora le respondió que de inmediato, pues estaba en la puerta del edificio, agregándole que le abriese y la esperara completamente desnuda, de tal manera que se quitase la ropa mientras subía.</p>
<p><span id="more-811"></span>Terminando de hablar se desnudó lo más rápidamente posible en el mismo lugar del teléfono y una vez desnuda tomó su ropa tal como había caído y corrió hacia el dormitorio tirándola prácticamente dentro del clóset, escuchando que en ese momento tocaban, por lo que necesitó correr para abrir. Se colocó detrás de la puerta y sólo asomó la cabeza en prevención que pudiese ser otra persona. Al percatarse que efectivamente era Claudia, le franqueó la entrada.</p>
<p>Una vez en el interior, sin saludarla, la amiga la miró de pies a cabeza, con un gesto le ordenó girar y después le hizo un ademán indicándole tirarse al suelo. Mónica algo sorprendida titubeó un instante, por lo que Claudia le indicó con mayor determinación hacerle caso.</p>
<p>Habiendo obedecido la anfitriona, le acercó uno de sus pies para que se lo besara.</p>
<p>Terminada toda esa especie de ceremonia le dijo: “Eres una esclava muy lenta, por lo que te castigaré.<br />
Tráeme algo con que amarrarte y otra cosa con qué pegarte”.</p>
<p>Nuevamente la anfitriona medio se sorprendió, pero decidió seguirle el juego. Fue a su dormitorio y volvió con la cuerda con la cual la amarraban a la cama y con el cinto (cinturón) de cuero más grueso que tenía.</p>
<p>Cuando estuvo frente a su invitada, ésta le preguntó si tenía un lugar donde atarla, a lo que Mónica le respondió que en la cama, de tal manera que se dirigieron hasta el lugar indicado.</p>
<p>Una vez ahí, Claudia procedió a atarla por las muñecas, una a cada poste. Tan pronto la tuvo sujeta comenzó a azotarla en las nalgas mientras la insultaba. Terminando de pegarle la desató y le dijo que se cubriese con algo, pero que no se pusiera ropa interior para que la acompañase hasta la calle a fin de darle las últimas instrucciones..</p>
<p>La anfitriona se colocó un buzo y le preguntó si estaba bien, obteniendo una respuesta afirmativa</p>
<p>Concluida la entrevista con Claudia, Mónica regresó ansiosa a a fin de prepararse conforme a las instrucciones recibidas. Una vez en su hogar se desnudó completamente y procedió a colocarse las prendas entregadas: Primero se colocó la falda, que más parecía un pareo pues sólo traía un extensión para anudársela a la cintura. Posteriormente se calzó las sandalias y finalmente la blusa, si es que se podía llamar así, pues carecía de botones y para cerrarla debía anudársela a la altura del vientre. Antes de cerrarla, acarició sus pechos largamente aumentando así la excitación que de por sí ya tenía. Finalmente procedió a hacer el nudo y a la hora señalada salió de su casa.</p>
<p>Mientras caminaba podía apreciar como se posaban sobre ella las miradas de hombres y mujeres, así que apretó más el tranco para llegar cuanto antes al sitio indicado.</p>
<p>Una vez en el lugar comenzó a pasearse nerviosamente temiendo ser confundida por una prostituta, lo que sería lo de menos a no ser que fuese la policía, en cuyo caso su detención sería inminente, pues aparte de no poder explicar el motivo de su atuendo, tampoco tenía carné sanitario, por lo cual, además de ser acusada por “ofensas a la moral”, la acusarían de ejercer la prostitución en forma ilegal.</p>
<p>Después de unos minutos, que a ella le parecieron siglos, apareció una pareja. Acto seguido, se colocaron a ambos lados de Mónica. Inmediatamente su corazón le dio un sobresalto, pues no sabía si eran sus “raptores” u otras personas, pero se tranquilizó cuando la mujer le indicó que eran sus “secuestradores”. Casi de inmediato apareció una Combi (furgón) a la que condujeron a la ahora raptada, mientras el hombre le colocaba un capuchón al estilo de aquellas personas que conducían camino al patíbulo.</p>
<p>Cuando el vehículo se puso en marcha, le ordenaron: “Desnúdate”. Mónica comenzó a desanudarse la blusa cuando sintió que se la bajaban violentamente por la espalda asiéndola por los cabellos de la nuca mientras le decían que se tardaba mucho.</p>
<p>Cuando quedó con el torso desnudo, iba a comenzar a quitarse la falda, pero le tomaban los brazos, se los llevaban a la espalda y le colocaban unas esposas. En ese momento, la prisionera, notó como se le erguían las puntas de sus pezones a la vez que comenzaba a sentirse húmeda.</p>
<p>Ya con las manos esposadas detrás de su espalda, sintió como le quitaban el pareo, quedando sólo con el calzado por única vestimenta, mismo que con un movimiento de sus pies lo dejó de lado, pero el castigo no se dejó esperar. Sintió el chocar de una mano en contra de uno de sus muslos, por lo que presumió que estaba mal lo que había hecho, de tal manera que inmediatamente comenzó a tantear el piso para colocárselos. Sin embargo sintió nuevamente el mismo castigo en su otro muslo, en vista de lo cual detuvo la acción sin saber qué hacer y temiendo un tercer castigo optó por quedarse quieta.</p>
<p>Tras unos instantes sintió una mano de mujer que le acariciaba su vello púbico mientras que un brazo la rodeaba por la parte de atrás de su cuello hasta alcanzar con la mano uno de sus pezones, y mientras la acariciaba, le subió el capuchón que cubría su cabeza dejándole la boca al descubierto. Primero estampó un beso en sus labios y después le dijo: “Tontuela. No debes tomar determinaciones sin que se te ordene, o de lo contrario serás castigada, que no se te olvide, ¿De acuerdo?”</p>
<p>Sí, respondió Mónica con un susurro producto de la excitación que sentía.</p>
<p>Al cabo de un rato llegaron al destino. Los “raptores” le ayudaron a bajarse y la condujeron por lo que ella supuso era un pasillo.</p>
<p>Al cabo de un instante se detuvieron y escuchó que le decían a alguien: “Aquí está la esclava.”</p>
<p>Bien, dijo una voz de mujer, y dirigiéndose a Mónica le preguntó: “Antes de quitarte la capucha, te leeré las condiciones y te preguntaré si estás de acuerdo en más de una oportunidad, si estás de acuerdo te presentaremos los dos contratos: Uno para tu adiestramiento y el otro de esclava Si en algún momento decides no continuar se te devolverá tu ropa y te llevarán al lugar donde te recogieron. Debo advertirte que te estamos filmando más que nada para protección nuestra, pues si bien es cierto que toda la gente que viene es mayor de edad, lo hace en forma voluntaria y sólo para satisfacer su erotismo sadomasoquista, puede que en un momento dado aparezca alguien que quiera demandarnos por ofensas a la moral.</p>
<p>- ¿Aún deseas continuar?”<br />
- Sí, respondió Mónica.<br />
- Bien, quítenle la capucha.</p>
<p>Acto seguido, procedieron a descubrirle la cabeza.</p>
<p>Una vez con la vista descubierta, la futura esclava, a pesar de que la única luz era la que iluminaba sólo la parte de los contratos, tardó unos instantes en aclarar su visión debido al tiempo que estuvo en la oscuridad, y una vez que pudo ver bien distinguió una sala con unas siluetas aluzadas (iluminadas) por una tenue luz de una vela, al extremo opuesto donde ella estaba que parecían ser dos hombres y dos mujeres completamente desnudos encadenados por las muñecas al muro que fijaban sus ojos en ella. Casi por instinto trató de ocultar su propia desnudez dándose vuelta, ya que no podía disponer de sus manos y brazos para poder ocultarse, por tenerlos esposados a su espalda, pero en ese momento pudo percatarse que era observada por varias personas provistas de capuchas al estilo Ku-Klux-Klan, aunque no tan pronunciadas en la punta. Obviamente la prisionera se asustó, pues es por todos conocido a qué se dedica dicha secta, pero la voz de quien parecía estar a cargo la tranquilizó diciéndole que no temiera, pues dichos atuendos eran sólo para protegerse ellos, que en todo caso si aceptaba llegar hasta el final conocería a todos los ahí presentes, así que estuviese tranquila porque no corría peligro alguno, pero que si tenía la más mínima sospecha de algún riesgo no tenía más que indicarlo y en ese momento podía retirarse.</p>
<p>Mónica, tenía temor, pero más pudieron su erotismo y su curiosidad, así que, otra vez, aceptó continuar diciendo que estaba dispuesta a firmar los contratos, por lo que le abrieron las esposas del lado de la muñeca derecha para que pudiese firmar, volviendo a esposarla una ves que estuvo lista..</p>
<p>Concluido este trámite encendieron las luces ordenándole dirigirse a los otros prisioneros y hacerles cualquier cosa a uno o más de ellos. Acto seguido, primero fue hasta uno de los hombres y se inclinó para pasarle la lengua por los vellos del pecho, pues esa era una de las pocas cosas que le excitaba de los varones, provocándole la inmediata erección de su pene notando de paso que hacía esfuerzos como tratando de contenerse, por lo que decidió no seguir con él. Después se dirigió a una de las mujeres y le estampó un beso en la boca, percibiendo que sólo lo aceptaba más por obligación que por gusto pues al introducirle la lengua en su boca no recibió la misma respuesta, mas nada dijo por temor a se castigada, enseguida regresó con el primer hombre a quien, como pudo, le sacó un vello púbico para que con el dolor le disminuyera la excitación por último se dirigió a la otra mujer a quien comenzó a besar los senos notando su colaboración. Se disponía a continuar con ella cuando escuchó que le ordenaban detenerse con un enérgico “basta”. Ante esta orden quedó rígida esperando instrucciones pues recordaba lo ocurrido en el vehículo. Transcurridos unos segundos oyó le ordenaron: “Lámele los testículos al esclavo que falta”.</p>
<p>No le gustaba mucho la idea, pero decidió obedecer, pues suponía que de esa prueba dependería su futuro como esclava. Al estar frente a los testículos del esclavo en cuestión, notó una argolla en el nacimiento del escroto e instantes después de estar ejecutando la orden notó como los testículos comenzaban a subir y el pene a erectarse provocando dolor al esclavo, cayendo en cuenta en ese momento el motivo de la reacción del prisionero anterior, a raíz de lo cual decidió suspender lo que estaba haciendo, a sabiendas de que seguramente sería castigada, pero prefería eso antes que causar sufrimiento a otra persona.</p>
<p>Eres una esclava rebelde, sentenció una voz. Pero por ser la primera vez sólo te sentencio a diez azotes en las nalgas, sin embargo otra persona dijo: “¿No crees que sería mejor cinco azotes dados por una persona vendada y a la estúpida que la aten a un caballete?</p>
<p>Como la propuesta cosechara aplausos inmediatos se ordenó traer un caballete acondicionado especialmente para colocar a la persona sobre su guata (estómago) de tal manera que se le podían atar sin problemas los pies a cada una de las patas y del otro lado hacer lo mismo con las manos y así lo harían con Mónica. La mujer que llevó el caballete estaba completamente desnuda, primero le aseguró con unas correas las piernas a la altura de los tobillos y cuando esperaba que hiciera algo parecido con sus brazos mientras trataba de mantener el equilibrio, la mujer que la había atado se colocó a la espalda de la prisionera tomándola por los senos. Apareciendo al poco rato una mujer musculosa acompañada de dos hombres igualmente musculosos, que se notaba que todos se dedicaban al físicoculturismo. La segunda mujer iba ataviada solamente con un cinto de cuero negro del que colgaban una fusta y un látigo de varias correas (gato), mientras que los hombres iban completamente desnudos, la vista vendada, las manos a la espalda, sus penes completamente erectos y conducidos por la mujer jalándolos de sus respectivos vellos miembros. La futura castigada que era sujetada para que no perdiese el equilibrio, observaba a quien imaginó que sería su castigadora y a los dos hombres con una mezcla de asombro y erotismo imaginando cómo sería que la obligaran a viva fuerza hacer el amor con los dos.</p>
<p>Cuando la recién llegada estuvo a su alcance le dijo: “Yo seré quien te castigue, pero para que veas que soy buena te daré a elegir el instrumento con el cual recibirás tu merecido. Acto seguido se acercó y le mostró los dos instrumentos. Mónica los miró y le preguntó a su interlocutora lo más sumisamente posible: “Te ruego disculpar mi atrevimiento por dirigirte la palabra sin ser autorizada, pero ¿Me permites hacerte una pregunta antes de decidir?”</p>
<p>Antes de decirle algo, la castigadora se dirigió a los presentes e hincándose y agachando la cabeza les dijo: “La esclava pide autorización para hacer una pregunta”.</p>
<p>Que la haga, dijo la que parecía se la jefa del grupo, pero recibirá tres azotes más por su osadía y tú cinco azotes por cada uno que no caiga en el cuerpo de la estúpida y ésa dos adicionales por cada uno que no le caiga en su cuerpo. Posteriormente, dirigiéndose a la prisionera le dijo: “Ya escuchaste la conversación. ¿Estás dispuesta a seguir? Sí, dijo la esclava. Tras lo cual, la jefa hizo una seña a la verdugo. La mujer que la sujetaba se colocó frente a la prisionera ordenándole en voz baja inclinarse hacia delante cuando le tomara los senos nuevamente. Tan pronto le puso las manos en los senos, la aprendiza comenzó a inclinarse poco a poco hasta quedar completamente arqueada. Estando en esa postura uno de los hombres le soltó las esposa, primero de un bazo, para que de inmediato el otro procediera a ajustárselo con correas al caballete y luego repetir la misma operación con el otro brazo Una vez que hubieron tomado las nuevas posiciones, la segunda mujer descargó la fusta sobre las nalgas de la prisionera, acto seguido, la jefa le preguntó si deseaba continuar, recibiendo un sí por respuesta, a lo cual le preguntó: “Sí qué”, a la vez que le descargaban otro golpe igual.</p>
<p>-Sí señora, dijo la esclava, sintiendo un tercer golpe.<br />
-Sí qué, repitió la jefa.<br />
-Sí mi ama, respondió la prisionera sintiendo un cuarto golpe.<br />
-Sí mi ama y señora corrigió la jefa, tras lo cual Mónica recibió tres golpes más y luego agregó la jefa: “Además debes agradecer cada golpe, porque se te está corrigiendo. ¿Continúas?”<br />
-Si mi ama y señora.<br />
-Bien, ¿Cuál es la pregunta?, dijo.<br />
-¿Cuál de los dos instrumentos duele más?<br />
-¿Para qué quieres saber?<br />
-Para ser castigada con mayor dolor, por estúpida.<br />
-Veo que aprendes rápido. -Dale un golpe en cada pierna con cada uno de los instrumentos, ordenó a la mujer que la azotaría.</p>
<p>Acto seguido, la verdugo descargó nuevamente la fusta, esta vez en el muslo derecho, y de inmediato el segundo con el látigo en el izquierdo.</p>
<p>Mónica sabía de antemano que el látigo era más doloroso, pero quería recibir más castigo y lo logró.</p>
<p>- ¿Y bien?, preguntó la jefa<br />
- Mi ama y señora, si Ud. no decide otra cosa, elijo el látigo.<br />
- Así se hará, dijo la jefa, y ordenó: “Desátenla un momento para que se enderece Tú, ponte delante de la estúpida para que vea como te tapan la vista y después que bese el látigo que se ponga en la misma posición para amarrarla nuevamente.</p>
<p>Sin decir palabra, la mujer se dirigió a los hombres quitándoles primero la venda de la vista y luego desatándolos, colgando las vendas en su cinto y conservando las cuerdas en sus manos. A todo esto Mónica se sentía empapada y no tenía en cuenta los orgasmos habidos, pues la mujer puede llegar al orgasmo sólo con el pensamiento y sin necesidad de tocarse, a diferencia del hombre que necesariamente el pene debe tener algún tipo de frotación para llegar al orgasmo.</p>
<p>Tan pronto terminó de hablar la jefa, la verdugo entregó las cuerdas a los hombres y dirigiéndose a la futura castigada le preguntó si quería que le taparan la vista a lo que la esclava respondió de manera negativa.</p>
<p>Una vez recibida la respuesta la mujer se puso de rodillas frente a la jefa y luego se inclinó a besarle los pies a la vez que colocaba sus manos entrelazadas detrás de la espalda. Al cabo de un instante, la jefa ordenó a los hombres: “Procedan”.</p>
<p>Ambos hombres se acercaron. Uno la tomó por el cabello haciéndola hincarse nuevamente y cuando la tuvo en esa posición, le sujetó los brazos, mientras el otro procedía a taparle la vista.</p>
<p>Una vez que estuvo completamente vendada, la tomaron de la punta de los pezones y la hicieron levantarse, y sin soltarla, la condujeron hasta la espalda de Mónica. Le tomaron los dos instrumentos y el que tenía el látigo se colocó delante de la prisionera ofreciéndoselo para que lo besara, cosa que la prisionera hacía mientras se lo iba deslizando.</p>
<p>Terminada la ceremonia, ambos hombres y la mujer se retiraron para que todos, incluso los prisioneros que estaban en la pared, vieran el “espectáculo”.</p>
<p>Para que la verdugo comenzara su actividad, la jefa le asestó un golpe en los muslos con la fusta.</p>
<p>Ante esa señal, la verdugo comenzó a descargar uno a uno los ocho golpes cayendo seis de éstos en la espalda, nalgas y piernas de la prisionera y perdiéndose otros dos, ante la algarabía de los asistentes porque presenciarían una prolongación del castigo.</p>
<p>Terminada su faena, la verdugo bajó los brazos y esperó instrucciones.</p>
<p>De inmediato la jefa ordenó que llevaran el “arco” que consistía en una especie de umbral con una base que se atornillaba al suelo.</p>
<p>Mónica pensó que pondrían primero a la verdugo y después y después de castigarla le tocaría el turno a ella, pues a ésta la llevaron hasta dejarla justo debajo del travesaño, sin embargo cual fue su sorpresa cuando se acercaron hasta donde la tenían todavía atada y la comenzaron a desamarrar.</p>
<p>Lo primero que imaginó fue que la llevarían hasta el muro y la colocarían junto a los otros cuatro, pero continuó su equivocación. Una vez suelta, la hicieron erguirse y le vendaron la vista. e inmediatamente después la jefa le preguntó si deseaba continuar, advirtiéndole que ésta sería la penúltima vez que le preguntaría.</p>
<p>Lógicamente la respuesta de la futura esclava no se dejó esperar y dejó escapar un ansioso sí, cayendo en cuenta de inmediato de su error, mismo que trató de enmendar al momento agregando un sí mi ama y señora, mas ya era tarde porque la jefa ya estaba sentenciando cinco azotes más por desobediente, pero lejos de ser un castigo para ella se constituía en un premio, pues quería asumir el papel de esclava.</p>
<p>Pasado este incidente hizo señas a los dos hombres que habían acompañado a la verdugo y a la mujer que la asistió primero para que la condujeran al arco. Cada uno de los hombres la tomó de la punta de uno de sus pezones y la mujer la cogió por el vello púbico. Después de un par de vueltas que sirvieron para desorientarla y un poco desilusionarla, pues pensó que ya no le harían nada más, sintió como le colocaban correas en sendas muñecas y de inmediato le levantaban sus brazos, pero no sólo eso, al poco rato sintió unos senos desnudos que se aplastaban con los de ella y el vaho de una respiración junto a su cara. Claudia, en ese momento creyó que se desmayaría de tan excitada que estaba, sin embargo aún faltaba la sorpresa mayor: Una vez que tuvo sus brazos completamente sujetos al travesaño, sintió domo pasaban una cuerda por su espalda, a la altura de la cintura y al ajustarla sintió el vientre desnudo de la otra mujer produciéndole de inmediato un orgasmo y haciendo todo lo posible por juntar su vello púbico con el de la otra mujer, siendo sorprendida por uno de los hombres que con señas se lo hizo saber a la jefa que sentenció un total de quince azotes para cada una y les amarraran las piernas a la altura de los muslos, así no tendrían posibilidades de refregarse.</p>
<p>Una vez que estuvieron así, la jefa les ordenó frotarse una a la otra, pero por más esfuerzos que hacían no lo podían lograr debido a la inmovilidad de sus piernas y tronco, mientras los asistentes se burlaban ruidosamente de ambas gritándoles toda clase de insultos.</p>
<p>Al cabo de un rato, a una seña de la jefa se produjo el silencio y comenzó el castigo que los asistentes contaban a coro y las prisioneras agradecían una después de la otra.</p>
<p>Terminada la sesión de castigo, procedieron a soltarlas y tal como Mónica suponía y esperaba, la mujer con la cual la castigaron no era otra que aquella que castigó a ella. Sólo la miró de reojo y bajó la vista, como suponía debía estar una esclava.</p>
<p>Lentamente se acercó la jefa y le dijo: “Hasta aquí has probado ser una buena esclava. Si deseas continuar debes firmar el contrato definitivo. Ahí están estipulados tus deberes y derechos. Tus únicos derechos es que podrás retirarte en el momento que estimes conveniente, tampoco te podrán ocasionar daño físico, colocarte marcas permanentes aunque tú se lo solicites, ni raparte la caballera sin tu consentimiento. En cuanto a tus deberes, se te asignará una capataz porque tienes tendencia lésbica. Ella podrá disponer de ti como mejor le parezca con las únicas limitaciones ya estipuladas. Fuera de eso te podrá castigar en la forma que estime conveniente por cualquier falta que cometas, e incluso por simple capricho. Todo lo que te ordene debes hacerlo, en ningún momento puedes sentirte humillada porque los esclavos no tienen dignidad. Son menos que un objeto. Como eres la más nueva, cualquier capataz o esclavo te podrán dar órdenes que también debes obedecer de inmediato. La única cosa que sólo tu capataz puede hacer es prestarte, arrendarte o traspasarte, y tú no te podrás rehusar, te guste o no. Comerás en el suelo, donde tu capataz decida y dormirás en una jaula esposada con las manos a la espalda para evitar que te masturbes. Tu aseo será también en el momento que tu capataz decida y en la forma que ella estime conveniente. Siempre andarás desnuda, salvo que se te indique otra cosa. ¿Alguna duda?, puedes responder sin temor, todavía como persona libre.”</p>
<p>- No, ninguna de momento, pero si tuviese alguna: ¿Es posible preguntarla más adelante?”, respondió y consultó Mónica.<br />
- Sólo tienes que hacerla con el debido respeto, pero eso no te garantizará que se te de una respuesta o te libre del castigo por hablar sin permiso.<br />
- ¿Aceptas?<br />
- Sí, mi ama y señora, respondió la futura esclava.<br />
- Bien. Léelo en voz alta para que se pueda apreciar en la filmación y cuando termines debes indicar en voz alta si rechazas o aceptas para posteriormente firmarlo.</p>
<p>Una vez que le pasaron el papel, Mónica comenzó a leerlo en voz alta. Comenzaba con su nombre completo, fecha de nacimiento y cédula de identidad. Indicaba lo mismo que se le había advertido. Terminado de leerlo dijo con voz firme: “Acepto”, bajó el papel y estampó su firma.</p>
<p>Terminado este trámite, la jefa le indicó que en adelante su nombre sería “Perra Sarnosa” y la capataz “Perra Rabiosa” y que era nada menos que la mujer que la había castigado.</p>
<p>La alegría de Perra Sarnosa fue tal que se dejó caer a los pies de Perra Rabiosa y se los comenzó a besar apasionadamente.</p>
<p>La capataz después de mirar a la jefa y obtener el permiso de ésta, sin inmutarse se limitó a decirle que la siguiera mientras comenzaba a caminar. La esclava se irguió y caminó detrás suyo.</p>
<p>Al rato entraron en una habitación donde había una fuente llena de lodo, más allá una jaula bastante especial en lo alto y una estufa (calentador) bajo la misma, además de unos grillos en la pared y una serie de sillas.</p>
<p>La capataz le informó que primero la llevaría a la habitación donde había estado, junto con los otros cuatro prisioneros y posteriormente la castigaría ahí por hacer cosas sin permiso.</p>
<p>Dicho lo anterior, sin decir palabra se dirigió a otra habitación de donde obtuvo un atuendo igual al de los espectadores que Perra Sarnosa viera cuando le destaparon la vista. Una vez con el atuendo en la mano, se lo alargó a la esclava indicándole que la ayudase a vestirse.</p>
<p>Cuando se lo hubo colocado, la capataz introdujo la mano a un bolsillo de donde extrajo un collar de perro con una cadena bastante particular, pues remataba en unas cuerdas y a la altura del pecho dos pinzas. De inmediato le ordenó colocarse el collar con la cadena para adelante, cosa que la esclava obedeció de inmediato. Cuando lo tuvo colocado, le ordenó ajustar una pinza en cada pezón. Como Perra Sarnosa dudara un instante, le soltó de inmediato una cachetada en la cara a la vez que le decía “obedece”. A Perra Sarnosa le brotaron lágrimas inmediatamente, pero decidió hacer caso, pues para eso era esclava y estaba dispuesta a llevar su papel adelante. Cogió una de las pinzas y la colocó en uno de sus pezones acusando de inmediato el dolor por no estar acostumbrada a una cosa así Anticipándose a lo que le esperaba, pero decidida tomó la otra pinza y la colocó en su otro pezón acusando más dolor.</p>
<p>Hecho lo anterior, la capataz le ordenó pasar la cadena por su entrepierna y esposar sus muñecas en la espalda, cosa que también hizo en forma decidida comprobando que le quedaba bastante tirante y no podía evitar de se le introdujese en la vagina tirándole además los pezones hacia abajo y aumentando su dolor. Pero no importaba, mientras más dolor sentía, más feliz era. Emprendieron la marcha hasta llegar al primer lugar donde ella había estado. Una vez dentro, la capataz la paseó frente a los espectadores y la ubicó donde estaban los otros cuatro prisioneros, que si bien era cierto continuaban siendo dos hombres y dos mujeres, ya no eran los mismos, además tenían atuendos de cadenas iguales a los de ella, sólo que en el caso de los hombres las pinzas estaban asidas a sus escrotos (bolsa de piel que resguarda a los testículos), lo cual les provocaba bastante dolor. Colocada junto al cuarteto, no alcanzó a transcurrir mucho tiempo en que apareciera otro hombre en la misma condición de los otros cinco que fue colocado junto a Perra Sarnosa. Acto seguido llegó una pareja de esclavos con sendas mangueras con las que les comenzaron a tirar agua. Los seis encadenados no sabían si quedarse en esa posición o tratar de esquivar los chorros que mojaban sus cuerpos con agua fría, hasta que la jefa les ordenó comenzar a girar para poder mojarlos bien. La operación no demoró más de unos tres minutos, pero a ellos les pareció una eternidad.</p>
<p>Terminado este procedimiento apareció una esclava con una toalla para cada uno y se las fue aventando (tirando) al cuerpo de cada esclavo mientras les decía “cógela”, cosa que lógicamente ninguno pudo hacer por tener las manos esposadas a la espalda. De inmediato se acercaron el y la capataz de cada quien que les comenzaron a insultar y esputar (escupir) en el rostro. Perra Sarnosa se sentía humillada en su fuero interno, pero recordaba bien la advertencia de que no podía sentirse así pues los esclavos eran menos que un objeto, además no podían tener dignidad y su obligación era aceptar prácticamente todo, aparte el reclamar significaría que ya no quería seguir y por lo tanto perder la oportunidad de sentirse una esclava verdadera, cosa que no estaba dispuesta.</p>
<p>Después de varios insultos y escupos, una de las capataces les ordenó recoger las toallas con la boca y secarse unos a otros. Cada quien se hincó y levantó como pudo y comenzó a secar a la esclava o esclavo que tuvo más cerca con toda la dificultad que ello implicaba debido a disponer de su boca solamente.</p>
<p>Al cabo de bastante rato recibieron azotes por parte de cada capataz para que fuesen más eficientes en su labor y burlas de los asistentes, les ordenaron entregar las toallas a la esclava que se las había llevado, los hicieron colocarse uno detrás de otro en una fila intercalando primero una mujer y luego un hombre, al poco rato, cada capataz le soltó las manos a su esclava o esclavo, pero sólo para atárselas entre las muñecas cruzando ambos brazos. Concluida esta operación, con otras tres sogas le dieron dos vueltas simples de arriba hacia debajo del cruce de las muñecas para luego asirle los extremos al cuerpo del esclavo o esclava que se encontrase atrás. Una de las sogas se la ataban a la cintura y las otras dos, cada una a una pierna, de tal manera que era imposible no tocarle los genitales a quien estuviese atrás, provocando la excitación tanto de quien tocaba como de quien era tocado, excepto en el caso de Perra Sarnosa, que por su inclinación lésbica, no le hacía ninguna gracia tocar a un hombre, o bien que un hombre la tocase a ella.</p>
<p>Cuando la jefa comenzó a revisar de que todos estuviesen excitados, se dio cuenta le inquirió la razón de ello, a lo que la esclava le respondió: “Mi ama y señora, no sé si te hayan informado que soy lesbiana y por más esfuerzos que he hecho para tratar de excitarme no lo he logrado. Por favor disponed de mí como mejor te parezca y como sirva que soy”. Ante estas palabras, la capataz mayor se dirigió a la cuidadora de Perra Sarnosa y le preguntó la razón de haber hecho tal cosa, a lo que ésta no le supo responder, por lo tanto la jefa ordenó deshacer el grupo y traer otras dos esclavas más. Tan pronto llegaron las otras dos mujeres, se hincaron y se apresuraron a besarle los pies a la capataz mayor para luego quedarse postradas esperando órdenes. La jefa ordenó a una de las esclavas colocarse en el lugar de Perra Sarnosa, a la esclava que encabezaba la fila colocarla hasta el final, a la otra esclava pasar hasta la punta, a Perra Sarnosa que quedase delante de ella y a su cuidadora delante de ésta. La esclava recién llegada no lograba entender por qué motivo la capataz principal no se dio la molestia de verificar si las otras mujeres se excitarían con ella o con uno de los hombres, pero lo que ignoraba era que quienes debían cumplir su orden de traer a las otras esclavas, tenían que saber la inclinación sexual de estas últimas.</p>
<p>Una vez que la fila se formó nuevamente, las esclavas fueron atadas igual como estaba el resto y posteriormente amarradas unas a otras y otros conforme se había hecho al principio. Tan pronto como Perra Sarnosa sintió que sus manos rozaban a la esclava ubicada detrás suyo y las manos de su capataz rozando su vagina y vello púbico, no pudo evitar estremecerse con un gran orgasmo, cosa que fue apreciada principalmente por su capataz, quien intencionalmente la comenzó a acariciar más y más llevando a Perra Sarnosa a tal grado de excitación que comenzó a jadear visiblemente, cosa que pudo comprobar con gran satisfacción la jefa de los capataces, ordenando en ese momento iniciar la marcha.</p>
<p>Así fueron desfilando, no sin cierta dificultad, ante los asistentes, y, aunque tenían prohibido mirarlos, Perra Sarnosa los observó de reojos comprobando que varios se llevaban sus manos a los genitales para medio masturbarse. Les hicieron pasar varias veces ante los asistentes y luego les hicieron ir a una habitación contigua. Una vez que todos estuvieron en ese lugar comenzaron a soltarlos, pero sólo para asirlos a una especie de cepo donde al cerrarse les dejaba aprisionado los brazos por las muñecas a la altura de los hombros, permitiéndoles además una escasa movilidad de la cabeza.</p>
<p>Tan pronto estuvieron todos así fueron llevados hasta unas cadenas que colgaban del techo formando un semi círculo, de donde sujetaron uno a uno los cepos. Terminado lo anterior procedieron a colocarles una barra que les separaba los pies a fin de que no los pudiesen juntar.</p>
<p>Cuando todos estuvieron listos, la capataz mayor les anunció que en un momento más serían subastados, que si alguien no quería continuar el juego podía pedir su baja de inmediato. Como nadie dijese algo, les informó que los asistentes pasarían en un momento más a revisarlos, que los tocarían por todas partes y les harían lo que quisieran y ellos no tendrían derecho ni siquiera a quejarse. Ahorita les vendarían los ojos para que no pudiesen ver a quien los examinaba, pero antes pasarían los esclavos desobedientes que serían castigados. Dicho lo anterior, a una señal de la jefa comenzaron a entrar uno a uno los llamados esclavos rebeldes, que venían sujetos en la misma forma que ellos. A estos últimos los colocaron frente a los esclavos nuevos, pero de tal modo que las dos filas quedaran frente a las graderías. Una vez que estuvieron listos los recién entrados, levantaron del suelo dos arcos colocando después parejas de hombres, de mujeres o mixtas de tal manera que ambos se pudiesen ver a los ojos, en seguida aseguraron el yugo de cada uno con gruesas cadenas al travesaño de ambos arcos, después les fijaron los pies a unas varillas que terminaban en una especie de amortiguadores y por último les conectaron unos terminales, como de aquellos que se ocupan para hacer electros, a los genitales de cada quien. Perra Sarnosa supuso de inmediato el motivo de las terminales, pero lo que le intrigaba era la otra conexión, lo cual averiguaría en muy poco rato. Concluido esto último hicieron pasar a los compradores que se ubicaron en las graderías, y una vez instalados la jefa tomó una picana eléctrica y de la fue aplicando a los genitales de solamente uno de los miembros de una pareja, que reaccionó de inmediato encogiendo los pies provocando con tal reacción que las varillas puestas en las piernas permitiesen que se succionara el “amortiguador” enviando de inmediato un toque eléctrico a los genitales de la pareja que también encogía las piernas provocando el siguiente choque eléctrico a quien se lo había enviado sacándole verdaderos aullidos de dolor a quien los recibía, siendo celebrado por vítores y aplausos de los asistentes. Tranquilizada la pareja continuó con la siguiente y así sucesivamente hasta llegar a la última. Concluido todo, los invitados, todos con máscaras que les cubrían completamente la cabeza y sólo dejaban al descubierto la nariz, boca y orejas, comenzaron a despojarse de sus túnicas, quedando con el resto de sus cuerpos completamente desnudos, mientras los y las capataces procedieron a colocándole a cada quien un collar con un color determinado.</p>
<p>A la gente heterosexual, negro, a la bisexual amarillo y a la homosexual rosa..</p>
<p>Tan pronto terminaron de colocarles los distintivos, los invitados comenzaron a examinarlos tocando a los prisioneros en sus partes más eróticas, otros frotaban sus cuerpos con los de l@s esclav@s , lo que les hacía excitarse más de lo que ya estaban.</p>
<p>Perra Sarnosa tuvo varios orgasmos y no faltó la que le dio de nalgadas por estar mojada con lo que aumentaba su excitación.</p>
<p>Una vez que los futuros compradores terminaron de probar la mercancía, procedieron a vendarles los ojos para que no supiesen quien los adquiría ni dónde les conducirían.</p>
<p>Con la vista cubierta se exacerbaron más los sentidos de Perra Sarnosa, por lo que decidió primero ser obediente y luego rebelde con quien la comprara.</p>
<p>Perra Sarnosa trataba de escuchar y adivinar qué ocurría a su alrededor, pero no podía distinguir de qué se trataban los ruidos que alcanzaba a oír, pues todo se desarrollaba en silencio. Quien compraba, sólo se limitaba a señalar a la o las esclavas o esclavos que quería y el o la capataz procedía a entregar la mercancía lista.</p>
<p>Estaba en sus cavilaciones cuando sintió que le quitaban el cepo. Tan pronto como tuvo los brazos libres, se empezó a sobar las muñecas, sintiendo en ese momento una bofetada en la cara con la mano abierta, tan fuerte, que le sacó lágrimas, pero sólo apretó los dientes para aguantar. Acto seguido, sintió que le tomaban violentamente los brazos entre dos personas, mientras una tercera procedía a esposarle los brazos a su espalda.</p>
<p>Una vez esposada, sintió que le quitaban el distintivo del cuello para luego colocarle un collar.</p>
<p>Inmediatamente de colocado, sintió que le enganchaban algo en éste, para luego asirle los pezones y el vello púbico con sendas pinzas.</p>
<p>Concluido lo anterior sintió que le liberaban los pies y que de inmediato la comenzaban a jalar (tirar) para que caminara, cosa que ella obedeció de inmediato con la esperanza de que la integraran a un harem. Pero no fue así. Luego de caminar bastante la hicieron detenerse. Sintió que le tomaban una pierna por el tobillo y se percató que le colocaban el pie en un escalón. Al darse cuenta comenzó a subir hasta que le ordenaron detenerse, luego que le colocaban nuevamente unos grillos. Acto seguido la tomaron por las axilas y los pies para depositarla en lo que ella supuso un recipiente con alguna sustancia que no supo identificar. Cuando que le sumieron bruscamente la cabeza no pudo evitar probar la sustancia. Era lodo.</p>
<p>Al cabo de un instante la sacaron, pero una de las esclavas que la había sumido se quejó que Perra Sarnosa la había ensuciado, por lo tanto la sentencia fue inmediata: 10 azotes por ensuciar a otra esclava. De inmediato la otra sierva se quejó que a ella también la había ensuciado y que aparte estaba ensuciando el piso, de tal manera que la sentencia final fue 10 azotes por la primera esclava; 15 por la segunda y 25 más por ensuciar el suelo.</p>
<p>La prisionera, a pesar de que se había hecho el propósito de aceptar sumisamente todo, pudo más el inconsciente y cometió el error de tratar de defenderse diciendo que era imposible que ella hiciera una cosa así porque ni siquiera podía moverse.</p>
<p>Craso error, porque la capataz mayor le replicó de inmediato recordándole que no podía hablar sin permiso y que si les esclavas decían que las había ensuciado a ellas y aparte el suelo es porque sí era, de tal manera que le sería proporcionado un castigo ejemplar: Se le doblaría la cantidad de azotes iniciales, se le aplicaría corriente tanto en la vagina como en los pezones, durante tres días llevará un dildo en la vagina y una bola china en el ano que solamente se los quitará para sus necesidades fisiológicas y el tiempo que no los tenga colocados se le multiplicará por cinco agradándosele al final del castigo. Por lo pronto será llevada al calentador para secarle el lodo. Acto seguido, fue llevada a una especie de altillo donde le ataron las piernas abiertas y los brazos en alto para luego encender el calefactor que de inmediato comenzó a radiar un intenso calor secándole rápidamente el lodo comenzando, Perra Sarnosa, a sentir de inmediato una gran picazón en todo el cuerpo, pero decidió guardar silencio para asumir mejor su papel de esclava sabiendo que le esperaban tres días de humillaciones y castigos que no esperaba. Más adelante vería la forma de seguir disfrutando su esclavitud si es que el destino no le deparaba otra sorpresa como la recibida.</p>
<p>Espero nuevas ideas y/o comentarios para saber si continúo o no con esta historia. Especialmente mujeres por mi condición sexual, aunque si algún varón me escribe también se lo agradeceré</p>
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		<title>Tortura de pezon y vagina a una morena</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Mar 2010 14:39:21 +0000</pubDate>
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		<title>Tortolitos sado disfrutan del dolor</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 15:21:30 +0000</pubDate>
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		<title>Despedida de soltera</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Mar 2010 15:02:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mónica siempre tuvo inclinaciones masoquistas y sin proponérselo, también lésbicas.
La ocasión de cumplir su fantasía y darse cuenta de su inclinación lésbica se dieron en una forma totalmente inesperada.
Autora: Hada Tímida
DESPEDIDA DE SOLTERA
Primera parte:
La invitación
Personajes
Protagonista: Mónica, esclava.
Dueña de casa: Norma.
Novia: Claudia.
Otra amiga: Eugenia.
Amiga negativa Verónica
Todo comenzó como ensoñación. Siempre imaginaba ser metida en una jaula [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mónica siempre tuvo inclinaciones masoquistas y sin proponérselo, también lésbicas.<br />
La ocasión de cumplir su fantasía y darse cuenta de su inclinación lésbica se dieron en una forma totalmente inesperada.<br />
Autora: Hada Tímida<br />
DESPEDIDA DE SOLTERA</p>
<p>Primera parte:<br />
La invitación</p>
<p>Personajes<br />
Protagonista: Mónica, esclava.<br />
Dueña de casa: Norma.<br />
Novia: Claudia.<br />
Otra amiga: Eugenia.<br />
Amiga negativa Verónica</p>
<p>Todo comenzó como ensoñación. Siempre imaginaba ser metida en una jaula a la vista de todos. Otras veces imaginaba ser metida en esa misma jaula y colgada en un gancho junto a un palo que introducían por entre los barrotes para ser punzada.</p>
<p>Ya en la adolescencia y con pleno conocimiento de las cosas, las ensoñaciones fueron en aumento y acompañadas de masturbaciones imaginando ser prisionera, colgada en esa jaula, pero ahora completamente desnuda y con las manos esposadas en la espalda de tal manera que quedaba expuesta a quien quisiera mirar, sin ninguna posibilidad de ocultar sus partes íntimas, pues donde quiera que volteara, siempre había gente mirando y burlándose, además, si insistía mucho en tratar de ocultar el cuerpo, era &#8220;regada&#8221; con una manguera que siempre estaba dispuesta para quien la quisiera usar, y pobre de que se mojara algún espectador, porque, en ese caso, era punzada con el palo, pues se le culpaba de lo ocurrido por no permitir ser mirada como a la gente le gustaba.</p>
<p>Era el tema favorito para las masturbaciones de Mónica, que a esa altura eran casi diarias, y que la acompañaron hasta su juventud, cosa que más que nada por pudor no se atrevía a comentárselo a los novios (enamorados, pololos). Aparte con ninguno sentía la suficiente confianza ni excitación como para sostener relaciones sexuales y menos aún que casi siempre sus agresoras imaginarias eran mujeres. Rara vez incluía hombres en sus fantasías.</p>
<p>La oportunidad de concretizarlos se le presentó de manera inesperada y cuando menos lo imaginaba: Cierta vez, fue invitada a la despedida de soltera de una conocida de la universidad, lo cual le pareció bien y que nada tenía de malo. Sólo le llamó la atención un poco que le dijeran que sería al estilo del país de la casadera, preguntándole si tenía alguna tranca con respecto a la moralidad, a lo cual respondió que su criterio era bastante amplio y ya estaba lo suficientemente grandecita y madura como para asustarse de las cosas, a pesar de ser todavía virgen, agregando, a modo de broma: &#8220;Imagino que no me violarán, ¿No es así?&#8221; La amiga se limitó a responderle con otra pregunta y una sonrisa: ¿Y si así fuera, te opondrías? Para nada, respondió Mónica, también riendo, sería la aventura que me estaría haciendo falta, además, a mi edad ya estaría bien bueno perder la virginidad. Es una vergüenza seguir así, ¿No crees?</p>
<p><span id="more-814"></span>- Bueno, si tú lo dices&#8230; -respondió Norma- Te vendemos como esclava para obtener algún dividendo.</p>
<p>- No sigas, que me estás entusiasmando con la idea&#8230;</p>
<p>- Vaya, no te conocía esa faceta.</p>
<p>- ¿Cuál?<br />
- Masoquista y caliente.</p>
<p>- La verdad es que ni yo misma me reconozco con esta conversación.</p>
<p>- Bueno, nos vemos en mi casa el viernes.</p>
<p>- Ok. Nos vemos, adiós.</p>
<p>- Hasta el viernes, no lo olvides.</p>
<p>- ¿Olvidarlo? Estaré contando los segundos. Adiós.</p>
<p>Pasaron los días y finalmente llegó el tan anhelado viernes. Una a una fueron apareciendo las amigas de la festejada en casa de Norma. Lógicamente comenzaron las bromas de doble sentido y las preguntas indiscretas transcurriendo la velada entre la botana (cosas para picar como papitas, maní [cacahuate] salado, etc.), hasta que alguien dijo que había que quitarse la ropa para representar el matrimonio. A Mónica le pareció medio extraño e incluso pensó que sería una broma para ella, pero estuvo dispuesta a hacerlo en cuanto viera que las demás comenzaran a desnudarse; sin embargo Norma sugirió que mejor sortearan quien haría el papel de marido mártir mediante un juego de cartas, específicamente el 21 ó Back Jack donde las apuestas serían las prendas de vestir, mismas que se recuperarían al final del juego, y para no hacerlo tan largo, la primera que quedase desnuda tendría una última opción con la que apostaría su libertad. Si la perdía la atarían a una argolla empotrada en el techo, las demás se irían retirando del juego a medida que perdieran todas sus prendas, pero no apostarían su libertad y la que quedara con más ropa sería la ganadora.</p>
<p>La futura desposada se opuso en un principio porque dijo que la fiesta era para ella y no sería justo estar prisionera, siendo que a ella le correspondía maltratar al marido mártir, mas otra de las invitadas dijo que tampoco sería justo que sólo gozara la futura novia y nadie más, entonces una tercera propuso que la ganadora compartiera a la prisionera con la festejada, pero que la gozara primero la que le ganara a Claudia, la novia. Finalmente hubo una cuarta posición aceptada por todas: Claudia, según estimara a última hora ella misma y sin consultarle a las demás, decidiría si sería ella u otra quien gozara primero &#8220;amansando&#8221; al marido mártir y que además lo arrendara a cada una según la oferta, comenzando por el monto más alto y terminando por el más bajo.</p>
<p>Cada quien pondría en un papel la cantidad de dinero que le ofrecería a Claudia, antes de comenzar el juego, para evitar suspicacias. La cantidad reunida quedaría para la futura esposa.</p>
<p>Estaban listas para comenzar y otra de las invitadas propuso que como una manera de darle más emoción y evitar algún rencor por parte de la perdedora, que Claudia le tapara la vista a la perdedora y la ganadora de la siguiente mano se encargara de atarla para que permaneciera así hasta terminar el juego, sugiriendo de paso que la ganadora de cada mano tuviese derecho a hacerle alguna cosa a la prisionera, cosa que fue aceptada por todas.</p>
<p>Mónica se dedicó a escuchar lo que decían, e incluso tenía ganas de ofrecerse a sí misma, pero no quiso hacer aportes para no delatarse, aunque estaba decidida a ser ella la perdedora.</p>
<p>Comenzó el juego y la primera partida no la perdió Mónica sino otra de las invitadas que procedió a quitarse los zapatos. La segunda y tercera las perdió ella, procediendo a quitarse también los zapatos, primero y luego los adornos de sus orejas. Continuó el juego y Mónica se las arregló para ir perdiendo de tal manera que todo pareciese obra del azar. Perdió primero la falda y luego la blusa, quedando solamente en calzón (pantaletas) y sostén (brassiere -creo que así se escribe-), le restaba quitarse solamente los cuadros (calzón), de tal manera que procedió a hacer como si tuviese pudor, levantando las cartas para taparse con los antebrazos sus pezones ante las bromas de las demás, dejando pasar otro juego a fin de no parecer tan obvia.</p>
<p>Vino la siguiente mano y su juego aparentemente tenía la puntuación mejor, pues tenía 21, sin embargo, para su felicidad, antes que ella hubo otra ganadora que tenía 21 real, con lo cual Mónica quedaba como si estuviese con una terrible mala suerte. Sin embargo la perdedora de esta vuelta quedó en las mismas condiciones de Mónica. Para no arriesgarse optó perder una vez más quedando completamente desnuda y ante la presión de las demás debió continuar de pie. Ahora sí, a pesar de que su más cercana competidora aún estaba con calzón, decidió no arriesgarse, no le quedaba otra opción: Debía perder la partida para ser marido mártir. Momentáneamente dudó si hacer o no trampa, pero ya había llegado bastante lejos y no habría vuelta atrás., pues difícilmente se le presentaría una oportunidad igual, ya que su más cercana competidora, al parecer o estaba con mucha suerte, o, al igual que ella, estaba también decidida a ser &#8220;marido mártir&#8221;, cosa que a Mónica le aterraba, de tal manera que puso todo su empeño en perder, y para su tranquilidad, su oponente sacó 21, con lo que ganaba la partida.</p>
<p>Al saberse el resultado, Eugenia, la oponente, se acercó a Mónica y la abrazó como pidiéndole perdón por haberle ganado, mientras Norma se levantó a buscar la venda para pasársela a Claudia de tal manera de que ésta se la colocara a Mónica que a estas alturas se sentía completamente mojada, producto de la expectativa de estar prisionera en esas condiciones y de haber sentido el roce del cuerpo completamente desnudo de otra mujer, experiencia totalmente nueva para ella.</p>
<p>Poco rato después apareció la anfitriona con una venda negra, un juego de dos cuerdas una especie de manta y un cepo.<br />
Cuando Mónica lo vio le brillaron los ojos y se imaginó de inmediato puesta en ese lugar, pero guardó silencio un momento. Nuevamente la suerte estaba de su lado, porque casi de inmediato no faltó la que le inquiriese la razón de ello, a lo que ésta dijo que le pondrían las manos y la cabeza ahí y con las cuerdas la fijarían a la argolla, proponiendo que para aumentar todavía más la emoción, las ganadoras de los tres siguientes juegos, la primera la colocase en el cepo, la segunda la condujese hasta la argolla y la tercera terminara de amarrarla.<br />
La futura prisionera preguntó que si ahí la pondrían, a lo cual Norma respondió afirmativamente, consultándole a su vez, si tenía algún inconveniente.<br />
- No creo que sea tan terrible -respondió Mónica, tratando de contener la emoción en su voz- además apuestas son apuestas.<br />
Después de una breve discusión se acordó que la encargada de conducirla debía llevarla en las peores condiciones pues sería el marido mártir.</p>
<p>Despedida de soltera<br />
Segunda parte: La preparación y el Incidente.</p>
<p>Claudia procedió a taparle la vista mientras las demás le echaban porras (animaban entusiasmadas, avivaban la cueca).</p>
<p>Una vez seguras de que estaba completamente ciega, volvieron a la siguiente mano para decidir quien la pondría en el cepo. La ganadora la hizo poner los brazos y el cuello en el cepo de forma que le quedasen atrapados. Posteriormente tomó la cuerda y procedió a pasársela primero de abajo hacia arriba tres veces y luego otras tres veces de derecha a izquierda, de tal manera que por más que lo intentase no pudiera soltarse. Cada vez que acomodaba la cuerda aprovechaba de pasarle la mano por las nalgas a lo que Mónica reaccionaba con un estremecimiento.</p>
<p>A continuación le tocó el turno a quien la colocaría en la argolla, sólo que esta vez el juego se llevó en completo silencio para mantener en secreto la identidad de la encargada de la conducción y una vez decidido, la que le correspondía hacerlo se levantó y tomando a Mónica primero de la punta del pezón derecho, comenzó a hacerla darse vueltas con todo y cepo hacia la izquierda. Después hizo lo mismo con el pezón izquierdo haciéndola girar hacia el otro lado. Una vez concluido tomó un plumón que estaba en la mesa de centro y le dibujó un pene inmediatamente por encina del vello púbico y unos testículos en los muslos ante las burlas silenciosas de todas. Terminado lo anterior, con un leve empujón la instó a caminar y como la prisionera lo hiciera con cierto temor, la tomó del vello púbico haciéndola apurarse, pero al asirla de ahí pudo darse cuenta de que estaba completamente mojada, haciéndoselo saber por señas a las demás que comenzaron hacerle bromas y como Mónica se quejara, también le taparon la boca contribuyendo a excitarla más aún, pues sus sueños ahora se estaban haciendo realidad.</p>
<p>Continuó el juego mientras seguían apostando las prendas hasta que una a una fueron quedando desnudas, mientras las ganadoras de cada mano se levantaban y le iban a hacer algo a Mónica. Lo más socorrido fue pellizcarle los pezones, manosearle la vagina y no faltó la que le quitara la mordaza para estamparle un apasionado y jugoso beso en la boca.</p>
<p>La reacción de Mónica fue una mezcla de sorpresa y semi-rechazo como tratando de quitar la boca, pero sin mayor convencimiento, pues ella misma se imaginaba una esclava que debía aceptar sumisamente lo que se le ordenase hacer. ¡Y estaba fascinada! Sólo que no esperaba un beso en la boca, pues en ninguna de sus ensoñaciones había considerado una relación lésbica, sin embargo se dispuso a aceptarlo, según ella, como parte del juego, al cabo después todo volvería a la normalidad, aunque en su fuero interno deseaba que ojala continúese para siempre.</p>
<p>Le correspondió el turno a Verónica que comenzó a desatarla de la argolla sin hacerle alguna cosa. Ante las protestas de las demás les dijo que mejor dejaran el show de prisionera y atormentadoras agregando: &#8220;Algunas de nosotras ya hemos tenido relaciones lésbicas, otras estamos usando de pretexto la despedida de soltera de Claudia para tener un acercamiento de esta naturaleza y Mónica está feliz gozando esta situación. Reconozco mi inclinación al sadismo, pero jamás he usado un pretexto para que haya una contraparte masoquista. Siempre lo he dicho abiertamente en mis relaciones, así que propongo sincerarnos y las que quieran tener una relación con otra mujer sin necesidad de entrar en el sadomasoquismo, yo estaré encantada de recibirlas en mis brazos, pues si hay algo que me guste es el cuerpo de otra mujer y aquellas que quieran seguir maltratando a Mónica, si ella no se opone, sigan usándola como esclava, pero que ella también sea sincera y diga si está dispuesta a seguir así o no.&#8221; Lógicamente las protestas de dos o tres no se dejaron esperar, otras más guardaron silencio hasta que Mónica, ya suelta de la argolla, pero todavía vendada de la vista, la boca tapada y tanto su cuello como sus muñecas atrapadas en el cepo, hizo señas a Verónica que no terminara de desatarla y le quitara la mordaza. Acto seguido, les dijo: &#8220;La verdad es que Verónica tiene razón al menos en una cosa: Yo estoy feliz en la condición en que me encuentro y lo que han hecho conmigo, incluyendo el beso que me dio una de Uds., a pesar de que nunca había pensado en una relación lésbica, y todo lo contrario, siempre la había rechazado, aunque no mi tendencia masoquista y si he de ser sincera esto que estoy pasando, siempre lo soñé. Es más, debo confesarles que deliberadamente perdí en las cartas para estar así y si hay alguna de Uds. que me quiere castigar o si estiman que debo ser reemplazada o irme por haber hecho trampa, estoy dispuesta a aceptarlo, nada más que si me van a castigar físicamente, les ruego bajarme la excitación, y por el contrario, si me debo ir, excítenme más, cosa de irme con todas las ganas para mi casa, pues creo que lo merezco por tramposa.<br />
Como sea les pido disculpas por esto, pero como les repito, siempre lo había deseado.&#8221;</p>
<p>Terminando de hablar Mónica, primero se produjo un pesado silencio, después, las mismas que habían reclamado, volvieron a protestar, hasta que una de las que había quedado callada, sacó la voz diciéndoles que no tenían necesidad de pelearse, que lo más probable es que todas hubiesen disfrutado manoseándola, y terminó diciendo que al menos ella había disfrutado tocándola y no tenía ningún empacho en continuar igual, porque la verdad de las cosas se había excitado bastante tanto tocando a Mónica como por el hecho de que todas estuviesen desnudas, y aún más al ver a Mónica así. Ahora que si realmente a alguna le parecía mal, había varios caminos: Terminar la fiesta ahí mismo, que sólo se retiraran la o las que les parecieras mal, que se vistieran todas y la fiesta continuase, pero todas vestidas. Y si todas estaban de acuerdo, seguían la orgía todas desnudas, y para evitar sentirse presionadas por las demás, cada quien escribiera en secreto, en un papel indicando su elección, y si estaba o no dispuesta a acatar el resultado. Lo que decidiese mayoría se aceptaría y si a alguna le perecía mal el resultado y la que hubiese optado por no acatarlo, podía retirarse, pero sin ninguna recriminación ni rencor, pues todas eran libres de aceptar o rechazar las cosas según su criterio y nadie tenía derecho a criticarla.</p>
<p>La futura novia tomó la palabra comenzando por agradecer a todas la fiesta de despedida de soltera. Hasta el momento había tenido una aventura que ni ella esperaba y realmente lo estaba pasando muy bien, por lo tanto les pedía que antes de votar cada una se diese un abrazo bien apretado con cada una de las demás para que no quedara rencor. Que se los pedía como un regalo de matrimonio, pues todas eran sus amigas como también lo eran entre ellas y no sería justo que a raíz de una pequeña discusión alguna o algunas quedaran disgustadas principalmente a raíz de que lo hicieron con el afán de agradarla, cosa que a todas daba las gracias desde lo más profundo de su corazón. Dicho lo anterior, se acercó a una de las que se habían opuesto a seguir y le dio un abrazo en el que quedaron pegados los senos de ambas. Abrazo que fue correspondido no sólo con otro abrazo igual, sino además con un beso en la boca, confundiendo por una fracción de segundo a la amiga, pero antes de que pudiese reaccionar, la apretó con más fuerza y sin haber separado los labios continuó de inmediato con un beso con lengua, ahora sí, sorprendiendo ella a Claudia, que también se repuso rápidamente de la sorpresa y siguió correspondiendo el beso, quedándose ambas largo rato no sólo en esta actitud, sino que continuando también largo rato acariciándose y besándose como si hubiesen sido la más enamorada de las parejas, actitud que fue aplaudida y vitoreada por todas. Una vez separadas, Claudia propuso que al momento de abrazarse se diesen un beso saltando de inmediato varias con expresiones de aprobación y no faltó una que agregó que el beso ojala se lo diesen con lengua para sellar la amistad, cosa que también fue aceptada, comenzando de este modo a abrazarse y besarse unas con otras en un verdadero frenesí de pasión y lujuria olvidándose de toda discusión. Solamente Mónica quedaba al margen y como comenzara a reclamar que también quería participar, no faltó la que le increpó: &#8220;Tú te callas. Las esclavas no tienen derecho a opinar y si lo haces nuevamente yo misma me encargaré de darte un par de correazos (cintarazos) en las nalgas.&#8221;, luego dirigiéndose a las demás les preguntó: &#8220;¿Están de acuerdo chicas?&#8221; Síííííííííí, respondieron todas a coro, pero de todos modos la soltaron para que pudiese votar, advirtiéndole, eso sí, que si el resultado indicaba que todo seguiría igual, la volverían a colocar tal como estaba, a lo que Mónica dijo que estaba más que dispuesta.</p>
<p>Cuando Norma indicó que comenzarían a votar, Verónica sugirió que tal vez no hubiese razón para llevar a cabo una votación, dado que al parecer todas estaban de acuerdo para que la fiesta continuase como estaba hasta ese momento, pero Claudia dijo que mejor votaran por si todavía quedaba alguna que no estuviese dispuesta a continuar en esas condiciones. Que se sentiría muy mal si después se enterase que alguien se hubiese visto forzada a seguir haciendo algo que no estaba de acuerdo.<br />
Dicho lo anterior, Eugenia dijo que Claudia tenía razón. Y recalcó que eso sí, si es que una o más decidían abandonar la fiesta o continuar, pero vestidas, ya sea participando directamente o no, su determinación sería respetada y apoyada, y no sería criticada en lo más mínimo ni esa noche ni nunca, así como tampoco sería un pretexto para excluirla de futuras invitaciones, fuera para un evento como éste u otro de alguna naturaleza distinta y que la organizadora del posible evento debía ser quien la invitase.</p>
<p>Yo creo que está bien agregó Mónica, que ya estaba bastante aburrida limitándose solamente de escuchar propuestas sin tener nada de acción.</p>
<p>En ese momento las miradas fueron hacia Mónica y la misma que poco antes la había increpado, le volvió a decir que ella no tenía ningún derecho de opinar, que sólo la soltaron para que votara y nada más. Acto seguido pidió a Norma una correa (un cinto) para castigar a Mónica, preguntando de paso que le dijesen sinceramente si alguna se oponía, respondiendo varias de ellas &#8220;castígala&#8221;, &#8220;castígala&#8221;, mientras otras colocaban el pulgar hacia abajo imitando la señal de los emperadores romanos cuando indicaban a algún gladiador que debía matar a su oponente, por lo que advirtieron a Mónica que en cuanto la volviesen a poner en el cepo sería castigada.</p>
<p>Mientras tanto, Norma que había ido a buscar el instrumento de castigo, apareció con un chicote con varias hebras de cuero que puso en manos de Cecilia que preguntó a una por una inquiriéndola con la mirada si aprobaba o no lo que estaba dispuesta a hacer, y como todas movieron la cabeza en señal de aprobación y con gesto contento, Cecilia caminó hasta colocarse frente a Mónica ordenándole: &#8220;Voltéate y agáchate. Te daré los dos correazos que mereces por interrumpir.&#8221;</p>
<p>Mónica sólo alcanzó a decir &#8220;Pero&#8230;&#8221;, cuando escuchó a Cecilia que le decía: &#8220;Dos correazos más por protestar. &#8220;Voltéate y agáchate&#8221;.</p>
<p>Sintiendo que Cecilia hablaba en serio tomó la venda, se la colocó en los ojos y giró lo que ella calculó que sería lo suficiente para dar la espalda a su castigadora, procediendo a agacharse para ofrecerle las nalgas, pero cuando creyó que estaba lista, escuchó que le ordenaba que girara más porque todavía no era suficiente, así que giró otro poco hasta que se le ordenó detenerse.</p>
<p>Acto seguido, descargó el primer azote que fue seguido de un &#8220;ay&#8221;, por lo que Claudia sentenció: &#8220;Dos azotes más por quejarte. No tienes derecho a quejarte&#8221;, procediendo enseguida a propinarle los cinco azotes restantes, mientras Mónica se mordía disimuladamente los labios para no quejarse.</p>
<p>Una vez terminado el castigo, justo cuando Mónica se erguía, Claudia le dijo: &#8220;¿Quién te autorizó a enderezarte?, dos azotes más por actuar sin órdenes. Escuchado lo anterior, Mónica sumisamente procedió a agachase para esperar los otros dos azotes, pero Claudia antes de dárselos, volvió a decir: &#8220;¿Quién te dio permiso para agacharte? Dos azotes más por actuar sin permiso.&#8221;</p>
<p>Al escuchar la sentencia Mónica se volvió a erguir por lo que Cecilia sentenció: &#8220;Con que rebelde ¿Eh? Cuatro azotes más. Dos por volverse a levantar, dos por reincidente y otros dos más por tener las nalgas rojas. Agáchate.&#8221;</p>
<p>La esclava se agachó sumisamente ofreciendo nuevamente sus nalgas. En ese momento, Claudia les hizo un gesto a las demás invitándolas a que ellas participaran también de la fiesta y de esta manera una a una fue proporcionándole un latigazo. Una vez terminado, Mónica se quedó en la misma posición en espera de que se le ordenase enderezarse y en ese momento Claudia le preguntó con un gesto a las demás si querían más, y ante la respuesta afirmativa agregó: &#8220;Dos azotes más por no levantarte a tiempo y otros dos más por cada uno de los azotes que no agradeciste por la enseñanza dada. Total veinte azotes.&#8221;</p>
<p>Así una a una comenzó a desfilar proporcionándole entre todas en total más de veinte azotes que Mónica fue agradeciendo uno a uno y aunque en un momento estuvo a punto de pedir que pararan, mejor optó por guardar silencio, pues tal vez nunca se le presentaría una oportunidad como aquella.</p>
<p>Sentía que le ardían las nalgas, pero también sentía como le escurrían los jugos por su vagina. Estaba realmente feliz y mentalmente se felicitaba por no haber pedido que pararan el castigo, y como lo comprobaría más adelante, fue motivo de unión, pues, aunque ella no lo supo hasta mucho tiempo después, ninguna se negó a pegarle.</p>
<p>Despedida de soltera<br />
Tercera parte y final: La Fantasía de Claudia</p>
<p>Terminado el castigo, Norma dijo que ahora sí comenzarían a votar, y para evitar alguna posible presión, en un papel colocarían las opciones enumerándolas con números romanos, por lo tanto cada una pondría la opción con el número romano correspondiente.</p>
<p>Una a una fue sacando un trozo de papel dirigiéndose posteriormente al dormitorio (recámara) de Norma para votar, regresando con el voto doblado en cuatro y depositándolo sobre la mesa, incluyendo Mónica, que después de terminada la votación la hicieron tenderse en el suelo, le ataron las piernas por los tobillos, se las doblaron hacia atrás y se las unieron con los brazos, de tal manera que quedaba impedida de cualquier movimiento, además de la posición bastante incómoda que la dejaron y que estaba decidida a aguantar con todo el estoicismo del mundo, le quitaron la venda de los ojos de tal manera que pudiese ver a sus amigas desfilar en traje de Eva, lo que seguía contribuyendo a su excitación.</p>
<p>Se procedió al escrutinio. Fueron abriendo y contando uno a uno los votos y para no hacer el cuento largo, indicaré que el total de las participantes eligió la misma opción: Continuar la fiesta todas desnudas. Conocido el resultado, comenzaron a abrazarse y acariciarse una a otras y no faltó la que fue hasta donde Mónica y comenzara a masturbarse frente a su cara y poniéndose a horcajas sobre su cabeza le pidió que le &#8220;diera lengua&#8221; , pero colocándose a una distancia tal, que por más que la esclava se esforzara, lo que más le permitía era que la rozara a duras penas con la punta de la lengua, haciéndola que se mojara más ante la impotencia de no poder cumplir con lo que se le pedía debido a su condición de prisionera.</p>
<p>Este espectáculo desarrolló la fantasía de Claudia que tomó la palabra diciendo que la festejada era ella y que además ignoraba si durante su vida de casada iría a poder estar en alguna otra fiesta por el estilo de ésta, por lo tanto, si es que estaban de acuerdo, quería realizar algunas fantasías que se le habían ocurrido.</p>
<p>Todas estuvieron de acuerdo y se pusieron a sus órdenes para que dispusiera de ellas, incluso hubo una que también se ofreció como esclava.</p>
<p>Entonces preguntó a Norma que si tenía inconveniente en que ataran a Mónica en forma de X en su cama. La anfitriona le dijo que dispusiese de ésta como si fuese suya y con las únicas limitaciones de que no se la fueran a romper o a orinar, pero si tenía intenciones de orinar sobre Mónica o si quería algo más sofisticado, tenía otras cosas que posiblemente les gustasen más.</p>
<p>Lógicamente estos dichos intrigaron a las invitadas y por supuesto a Claudia que se le encendió más la imaginación, preguntándole de inmediato de qué se trataba.</p>
<p>Ya verás, dijo Norma, y, acto seguido, les pidió retirar una alfombra que estaba en el centro de la sala (living) y voltear lo que estaba abajo, mientras les decía &#8220;Ahorita regreso&#8221;.</p>
<p>Cuando hubieron retirado la alfombra, se encontraron con una especie de plancha, una argolla plegable en cada una de las esquinas y varias tapas alrededor. Al cabo de unos instantes apareció con un poste de aluminio que dejó cerca de uno de los muros, para luego entrar otra vez llevando la alfombra enrollada y reaparecer con otro poste igual, ambos con varios orificios. Desde luego la idea de la cama quedó inmediatamente en el olvido, por lo tanto llevaron a la esclava hasta la plancha, que no era otra cosa que una colchoneta. Una vez encima, procedieron a soltarle las ligaduras que unían los pies con las manos para posteriormente dejarla de espaldas, desatarle las piernas para atárselas a las argollas de los pies, procediendo a hacer lo mismo con los brazos.</p>
<p>Una vez amarrada convenientemente, Norma preguntó a Claudia que si quería instalar los postes y dónde.</p>
<p>Claudia le respondió que sí y que los pusieran a los pies de Mónica. Sacaron dos de las tapas y los atornillaron. Cuando estuvieron listos, Claudia dijo que le comenzaría a hacer el amor a Mónica, pero que cuando calcularan que estaba en el punto culminante la sacaran a la fuerza, pues ella se resistiría con toda su alma, y la ataran bien sujeta a los postes de tal forma que por mucho que forcejeara no pudiese juntar las piernas. Una vez así que le comenzaran todas a hacerle el amor a Mónica en la forma que cada una estimara conveniente, excepto la que se había ofrecido como esclava, de la que además dispondrían posteriormente en la forma que quisieran, siempre y cuando ella no tuviese inconveniente en asumir el papel de tal &#8220;con todas las de la ley&#8221;, pues también le pegarían, cosa que Eugenia aceptó gustosa.</p>
<p>Afinados los detalles, Claudia les pidió que una vez que le estuviese haciendo el amor a Mónica, comenzaran a azotar a Eugenia hasta que hubiese acabado (venido, tenido un orgasmo) y posteriormente la azotaran a ella hasta que lograran producirle dos orgasmos más y terminado lo anterior que dispusieran de ella como mejor se les antojara.</p>
<p>-¿Y qué haremos el resto?</p>
<p>-Preguntó Norma.</p>
<p>-Uds. pueden dedicarse a amarse mutuamente o disfrutar del espectáculo, encargarse de las esclavas o las tres cosas.</p>
<p>-Si tú lo pides y el resto no tiene inconveniente u otra idea más innovadora, pongámonos al corriente de una buena vez, porque ya hemos perdido mucho tiempo.</p>
<p>A la voz de corriente, Norma de dirigió a las recámaras para aparecer al cabo de unos instantes con una bolsa negra y alargada de vinilo. Lógicamente no faltó la que preguntase qué era. Norma, sin decir palabra extrajo del interior una especie de palo con terminaciones alambres con un cable eléctrico largo que conectó a un enchufe. Acto seguido, pidió apagar las luces, y cuando la sala estuvo oscura procedió a encenderlo, viendo todas que producía una luz violeta acompañada de un leve zumbido.<br />
Pidió encender las luces otra vez y les dijo que servía para aplicar corriente. Acto seguido, primero se acercó a Patricia y se lo aplicó en uno de los pezones provocando que diese un agudo chillido, después se acercó a Mónica y se lo aplicó en la vagina haciéndola temblar completamente, posteriormente le dijo a Claudia si quería probarlo, pero ella pidió que se lo aplicasen después de azotarla preguntando después si alguna quería ser la darse algún toque. Tres o cuatro se ofrecieron como voluntarias, por lo que entre varias las sujetaron para que se los pudiese aplicar.</p>
<p>Terminando este acto, Claudia se colocó sobre Mónica, primero haciendo que le besara alternadamente sus senos, después se los colocaba cerca de la boca para que Mónica tratase de alcanzarlos, pero retirándose a medida que levantaba la cabeza para alcanzárselos, cosa que no podía hacer, por lo que la prisionera se hacía acreedora a una bofetada en la cara.</p>
<p>Después se colocó a horcajadas sobre la boca para que le diesen sexo oral, repitiendo la misma operación que con los senos.</p>
<p>Finalmente se colocó dispuesta a hacer el 69, dando y recibiendo lengua con toda su calentura, y cuando las amigas calcularon que estaba en lo mejor, la tomaron entre varias para atarla a los postes, tal como lo había pedido, a pesar de sus desesperados e inútiles intentos por zafarse de sus captoras.</p>
<p>Cuando estuvo junto a los postes, como era prácticamente imposible tomarla de pies y manos para poder amarrarla, entre tres le cogieron cada uno de sus brazos, mientras una cuarta procedía a atarla, mientras Claudia les suplicaba que la dejasen seguir.</p>
<p>Bien sujetos los brazos por las muñecas, se dieron a la tarea de hacer lo mismo con los pies, siempre en medio de las súplicas que la dejasen seguir montando a Mónica, pero conforme a lo solicitado por ella misma, sus amigas fueron inflexibles, dejándola atada con los pies hacia arriba separados y los bazos amarrados a la espalda, con la cabeza colgando y amordazada, acto seguido, ordenaron a Patricia hacer el amor a Mónica y cuando estuvo sobre ésta obedeciendo lo ordenado, también se inició la sesión de azotes, mientras le sacaban pica a Claudia que cómo se sentiría ella en el lugar de Mónica y Patricia, a la vez que otras se besaban y acariciaban frenéticamente.</p>
<p>Los orgasmos de Claudia se sucedían uno tras otro, hasta que Patricia se hubo venido como lo pidiera la festejada.<br />
Terminado lo anterior, procedieron a darle toques eléctricos a Claudia. Le ponían alternativamente, la picana, en alguno de sus pezones, en la vagina o en el ano, y como estaba mojada de los orgasmos, sentía más fuerte la corriente. Dejaron libre a Claudia mientras todas confundíanse en mutuos agasajos y caricias hasta quedar exhaustas, procediendo a bañarse a fin de posteriormente acomodarse para dormir lo poco que restaba de la noche, terminando así la más fantástica despedida de soltera a la que Mónica hubiese asistido alguna vez, y aunque sentíase molida de su cuerpo, su sentimiento interior era de una felicidad incomparable, pues esa noche le habían ocurrido cosas significativas que marcarían el resto de su vida: Ver cumplido su sueño masoquista, haber descubierto definitivamente su condición de lesbiana y principalmente aceptarla como tal sin ningún prejuicio, viendo de paso que no tenía absolutamente nada de malo, aunque la sociedad la siguiera viendo con malos ojos.</p>
<p>Hasta aquí quedo, os invito a que me escribáis para darme ideas u opiniones para otro cuento por el estilo.</p>
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		<title>Morena torturada por su amo</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Mar 2010 14:38:25 +0000</pubDate>
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		<title>Trajes sado que incendian el deseo</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Feb 2010 23:43:25 +0000</pubDate>
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		<title>SITUACION COMPROMETIDA</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2010 23:14:38 +0000</pubDate>
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<p>He cambiado, si, he aprendido mucho, ya no soy tan ingenua como antes, buff, cada vez que pienso en las estupideces que llegue a hacer, podría haber muerto, y quizás no hubiera sido lo peor que me podría haber pasado.</p>
<p>A que viene todo esto, bueno, tengo algo que contar, una desagradable experiencia que sufrí cuando buscaba Amo.</p>
<p>Antes que nada quizás una pequeña aclaración, era ingenua tonta y estúpida, pero no gilipollas, él porque llegué a esa situación, es sencillo, tras varios meses de buscar y no encontrar a nadie adecuado, comenzaba a estar desesperada, leía a diario historias y relatos sobre excitantes situaciones que yo ansiaba vivir.</p>
<p>El caso es que finalmente conocí a una chica, una Ama, por Internet, intercambiamos nuestras fotos, la verdad es que yo siempre había deseado un Amo, pero había llegado a ese punto en el que comenzaban a darme igual mis exigencias, sencillamente, necesitaba a alguien a quien someterme.</p>
<p>Era dura, ufff, vaya si era dura, ahora sé que no era ni siquiera racional, no le importaba en absoluto mi seguridad, solo quería humillarme, someterme, y sospecho que hacerme sufrir.</p>
<p>Ah, por cierto, ahora tengo 23 años, por aquel entonces tenia 19.</p>
<p><span id="more-772"></span>Intentare recordar más o menos como fue aquella fatídica sesión que mantuvimos por el messenger:</p>
<p>LauraHola zorra, estas preparada, hoy lo van a pasar mal.</p>
<p>GemaSi, Ama, estoy preparadaLauraQue llevas puesto?GemaUn chandal, AmaLauraDesnúdate cerdaGemaAma, puedo echar el pestillo, mis padres están en casaLauraNoGemaSi, Ama, ya me he desnudadoLauraSepara bien las piernasGemaYa, AmaLauraTu coño, esta depilado?GemaNo, Ama, pero está bien arregladoLauraQue asco, coge una regla o algo por el estiloGemaSí, Ama, un momentoGemaYa, AmaLauraDate 10 azotes en cada pecho, putaGemaSí, AmaLauraAvísame cuando estésGemaYa, AmaLauraCómo están tus tetas, zorra?GemaMe duelen bastante, AmaLauraBueno perra, hoy va a ser tu prueba de fuego, si no me obedeces dejare de hablarte, entendido?, para mí la sumisión tiene que ser completa, sin limites ni objeciones, has entendido, perra?GemaSi, mi Ama, intentare hacerlo lo mejor posibleLauraAhora quiero que pienses, conoces a alguien que viva cerca y este solo en casa?GemaSi, Ama, Jordi, vive solo, y esta a unos 5 minutosLauraTiene Internet?GemaSí, AmaLauraEs muy amigo tuyo?GemaNo, Ama, es del vecindario, algunas veces nos hemos encontrado por la calle y hemos charlado, incluso hemos salido con más gente a tomar algo.</p>
<p>LauraBien, quiero que le llames y que le digas que vas a ir a su casaGemaComo?, que pretendes, Ama?LauraRecuerda, si no obedeces lo dejamos y nunca volverás a saber mas de mí, esta claro?GemaSí, AmaLauraPues llámale, dile que en diez minutos estarás en su casa, dale cualquier excusaGemaSí, AmaGemaYa, AmaLauraQu</p>
<p>El tal Jordi como he dicho era un conocido del barrio, alguna vez me había invitado a su casa, presumiendo de que vivía solo, el chico era un niño de papa, sus padres vivían en Mallorca, y el se había quedado aquí hasta acabar los estudios, y bueno, físicamente no es que fuera ninguna maravilla, tenia un modo de mirar por encima del hombro bastante desagradable.</p>
<p>Le dije que necesitaba un favor, y que quería pasarme por su casa, desde luego no puso ningún impedimento, así que no costo nada obedecer a mi Ama.</p>
<p>Al llegar, me miro como lo hacia él, pegándome un repaso, nada mas entrar, le pedí si me dejaba su ordenador un momento, que tenia que conectarme al messenger, me dijo que si, lo encendió y me conecté.</p>
<p>GemaYa estoyLauraYa estoy que?, ZORRAGemaYa estoy, AmaLauraEso esta mejor, donde esta él?GemaA mi lado, AmaLauraPregúntale si quiere algo, y lárgate a la cocina a preparárselo, yo me quedo hablando con él.</p>
<p>No sé lo que hablaron, sinceramente, pero fui a la cocina, y cuando volví Jordi me dijo que mi Ama quería hablar conmigo.</p>
<p>GemaSí, Ama?LauraEn primer lugar desnúdate, zorraGemaPero Ama, esta el aquíLauraTe crees que no lo sé, estúpida, ya te dije que para mi no hay limites, así que desnúdate o olvídate de mí.</p>
<p>GemaSí, AmaLauraMientras lo ha</p>
<p>ces escucha, yo no estoy allí, así que lo te haría yo, lo hará Jordi en mi lugar, comprendido?GemaSí, AmaLauraYa estas desnuda?GemaSí, AmaLauraA partir de ahora ya no leerás nada mas, lo que tenga que hablar lo haré yo con él, Jordi, véndale los ojos, y ponla de rodillas.</p>
<p>Y eso fue lo último que leí, jordi se levantó y me vendó los ojos, me estuvo tocando un rato, y luego me hizo arrodillar.</p>
<p>Oí el sonido de algunas teclas, jordi se levantó, un ruido de cremallera, volvió a sentarse, y cogiendo mi cabeza con fuerza la acercó a su entrepierna, hasta que noté algo caliente y duro en mi boca.</p>
<p>-Chúpala zorra, ni te imaginas las ganas que te tenia, jajajja</p>
<p>Abrí la boca, y no me dejó chuparla, sino que empujó con fuerza mi cabeza contra él, hasta que sentí su vello púbico contra mi nariz, la sensación era asfixiante, no podía respirar mas que por la nariz, y con dificultad, me mantuvo así durante yo que se cuanto tiempo, de pronto note algo caliente y amargo contra mi boca, me parecía imposible que se hubiera corrido tan pronto, pero luego me di cuenta de que no era semen lo que estaba soltando, sino orina, se estaba meando en el fondo de mi garganta, ahí si que me desesperé, no podía respirar, ni tragar, la orina se me fue por otro agujero, intentaba toser, pero no podía, el debió darse cuenta de lo que pasaba, ya que aflojó la presa unos segundos.</p>
<p>-Traga, zorra</p>
<p>Lo intenté, juro que intenté con todas mis fuerzas ser una buena sumisa, y tragarlo todo, pero no pude, aunque trague gran parte, el resto llenó mi boca, y cayó al suelo pasando antes por mi cuerpo.</p>
<p>-Serás cerda, esto lo limpiaras tu, pero ahora sigue chupando hasta que te avise.</p>
<p>Apenas tuve unos segundos para recuperarme, cuando sus manos volvieron a mi cabeza y apretaron, esta vez no tanto, y tan pronto como vio que comenzaba a chupar, me dejó ir, y siguió escribiendo, el se reía, me decía que vaya zorra estaba hecha, que si hubiera sabido antes que era este rollo el que me gustaba lo habríamos pasado muy bien, mientras, yo chupaba, aquella mezcla de orina, con liquido pre-seminal, asquerosa, de golpe, me aleja la boca de su polla, y me lleva a rastras, me sitúa de rodillas en e que Laura había desaparecido, lo ultimo que ponía era:</p>
<p>LauraPrimero follate su culo, y luego llama a tu amigo, ya veremos lo que se puede hacer.</p>
<p>Como comprenderéis, me quedé hecha polvo, como pude me puse el chandal, y salí disparada hacia mi casa, al llegar me fui a la ducha, me limpié bien, y me metí en la cama, era lunes y al día siguiente había clase.</p>
<p>Martes por la mañana, me despierto, noto humedad, mierda, había sangrado un poco por el culo durante la noche, pienso en quedarme en casa, pero mis ganas por olvidarlo todo lo antes posible, hacen que decida ir, cojo las sabanas, le meto en el cubo de la ropa sucia, me doy una ducha, prestando especial atención a mi dolorido culo, me tengo que poner una compresa por si sangra mas, tiemblo ante la perspectiva de que no deje de sangrar y tenga que acabar por ir al medico.</p>
<p>Salgo hacia el instituto, el día se me hace eterno, el culo me sigue doliendo, durante el recreo voy a lavabo y miro con miedo la compresa, parece que ha dejado de sangrar, menos mal.</p>
<p>Siguen las clases, y así llega el medio día.</p>
<p>Continuará</p>
<p>Me encantaría recibir comentarios, quejas opiniones, o todo lo que se os ocurra a: mi mail</p>
<p>Autor: Ricardowg70 Ricardowg70 ( arroba ) hotmail.com</p>
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		<title>Torturada y desflorada por un desconocido</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2010 22:55:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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