Eran casi las dos de la tarde, cuando se encontraba repasando con su secretaria la agenda del día siguiente, el momento en que sonó el teléfono directo de su despacho. La secretaria miró extrañada el teléfono con identificador de llamadas en el que aparecía un número junto a la palabra “DIOSA”. El hombre intentó, girando el panel del teléfono, evitar que la secretaria viese quién llamaba, pero fue demasiado tarde y ella clavó unos ojos inquisitivos en su jefe. Éste bajó la mirada y le pidió que le dejase solo.
El hombre levantó el auricular y contestó: – ¿Sí Señora?
- Te acabo de enviar un mensajero con una de tus tarjetas de crédito, las que te he requisado hace meses, y quiero que cuando salgas del trabajo te dirijas inmediatamente al supermercado de delicatessen y hagas unas compras con tu ella. Apunta bien y que no se te olvide nada: dos docenas de ostras frescas, dos docenas de cigalas frescas, un kilo de percebes, dos chuletones de buey, dos botellas de champagne francés del mejor que tengan y una botella de whisky Macallan 30 años. ¿ Lo has apuntado todo, perra? – dijo una voz sensual pero dominante de mujer al otro lado del teléfono.
- Sí Señora, ¿ celebramos algo ? – preguntó el ejecutivo llamado Raymond, presidente de una de las más importantes empresas de importación-exportación del país.
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