Luego de largas conversaciones con su tío Paco, ambos habían decidido que el mejor camino para lograr el objetivo de Virginia era comenzar a entrenarse adecuadamente para ser una perfecta sumisa que fuera buscada por todos. Para ello nada mejor que Enrique, un viejo amigo de Paco que había tenido bajo su tutela a decenas de esclavas. Así concertaron una visita a la propiedad de Enrique para el día siguiente en las primeras horas de la tarde.
La residencia quedaba alejada unos diez kilómetros internándose en una quebrada, a la vera del Valle de Punilla en la Provincia de Córdoba. Allí llegaron y los recibió Enrique, un hombre de unos cuarenta y cinco años de fuerte contextura física. Pasaron a la sala en la que tanto Paco como Virginia expresaron su deseo que Enrique entrenara a la joven adecuadamente.
Enrique aceptó de inmediato y procedió a llenar una ficha con los datos personales de Virginia, que en ese momento había cumplido los treinta años. Otros datos como talla, medidas, peso etc. también fueron completados.
Supongo que no eres virgen a pesar de tu nombre, preguntó Enrique.
-No señor. Mi primera relación fue cuando tenía 17. También me la metieron una vez por el culo, pero me dolió mucho por lo cual nunca más permití que entraran por allí.-
-Te puedo asegurar que cuando demos por finalizado el entrenamiento estarás lista para servir al Amo más exigente.- Aseveró Enrique.
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