Cuando Ronal, mi marido una noche me llamó, diciéndome que su auto se había accidentado, mientras se dirigía a ver a un cliente, en otra ciudad y que por eso no llegaría a casa, hasta el siguiente día. Por su tono de voz, supe que no me estaba diciendo toda la verdad, e inexplicablemente comencé a sentir una extraña sensación de gran alegría dentro de mí, claro que no se lo dije.
Debido a que eso para mí, aunque suene bastante estúpida al decirlo, era algo que debía ser, ya que en mi familia, se puede decir que eso es algo normal que suceda, y así como mi madre, que aprendió a vivir con eso, yo había decidido seguir su ejemplo, para salvaguardar la unión familiar. Pero sus repentinas estadías fuera de casa, comenzaron a hacerse más y más comunes y frecuentes.
