Dos empresarios fundidos deben huir de la empresa. Antes de hacerlo, se sacan el gusto de cogerse a su secretaria.
Estabamos fundidos. Lo mejor era llenar las valijas con el dinero que habíamos juntado y huir, antes que los acreedores nos cayeran encima. Hacía meses que nos habíamos dado cuenta de que esa era la única salida, pero hasta ahora no habíamos tomado la decisión. Esa misma noche teníamos pasajes al extranjero, nos iríamos los dos, Rodrigo (mi socio) y yo, para siempre del país. No les habíamos dicho ni una palabra a los empleados. El lunes, cuando vinieran a trabajar, se encontrarían con la sorpresa, pero nosotros ya estaríamos lejos de su alcance. Sólo nos quedaba un gusto por darnos: cogernos a Julia, nuestra secretaria, fuera como fuera, por las buenas o por las malas. Por las buenas no iba a ser pues en los últimos días habíamos estado acosándola sin que ella se diera por aludida. Así que iba a ser por las malas. Años habíamos alimentado esa fantasía y había llegado el momento de llevarla a cabo. Si nos encontraban, daba lo mismo, pues la justicia ya tenía suficientes razones por estafa para dejarnos presos por el resto de nuestras vidas. Eran las seis de la tarde y ya todos los empleados se estaban por marchar. Marqué el interno de Julia y le indiqué que nos avisara cuando ya no quedara ningún empleado trabajando, y que antes de marcharse viniera a nuestro despacho que deseábamos hablar con ella.
Por razones de trabajo, tuve que desplazarme a un pueblo perdido del sur de España. Después de mi primera jornada matutina, mi gran temple como comercial informático no fue suficiente para evitar acabar de la estupidez de los jefecillos de la empresa hasta el mismísimo gorro. Apenas había desayunado y mi estómago protestaba desesperadamente por tener algo con lo que entretenerse.
Era pleno agosto, y a las cuatro de la tarde, las calles parecían haber sucumbido a una exterminadora guerra nuclear. Después de caminar largo rato por las desiertas callejuelas conseguí encontrar un lugar abierto:
“MENÚ DEL DÍA 3€”
“preguntar dentro”.
Por fuera, el bar tenía pinta de ser bastante cutre, pero a esas horas, estaba convencido de que no habría muchos más sitios donde poder elegir… así que entré. Por dentro… todavía era mucho peor. Parecía que hubiera pasado por allí una horda de bárbaros hambrientos de comida: había desparramados gran cantidad de restos de aperitivos, servilletas y colillas, cubriendo un suelo ya completamente despejado de gente. Todo el mobiliario, incluido la barra y las estanterías de las bebidas, era de madera oscura, envejecida y visiblemente agrietada por la humedad acumulada durante años. Las paredes, pintadas de en un blanco amarilleado por el tiempo, estaban tristemente decoradas por fotos nada actuales y enmarcadas en unos horribles dorados bastante pasados de moda, a tono con la época del entorno.
Al final de la barra, situada a la izquierda del bar, se encontraba una mujer morena que rondaría ya los 50 años. Con aire serio, no sé si de amargura o de pura mala ostia, estaba terminando de limpiar la barra, con las vitrinas ya vacías de comida y despejadas de bandejas y platos.
Con la mayor amabilidad del mundo, aunque sin mucha esperanza, me dirigí a ella:
- Querría comer algo… siento venir tan tarde pero es que acabo de salir del trabajo ahora mismo…y… bueno… es el único sitio que he encontrado abierto…
“Perdonad por lo soez y lo vulgar, perdonad por la dureza y la crueldad, que aunque light, puede herir la sensibilidad de más de una y uno.”
Esta historia, como todas las historias, tiene un principio y un final. El espacio comprendido entre ambos es el resumen de la vida de una joven, una persona, o eso fue en sus comienzos…
El Final
En aquellos días de verano, el calor adormecía mi cansado cuerpo totalmente magullado. Sentía el murmullo del cercano riachuelo y sabía que podría refrescarme un poco en sus tibias aguas. El amo me había soltado por vez primera desde hacía más de dos meses, y mi ama me había librado del ceñido cinturón que mantenía mi sexo encerrado. Me acerqué como siempre, a cuatro patas, puesto que desde aquella inyección, tan lejana en mis recuerdos, ya no podía volver a ponerme en pié. Cuando llegué a la orilla, me incliné y bebí un poco de aquella refrescante agua, fue muy estimulante sentir el frescor recorriendo mi cuerpo…en aquellos días de verano me sentí libre, una libertad rara puesto que no era dueña de mi propia vida, pero del todo hedónica.
Cuando los últimos rayos de sol dejaron el horizonte, oí en la letanía la voz de mi dueña, era hora de ir a mi caseta. La situaron convenientemente en el jardín de aquella casona de campo, propiedad de mi amo. Nunca dejaban que yo entrase en la casa principal, al fin y al cabo los animales, debían estar fuera, sin molestar a las posibles visitas. Mi amo enganchó la cadena de hierro a mi collar, engarzado de forma perpetua a mi cuello por medio de una soldadura. Después mi ama me colocó el cinturón de castidad (el cual solamente solían quitarme en tardes libres, como aquella, y por supuesto para montarme con otros animales) y así, me dejaron dentro de la caseta, con la cadena sujeta por medio de un candado a una argolla del interior y la puerta cerrada por el exterior. Ellos se alejaron sin más miramientos y se introdujeron en la casa principal. Aquella noche iba a ser un poco más fría para mí porque se les olvidó cerrar la pequeña ventana de cristal, única abertura de mi caseta, (después de la puerta), que por cierto era tan reducida en espacio como yo misma, apenas podía permanecer acurrucada sin tocar el techo y las paredes.
Con la llegada de la fría noche no tardarían en traerme el cuenco de la comida. Mi ama me lo coló por la ventana, derramando parte del contenido sobre mi cuerpo desnudo. Se alejó sin más dilación y cerró el portón de la casa. Pude ver a través de mi ventana cómo se encendía la luz de la habitación de mis amos y entre sombras y jadeos les vi hacer el amor hasta el amanecer…ahora era libre, ahora era feliz, era el comienzo de mi vida.
El Principio
Mi nombre es Ana, soy una chica algo apocada, muy poco sociable y muy reservada. Mi pelo, largo y rubio junto a mi estatura muy por encima de la media, hacen de mí objeto de atención cuando entro a cualquier sala, lo cual es motivo de comentarios a veces soeces sobre mí, y es que tampoco puedo quejarme de mi cuerpo, una figura estilizada, uno pechos pequeños pero muy firmes y un culete muy apetecible e irresistible para muchos hombres. Aunque apenas tengo los 20 años, me han dicho muchas veces que aparento los 30 por lo menos. Mi novio, se llama Pedro y es más mayor que yo, pero no me gustó por eso sino por sus amplios hombros y su cara de chico bueno que me enamoró desde que nos vimos por primera vez en la casa de mis padres. Él era un buen amigo de mis padres, y una tarde tomando café me lo presentaron, ya no pude separarme de él nunca más.
Ahora me encontraba en el altar, estaba a punto de casarme con Pedro y sabía que todo iba a salir bien desde ese momento.
Historia de una hermosa muchacha que jamás usa zapatos…
Tenia unos 18 años. Era alta, blanca, cabello rubio y ojos azules. Vestía un polo blanco y un short de jean azul apretado. Tenía los pies desnudos. Sus pies eran largos y delicados, con las plantas ennegrecidas por el polvo.
Nunca te has puesto zapatos?
Un par de veces. No me dejaron entrar al colegio descalza, pero despues se acostumbraron.
Y por que no te gusta usar zapatos?
Son incómodos. Me ajustan y me hacen sudar los pies. Ademas no puedo sentir por donde camino. Me encanta sentir la textura del suelo que piso, sentir el asfalto caliente y la frescura del pasto.
Nunca te has lastimado los pies?
Como siempre camino sin zapatos, mis plantas se han curtido tanto que ya parecen de cuero. Solo una vez se me ampollaron un poco, cuando camine sobre fuego.
Caminaste sobre el fuego? Y cómo así?
Unas amigas me apostaron que no podría caminar sobre vidrios rotos. Rompieron unas botellas de cerveza y me dijeron “a ver si pasas”, así que comencé a caminar sobre los vidrios rotos. Es incómodo y duele un poco, pero lo hice. Claro que después me pasé como cinco minutos quitándome las astillas que se me habían incrustado. Me gané una botella. Como estábamos todas medio mareadas, me apostaron una caja a que no caminaba sobre fuego. Les dije que si, que sí podía hacerlo, aunque la verdad pensé que no lo decían en serio. Una de ellas consiguió una pala y empezó a tirar los carbones encendidos de la parrilla por el suelo. Era un camino de brasas ardientes como de tres metros de largo. Estábamos tan zampadas que les dije “pongan música” y empecé a bailar encima de los carbones encendidos. Te juro que sobria no lo hubiera hecho. Tan borracha estaba que ni sentía los pies, así que me la pasé bailando toda la canción , que era un mega-mix de doce minutos, encima del fuego, hasta que una de ellas me jaló del brazo y me dijo “ya ya, te la ganaste, sal de allí”. Terminé con las plantas tan quemadas que estaban totalmente rojas. Cuando se me pasó la borrachera me ardían horrores. Casi no podía caminar. Mis amigas se asustaron tanto que me hicieron meter los pies en hielo. Se sentía delicioso. Hasta yo me asusté porque nunca me había lastimado los pies de ese modo, nunca me habían dolido así. Tuve que echarme picrato para las quemaduras…pero a los tres días mis plantas estaban casi como si nada. Mira….
El joven Brian vive como quiere, sin obedecer a nadie. Pero le esenyaran una lección inolvidable. Este es un relato de Spanking (azotaina) Hard.
El joven Brian vivia con su familia en una bonita casa con jardín, enmedio del campo, donde todo era paz y harmonia. El chaval no tenia mas de 16 años, y era verdaderamente atractivo, en opinión de todas sus compañeras de clase; su pelo rubio, largo hasta las espaldas, sus ojos azules tan profundos, su piel blanca y perfecta y sobretodo aquella sonrisa franca y simpatica que con tanta facilidad le iluminaba el rostro. Su padre, John, era un hombre de firmes convicciones, amante de lo tradicional, y no le hacia mucha gracia que el chico tuviera tanta libertad para salir cuando quisiera y con quien le apeteciera; pero en estos asuntos, era la madre quien decidia. Habia sido así des de siempre. Y para ella, todo era poco para su niño a quien mimaba en exceso.
El destino quiso que un dia, John fuera despedido del trabajo. Por suerte, la madre ganaba lo suficiente para los dos, pero no estaban para muchos gastos. John se sumió en el malhumor, puesto que a su edad no le resultaria facil volver a encontrar trabajo y le molestaba tener que depender de su mujer. Cuando ella le anunció que tenia que asistir a un congreso que duraria varias semanas, durante las que se alojaria en un hotel, no se alegró especialmente, pero tuvo que aguantarse. De este modo, Brian y su padre se quedaron solos en la gran casa. Des del primer dia, John se decidió a aprovechar aquella oportunidad para arreglar ciertos asuntos con su hijo. Era un malcriado, esto saltaba a la vista. Estaba acostumbrado a que todo el mundo hiciera lo que el queria, usando como arma de presión su belleza, simpatia y carisma. Por eso, le advirtio; si no se comportaba con corrección, si se pasaba ni que fuera un poco de la raya mientras estuvieran solos, lo pagaria caro. Nunca le habia pegado ni castigado de ningun modo, pero podria llegar a pasar.
Soy el Director de una carcel de jóvenes y relato los castigos que reciben en ella.
Varios amigos me han insistido en que escriba sobre mi trabajo, por lo peculiar del mismo, y en consecuencia el interés que puede tener para el gran público.
Estoy contratado, desde hace un tiempo, por un Gobierno latino americano, cuyo nombre y características, lógicamente no puedo dar.
Soy el Director del primer Centro de reeducación y reproducción mejora de raza, del mundo.
Situado en una pequeñísima isla del Caribe, con la única edificación del Centro, y sólo ligado con la civilización por un barco que recala todas las semanas, con lo que es completamente imposible acceder.
Se trata de una especie de penal o reformatorio a donde se envía a jóvenes, unas debido a su mala conducta y otras captadas por el ejercito del Gobierno en aldeas y pueblos perdidos de la selva. Con edades hasta un máximo de 22 años.
Estas jóvenes son desembarcadas regularmente en el barco de los suministros y en el Centro reciben una reeducación, tipo reclusas. aunque su finalidad es ser cubiertas por sementales para la reproducción y mejora de la raza, lo que conlleva un tratamiento muy especializado.
Por su parte, los sementales proceden bien de cárceles o marinos, son superdotados que han estado un mínimo de seis meses sin ver a ninguna mujer, aunque la mayoría de los encarcelados llevan años y este acto es premio a su buena conducta. Se van turnado, suelen estar en Centro unos quince días, si siguen dando leche a criterio de los médicos, pueden continuar hasta un mes, luego son sustituidos por otros. Están muy bien alimentados y descansados hasta que les toca el trabajo de cubrir reclusas, no teniendo ninguna limitación con ellas, una vez encerrados con las hembras, pudiendo disponer a voluntad de la mismas, golpearlas si se niegan etc. y ninguna responsabilidad si dejan a la hembra inútil, sólo tienen como obligación cubrir al animal un mínimo de 8-10 veces por sesión, de lo contrario se les considera inútiles.
Para la mejor comprensión del funcionamiento del Centro, iniciamos el relato, comentando la llegada de un cargamento de nuevas reclusas.
Era una noche de viernes y acabábamos de cenar. Habíamos tenido una semana muy ajetreada, ese mismo día habíamos entregado por fin un proyecto en el que llevábamos meses trabajando y el cual nos había supuesto mucho esfuerzo y algún que otro quebradero de cabeza. Por fin nos habíamos liberado del estrés. Para celebrar el éxito del proyecto, le propuse a mi mujer abrir una botella de champán.
-Es que a mi el champán me da gases, ya lo sabes. Pero bueno, ábrela.
Fui a la cocina, saqué una botella de la nevera y cogí un par de copas. Al descorchar la botella se derramó un poco.
-¡Cuidado! ¡Joder, has manchado el sofá! –me dijo.
-Olvídate del sofá.
-¡No, olvídate no! Que luego estas manchas cuesta mucho sacarlas.
-¡Que le den por culo a las manchas! Llevamos meses trabajando como esclavos para entregar a tiempo el puto proyecto y, ahora que hemos terminado, quiero que nos relajemos y nos olvidemos de todo. ¡Fuera preocupaciones!
Llené las dos copas y le ofrecí una. Me regaló una sonrisa. Brindamos. Después de un rato bebiendo, le dije:
-¿Sabes que con ese pijama estás muy sexy? –llevaba un pijama rosa con estampados de ovejas.
-¿Qué pasa, ya se te ha subido el champán a la cabeza?
-A mí lo único que me hace perder la cabeza eres tú.
-¡Oh, qué romántico! –dijo con simpática ironía.
El AMO había sido muy claro en su órden a Luna, una cross dresser muy sumisa, a quien acababa de domar, de excelentes caderas y cuerpo pequeño…….la filmadora adecuadamente posicionada, el AMO sentado en un confortable sillón, con una copa de excelente vino…se preparaba para gozar de uno de los actos mas morbosos, perversos y soñados para ser presenciados por el ser humano.
Esto ha sido extraído del Kinsey Reports on Sexual Behavior in the Human Male and Female and the Dogs in the Zoophilic Relation:
“….Las cross, las travestis, los transexuales, los gay y los homosexuales que son penetrados analmente por un perro de gran tamaño, sufren por la extrema presión del gigantezco bulbo, dentro de su recto contra su glándula prostática (Punto G), una cantidad elevada de orgasmos forzados e involuntarios que al intentar resistirlos y evitarlos, literalmente terminan con sus fuerzas, siendo luego facil presa del macho canino que la acosa y finalmente la dispone a voluntad. Los AMOS que consensuan la zoofilia, lo hacen con la intención de humillar profundamente a la sumisa, y para dejarla completamente dominada y sometida. El saberse dominadas y sometidas por un ser inferior, imponiéndole las reglas caninas tratando de procrearla……es un golpe mental terrible para ellas….”
¡¡¡ Ahora Luna…..a llegado el momento de entregarte a mi mascota…!!!!!!.
Tenia 21 años cuando me casé. Pese a mis inquietudes sexuales, aún conservaba intacta mi virginidad, resultado de una estricta educación por parte de mi padre basada en los azotes. Mi nombre es Elena.
Mi marido, 16 años mayor que yo, y con el que me casé por influencia de mi padre, se sentía orgulloso de mi virginidad, y ansiaba el momento de poseerla.
Después de la celebración, comenzamos nuestro viaje de novios en coche con destino a un pequeño pueblo del norte, allí teníamos pensado pasar unos días en una finca rústica en medio de la naturaleza. Debíamos estar a punto de llegar a nuestro destino cuando en aquella vieja carretera dejaron de aparecer las indicaciones, mi marido hizo caso de su intuición para continuar el viaje, nunca imaginé las consecuencias que iba a tener su equivocación. A medida que avanzábamos, la carretera presentaba peor estado, llegamos a un punto en el que parecía imposible transitar por allí. Estábamos apunto de dar la vuelta cuando divisamos una masia a lo lejos. Decidimos acercarnos para preguntar.
Cuando picamos a la puerta nos abrió un hombre corpulento que nos invitó a pasar. Mi marido, agradecido por la invitación, le dijo que no queríamos molestar, que sólo íbamos buscando una finca rústica que habíamos alquilado por aquellos parajes, a lo que aquel hombre contestó: -La señora de la casa les indicará con mucho gusto, pasen por favor-.
Entramos con la esperanza de averiguar como retomar nuestro camino, pues empezaba a anochecer y estábamos bastante desorientados. La puerta se cerró detrás nuestro y el hombre nos indicó que subiéramos la gran escalera que estaba situada en el centro de un enorme recibidor. Una vez arriba nos indicó que pasáramos a una sala muy grande llena de libros, allí esperamos hasta que volvió. -La Señora me ha indicado que les prepare una habitación, es muy tarde para ir por estas carreteras y podrían perderse fácilmente-. Mi marido le contestó – no queremos molestar, además tenemos reservada ya una habitación-. –A la señora le gusta tener invitados en su casa, no es ninguna molestia, todo lo contrario, les prepararé sus habitaciones-. Nos dieron habitaciones individuales, eso no le gustó a mi marido, pues esperaba otro tipo de noche, yo le dije que mañana llegaríamos a nuestro destino y sería todo muy diferente. Nos dirigimos a nuestras habitaciones.
A solo unas cuadras del Coliseo estaba el mejor mercado de esclavos de Roma, era una verdadera fiesta llena de colorido y Arcadia lo consideraba su mejor paseo de la semana, tenia mucho dinero y le encantaba ir a pujar por las mejores presas, siempre estaba enterada de la llegada de los nuevos lotes que venían de todas partes del mundo.
Era un griterío general, allí se vendía de todo, grilletes de las mas inimaginables e ingeniosas formas, cadenas, látigos de piel de cocodrilo, pájaros exóticos, panes de harina acabada de moler por muelas que no paraban empujadas por esclavos egipcios con bozal para que no la comieran y vendas en los ojos para que no renegaran de su suerte, pescado frito, vinos de todas partes y deliciosos dulces, pero el centro de todo era la compra venta de esclavos y por supuesto lo mas atractivo y delicioso era la subasta de las mas disímiles hembras provenientes de los botines de guerra de todo el universo conocido.
En aquel ajetreo tremendo iban y venían cuerdas de gente encadenadas unas a otras a los collares que llevaban en el cuello, fustigados continuamente por el látigo de tratantes y tratantas.
