Muchos de los que lean esta historia imagino, no se la creeran otros, se calentaran con ella pero unos pocos los que verdadramente sientan como yo si me comprenderan y sabran de verdad apreciarla, ademas de que no desesperen,
Tengo 34 años, y desde siempre supe lo que me gustaba sexualmente, disfrutaba con el dolor recibir dolor y humillacion, pero es mas facil decirlo escribirlo que encontrar, la persona o personas que puedan satisfacerte, tuve que esconder en lo mas profundo, del corazon mis verdaderas inclinaciones, mis gustos, solo cuando estaba a solas conseguia algo de satisfaccion, infligiendome todo el dolor que podia y de la forma que se me ocurria, tuve una novia, y fue un fracaso, y por fin me indepedice, marche a otra ciudad, y comence a trabajar de peluquero mi oficio, soy alto 1,92, bien parecido, y comence a buscar, de mi condicion, pero lo que yo creia que seria facil en una gran ciudad me fue imposible, solo encontrba tipos que decian lo que no eran finalmente, encontre a Roman un maduro que fue lo que mas se acerco a mis gusto y estuve con el un tiempo, pero a traves de el es donde empezo mi historia y mi felicidad
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No hay nada para mi comparable en el sexo como tener a un autentico cornudo a tu servicio, donde el matrimonio este de acuerdo y le guste el sexo asin.
Conoci a Raul, hace dos años, el con 40 años, casado y una empanada mental sexual, primero me dijo que era soltero, gay pasivo, sumiso, me lo folle agusto, varias veces, lo humillaba, y termino, dependiendo de mi, asin de simple, a veces me agobiaba con sus insistentes llamadas, pero he de reconocer que le mostre un mundo nuevo de sexo, donde el decia ser pero nunca habia probado, con el, tenia yo a mi vez otro pasivo este esclavo a mis ordenes, Raul termino derritiendose el dia, que tuve a ambos en mi piso, desde la mañana a la noche, ambos sirviendome vestidos de mujer, raul por supuesto no tenia el aguente y el gusto de mi otro esclavo, este era sadomasoquista, Raul es de humillaciones, y sumision, y en esos meses descubri que era casado, sin hijos, y conocedor de que su esposa habia tenido al menos un par de amantes esporadicos, sin trascendencia, aunque era ajena a los gustos de su marido mas bien lo tenia por un tonto, que no se daba cuenta de nada.
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Estoy ansiosa, intrigada. Es que mi Señor me mandó un correo, ayer, a última hora, con instrucciones precisas: “Te espero mañana temprano, en mi casa, para desayunar. Eso significa en ayunas ¿está claro, mi perrita?”
Clarísimo, muy claro; pero …en ayunas? Ya habíamos compartido un par de veces el desayuno, un juego erótico más que una comida formal, donde tomabamos café y las tostadas con queso, pero…en ayunas.?
Llegué a la casa de mi Amo, me recibió, cordial y cálido, como siempre.
Me condujo al cuarto que llamabamos “mazmorra” por ser el sitio donde estaban los implementos adecuados, los “juguetes” que día a día aumentaban en número y en multiplicidad de usos, no había gran despliegue de mobiliario, sí alfombras mullidas, cortinados que permitían jugar con las luces y las sombras, muebles cómodos, un sillón que era el predilecto de mi Señor, y unos almohadones que eran mis preferidos para estar a sus pies, cuando compartíamos algunos momentos.
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Mi Señor se sienta frente a mí, a contemplar el espectáculo de esta perrita movediza, tratando de obedecer, intentando relajar los brazos, mantener inmovil las piernas, ignorar las pinzas, que aprisionan sus tetas, sus labios, pero es dificil, porque el “inofensivo” pepinito, no solamente vibra dentro del culete, sino que hace que las bonitas bolitas del coñito, con sus cascabelitos simpáticos, comiencen a agitarse, levemente, claro, pero cada vez mas profunda y sensualmente.
Transcurren 5, 10, 15 minutos, sólo la mirada firme de mi Amo, me mantiene, ya no serena, pero aguantando firmemente los deseos, el dolor, las ganas de bajar los brazos, de quitar el bicharraco del culete que ya está provocando un poco de excitación, de limpiar los jugos que empiezan a correr por los muslos, las pinzas, curiosamente, se soportan, seguramente la zona está aletargada, señal segura que el dolor cuando se quiten, será significativo…
Mi Señor se acerca, me acaricia los cabellos, roza con sus manos mis antebrazos cansados, toma mis muñecas y con delicadeza, las lleva hacia mi espalda, mi cabeza se eleva en un gesto de aprecio, abre con sus labios mi boca, un solo gesto, un beso apasionado, hace que desaparezca mi cansancio, mi dolor, mis pesares, sólo Él y yo.
Cae la tarde, el día está gris, plomizo, con esa llovizna fría que cala los huesos, que invade mezclada con el viento, haciendo inutiles paraguas, impermeables, que te moja la cara, el cabello, un chubasco de aquellos; llego a casa de mi Señor, empapada, aterida, deshechas todas mis ilusiones de llegar espléndida, rendida a las inclemencias del tiempo; en realidad, rendida a los pies de mi Dueño.
Me recibe mi Amo, solícito, me observa entrar, un aspecto calamitoso, y me pregunta con una sonrisa pícara: – ¿Llueve, perrita? – borrando de un plumazo todos mis malos humores, y obligándome a la respuesta – “No, mi Señor, es que crucé por la plaza…vi la fuente, y no pude resistir la tentación de meterme dentro, para refrescarme”, provocando una carcajada franca, esa risa que me produce satisfaccion, placer, y me erotiza, tanto como su voz recia, cuando me ordena algo serio, o dulce cuando me mima, esa risa que tanto me gusta.
Me gusta tanto como su mente inquisidora, penetrante, que adivina mis dudas, mis preguntas, mis temores, mis anhelos, esa mente que cada día me sorprende con algo nuevo; como hoy, como ayer, seguramente como mañana también.
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- Hola, perrita, hoy tengo una sorpresa para ti…la voz de mi Amo, risueña y jovial, despertó sensaciones conocidas, acariciándome suavemente, mientras entraba en la habitación donde lo esperaba como a Él más le gustaba…como su perrita, a cuatro patas, bien plantada, la espalda recta, los pezoncitos erectos, las puntitas que se endurecían apenas lo adivinaban, un antifaz agudizando los sentidos…su perrita salida, como gustaba llamarme siempre, provocando un rubor avergonzado, por la evidencia rotunda de mi cuerpo ante su presencia. Al principio, me provocaba mucha vergüenza, todavía me costaba un poquito acostumbrarme a la sensación, a pesar de que mi cuerpo respondía en forma absoluta y sin dudar a sus estímulos, aún a los más sutiles y leves…
Ay, perrita, no te habras corrido, verdad? Preguntaba juguetón, sabiendo que la respuesta iba a ser la esperada: “no, mi Señor, pero me ha costado mucho, mucho aguantar…”
Y es que me había dejado con un vibrador puesto a velocidad media, no tan fuerte que fuera imposible resistir, sólo lo suficiente para notar todo el tiempo las paredes de mi coñito con una actividad continua…seguramente me habia escuchado, divertido, resoplar, respirar tratando de mantener un ritmo que alejara el deseo y las ganas, mientras me movía algo inquieta, tratando de controlar mi lujuria; sabía exactamente hasta donde el placer se mezclaba con el deseo, y la obediencia con las ganas de ser una perrita aplicada; disfrutaba intensamente de la visión de mi sumisión.
Tomó el mando del vibrador, y lo apagó…un suspiro de alivio escapó de mis labios.
Cuando poseemos y nos sentimos poseídos/as parece que no sentimos el miedo. Pero cuando se pierde el objeto poseído, cuando se deshace una pareja, de las profundidades del inconsciente sale el miedo en forma de angustia, de soledad, de vacío… como si un volcán entrara en erupción y empezara a escupir la lava que estaba adormecida en sus profundidades.
Nuestra tercera sesión comenzó un viernes por la noche, un mes después. En esta ocasión no nos acompañó Sandra, pues ella estaba agendada para trabajar al día siguiente.
Javier me indicó que ya no sería vendada y maniatada, a menos claro está de que el cliente lo pidiera. Me sentí alegre al saber que me había ganado su confianza.
Entonces me explicó que esta sesión sería intensa, pues ya había 3 clientes esperando por mí, gracias a que habían visto mi foto por internet, y les había parecido extremadamente atractiva.
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Nuestra segunda sesión fue un poco mas larga y alucinante, el procedimiento inicial fue muy parecido, aunque ahora preferí acudir sin sujetador y con una mini faldita super cortita negra que Sandra me regaló. En esta ocasión ella me ató quedando yo boca arriba.
-Ponte en tu posición normal.- Me ordenó Javier, y Sandra me dijo al oído que me pusiera a 4 patas.
Lo complací abnegadamente y tras una larga pausa una lengua empezó a degustar de mi abundante líquido vaginal. Pensé que nuevamente Sandra era a quien le tenía que agradecer, pero tras un apasionado beso Javier me dijo al oído:
-Pero que buena puta resultaste ser, yo creo que puedes caer mas bajo que una cualquiera, pues permites que profanen tu cuerpo, y no tienes idea de quien lo está haciendo-
¿Cómo que no tengo idea? Inmediatamente pensé, claro que es Sandra, me quise convencer.
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