Tiempo después de asistir a la despedida de soltera, Mónica se ve anvuelta en otra aventura sadomasoquista donde es preparada para ser arrendada como esclava.
La despedida de soltera dejó a Mónica con más ganas aún de continuar con sus juegos lésbicos y masoquistas. Pasó el tiempo, logrando solamente algunas aventurillas sin mayor importancia. Lo que más había conseguido era que la amarrasen a la cama y le hicieran el amor, pero ninguna cosa como las ocurridas aquella noche, mas en una ocasión sonó el teléfono: Al responder escuchó la voz de Claudia del otro lado de la línea invitándola a conversar con ella porque tenía algo que proponerle. La sola idea de qué podría ser la hizo mojarse instantáneamente, al instante le preguntó por el lugar y momento de la cita. Su interlocutora le respondió que de inmediato, pues estaba en la puerta del edificio, agregándole que le abriese y la esperara completamente desnuda, de tal manera que se quitase la ropa mientras subía.
Mónica siempre tuvo inclinaciones masoquistas y sin proponérselo, también lésbicas.
La ocasión de cumplir su fantasía y darse cuenta de su inclinación lésbica se dieron en una forma totalmente inesperada.
Autora: Hada Tímida
DESPEDIDA DE SOLTERA
Primera parte:
La invitación
Personajes
Protagonista: Mónica, esclava.
Dueña de casa: Norma.
Novia: Claudia.
Otra amiga: Eugenia.
Amiga negativa Verónica
Todo comenzó como ensoñación. Siempre imaginaba ser metida en una jaula a la vista de todos. Otras veces imaginaba ser metida en esa misma jaula y colgada en un gancho junto a un palo que introducían por entre los barrotes para ser punzada.
Ya en la adolescencia y con pleno conocimiento de las cosas, las ensoñaciones fueron en aumento y acompañadas de masturbaciones imaginando ser prisionera, colgada en esa jaula, pero ahora completamente desnuda y con las manos esposadas en la espalda de tal manera que quedaba expuesta a quien quisiera mirar, sin ninguna posibilidad de ocultar sus partes íntimas, pues donde quiera que volteara, siempre había gente mirando y burlándose, además, si insistía mucho en tratar de ocultar el cuerpo, era “regada” con una manguera que siempre estaba dispuesta para quien la quisiera usar, y pobre de que se mojara algún espectador, porque, en ese caso, era punzada con el palo, pues se le culpaba de lo ocurrido por no permitir ser mirada como a la gente le gustaba.
Era el tema favorito para las masturbaciones de Mónica, que a esa altura eran casi diarias, y que la acompañaron hasta su juventud, cosa que más que nada por pudor no se atrevía a comentárselo a los novios (enamorados, pololos). Aparte con ninguno sentía la suficiente confianza ni excitación como para sostener relaciones sexuales y menos aún que casi siempre sus agresoras imaginarias eran mujeres. Rara vez incluía hombres en sus fantasías.
La oportunidad de concretizarlos se le presentó de manera inesperada y cuando menos lo imaginaba: Cierta vez, fue invitada a la despedida de soltera de una conocida de la universidad, lo cual le pareció bien y que nada tenía de malo. Sólo le llamó la atención un poco que le dijeran que sería al estilo del país de la casadera, preguntándole si tenía alguna tranca con respecto a la moralidad, a lo cual respondió que su criterio era bastante amplio y ya estaba lo suficientemente grandecita y madura como para asustarse de las cosas, a pesar de ser todavía virgen, agregando, a modo de broma: “Imagino que no me violarán, ¿No es así?” La amiga se limitó a responderle con otra pregunta y una sonrisa: ¿Y si así fuera, te opondrías? Para nada, respondió Mónica, también riendo, sería la aventura que me estaría haciendo falta, además, a mi edad ya estaría bien bueno perder la virginidad. Es una vergüenza seguir así, ¿No crees?
Hola, soy Gema y soy sumisa, ahora soy feliz, he encontrado a la persona adecuada, alguien a quien puedo entregarme sin reservas sabiendo que él valora realmente dicha entrega.
He cambiado, si, he aprendido mucho, ya no soy tan ingenua como antes, buff, cada vez que pienso en las estupideces que llegue a hacer, podría haber muerto, y quizás no hubiera sido lo peor que me podría haber pasado.
A que viene todo esto, bueno, tengo algo que contar, una desagradable experiencia que sufrí cuando buscaba Amo.
Antes que nada quizás una pequeña aclaración, era ingenua tonta y estúpida, pero no gilipollas, él porque llegué a esa situación, es sencillo, tras varios meses de buscar y no encontrar a nadie adecuado, comenzaba a estar desesperada, leía a diario historias y relatos sobre excitantes situaciones que yo ansiaba vivir.
El caso es que finalmente conocí a una chica, una Ama, por Internet, intercambiamos nuestras fotos, la verdad es que yo siempre había deseado un Amo, pero había llegado a ese punto en el que comenzaban a darme igual mis exigencias, sencillamente, necesitaba a alguien a quien someterme.
Era dura, ufff, vaya si era dura, ahora sé que no era ni siquiera racional, no le importaba en absoluto mi seguridad, solo quería humillarme, someterme, y sospecho que hacerme sufrir.
Ah, por cierto, ahora tengo 23 años, por aquel entonces tenia 19.
Lara tenía unas ganas locas de ser poseída por alguien experto, un día lo consiguió, Encontró un amo que la llevó a su chalet donde primero la acarició y le dio mimos como jamás se los habían dado. Cuando Lara creía que era una manera dulce y placentera de ser sumisa rápidamente y sin darle tiempo a reaccionar fue atada a una columna y azotada mientras su amo la enseñaba a dar las gracias por cada azote, a pedir más, y le decía “siempre que te haga disfrutar de una manera especial serás castigada de alguna otra manera por haber disfrutado, te enseñare a disfrutar también con el dolor”.
A todo esto Satán controlaba las fases de dolor para no dejar ninguna marca, sabia muy bien lo que hacia. Una vez que la azotó y dejó su trasero como el carbón ardiente la desató suavemente al mismo tiempo que la sujetaba para que no le flaquearan las piernas y se cayera, después le mostró una lavativa y un plátano, se los enseño y le preguntósabes lo que es, Lara afirmo con la cabeza a lo que Satán le dijo perrita quiero oírlo de tu voz, entonces Lara le contesto si, Amo, son una lavativa y un plátano.
Sadomaso. Un encuentro afortunado entre un hombre muy rico y una mujer iniciada en el sado da lugar a una interesante relación.
40 años, 80 kg. 1,79, normalito, pero inmensamente rico, y además, aburrido, me aburría como una ostra, aburrido hasta la saciedad, durante un par de años disfrute del cambio más grande que había dado mi vida, el éxito, el dinero, el poder, la adulación interesada, la envidia, pero todo cansa, hasta que…
Tropezamos en la terraza de un bar, me disculpé y ella también, la invité a mi mesa. Estaba en Barcelona de paso, una escala técnica de mi avión que necesitaba unas piezas de recambio antes de seguir hacia Estados Unidos, para hacerle un chequeo completo.
En su mirada vi un cierto tono de reproche, tenía los ojos grandes con rizadas pestañas, oscuros, casi negros.
–No te equivoques, me he disculpado sólo por educación, no estoy acostumbrado a disculparme ni a invitar, suelo ordenar.-dije-
Aquel día de mi iniciación estaba nervioso. Mi ama mi había citado a las seis de la tarde en su estudio, un lugar recóndito ubicado en un barrio de la ciudad. Mientras recorría la calle recordaba los momentos previos que había vivido con ella. La conocí a través de una página web en donde se relacionaban amas de todo el país. Ella aún no tenía web, ni tampoco aparecían fotografías suyas, por lo que no sabía como era su rostro cuando contacté telefónicamente con ella. Inmediatamente me atrajo su voz dulce, que me sedujo por completo. Le dije que aún no estaba seguro de querer iniciarme como sumiso, pues quizás se trataba solamente de una fantasía, por lo que sólo me animó a que la escribiera correos electrónicos trasladándole mis pensamientos. Lo hice.
Ella acusó mucho interés por mi forma de escribir y también por mi interior, que sospechaba profundo. Se enganchó a mi como yo a ella y pronto se trabó entre los dos una relación muy especial que no sabría como definir. Su voz me atraía porque me inspiraba confianza y a ella le atraía mi manera de sentir el mundo y la forma de expresar ese sentimiento universal. A pesar de que era una profesional del sadomasoquismo dedicada a realizar su trabajo cobrando un estipendio, renunció a él cuando se dio cuenta de que mi sueño o mi fantasía también era suya. Me transformé en alguien tan especial como ella lo era para mí. No sabría explicar por qué, pero de lo que estoy seguro es que ninguna otra ama dominante hubiera podido tener mi piel a su disposición. Me sentía virginal y femenino. Descubrí que la entrega es un acto profundamente tierno y femenino, y supe que deseaba entregarme a ella cuando, tras ese acto de renuncia dinerario, tan honesto y generoso por parte de ella, intuí que era una relación que debería vivir. Hay un sexto sentido en mí que me dice cuándo algo deber ser vivido. Creo que no me equivoqué.
Juan y yo siempre hemos sido amigos, desde el colegio. Después de 2º de Bachillerato cada uno siguió su camino, pero nosotros continuábamos nuestra relación de amistad. La verdad es que a mí siempre me gustó. Teníamos un carácter muy diferente, que para ser amigos encajaba muy bien, pero creo que jamás nos habríamos soportado como pareja. Sin embargo, la atracción mutua, con el paso del tiempo, fue más que evidente. Y pasó lo que tenía que pasar. Cuando empezamos la universidad, cada uno por su cuenta, no nos vimos tan a menudo. Un día me llamó y me invitó a cenar porque estaba solo y nos teníamos que poner al día en nuestras cosillas. No me extrañó que lo hiciera, no era la primera vez, incluso habíamos dormido los dos solos en su casa sin que nunca pasase nada entre nosotros. Después de cenar nos sentamos a ver una película, y cuando quise darme cuenta, nos estábamos besando como locos. Se levantó y me dio la mano para que me pusiera en pie.
- Vamos a la cama mejor – dijo.
Esta mañana te he dejado lamer mis pies varias veces, ya deberías conocer mi sabor, ahora vas a lamernos los pies a todas, si no aciertas cuáles son los míos, recibirás un castigo
Conocí el club Afrodita por casualidad. Fue una vez, hablando con una chica argentina en un chat. Curiosamente ella conocía aquel lugar en mi propia ciudad, aquí en España, y yo jamás había oído hablar de él. Por entonces ya estaba bastante aburrido de la rutina de siempre. Salir el sábado, tomar unas copas, ligar con una desconocida y llevármela a casa. Después, con un poco de suerte, pasar la noche con ella, y con menos suerte despedirla tras un polvo. Busqué durante un tiempo una alternativa en el sexo a través de internet. Al principio resultaba excitante, novedoso; dejarse llevar por la imaginación y hacer el amor con una mujer sin siquiera conocer su cara me gustaba, o más bien me gustaba el morbo, el placer de la curiosidad que siempre inspiran las experiencias nuevas.
En realidad el sexo era siempre lo mismo para mí: primero excitarme, ya fuera en mi cama con una mujer, o a través de mensajes obscenos en el correo electrónico, o masturbándome a solas en mi casa… Después siempre acababa igual, con mi cuerpo sacudiéndose sudoroso, a la vez que mi semen salía despedido al exterior de mi cuerpo. Luego nada. Al fin y al cabo eso era el sexo. O al menos eso pensaba yo entonces.
La despedida de soltera dejó a Mónica con más ganas aún de continuar con sus juegos lésbicos y masoquistas. Pasó el tiempo, logrando solamente algunas aventurillas sin mayor importancia. Lo que más había conseguido era que la amarrasen a la cama y le hicieran el amor, pero ninguna cosa como las ocurridas aquella noche, mas en una ocasión sonó el teléfono: Al responder escuchó la voz de Claudia del otro lado de la línea invitándola a conversar con ella porque tenía algo que proponerle. La sola idea de qué podría ser la hizo mojarse instantáneamente, al instante le preguntó por el lugar y momento de la cita. Su interlocutora le respondió que de inmediato, pues estaba en la puerta del edificio, agregándole que le abriese y la esperara completamente desnuda, de tal manera que se quitase la ropa mientras subía.
Terminando de hablar se desnudó lo más rápidamente posible en el mismo lugar del teléfono y una vez desnuda tomó su ropa tal como había caído y corrió hacia el dormitorio tirándola prácticamente dentro del clóset, escuchando que en ese momento tocaban, por lo que necesitó correr para abrir. Se colocó detrás de la puerta y sólo asomó la cabeza en prevención que pudiese ser otra persona. Al percatarse que efectivamente era Claudia, le franqueó la entrada.
Ella estaba preparada. Al fin llegaba el día.
Laura había probado poco a poco cada vez más, pero su naturaleza era insaciable.
Quería en esta ocasión conocer sus límites.
Su marido había sido quien la impulsara a probar cada vez más. Él le creaba las necesidades.
Al principio de su matrimonio ellos pasaban días y días encerrados probándose uno al otro, siempre sintiendo nuevas caricias; y lo que en un principio era sencillo, se fue volviendo para los dos una necesidad de buscar cosas nuevas.
Le habían ordenado el día anterior aplicarse un enema con agua fría para lavar bien sus intestinos y después se metió a la tina a darse un largo baño, era principios de verano y el calor era fuerte.
Había recibido un paquete con un mensajero con lo que debería de llevar puesto. Así, a las 7 de la tarde se preparó meticulosamente para lo que le esperaba.
Se puso un par de medias blancas con ligas a los muslos, una tanga pequeña también en blanco transparente y un brasier en juego. Sobre esto llevaba un camisón también blanco en tela satinada con filos negros que le ajustaba marcando bien su esbelta silueta, era bastante corto y cubría solamente la mitad de sus muslos. Tenía diminutos tirantes. El toque final lo daban unas zapatillas blancas.
Lucía muy atractiva. Con su cabello dorado suelto, ojos verdes, piel bronceada, hermosas piernas bien torneadas, muslos marcados, pechos medianos y firmes y nalgas redondas que se marcaban bien con el camisón que llevaba puesto.