Ha sonado el despertador y me despierto al lado de mi perro. Es sábado y no trabajamos, pero tenemos cosas que hacer. Sin prisa pero sin pausa. Desperezo mi cuerpo sabiendo que me mira y me sonrío y me vuelvo para pasarle una mano por esa polla que es mía y que también ha despertado. Me levanto y voy al baño, mi perro se queda aireando la cama y la habitación que huele a sexo depravado y dulzón. Uhmm me encanta ese olor. En el baño me miro al espejo y contemplo con satisfacción que hoy el mundo y el universo entero gira en armonía, y me veo bonita, y orgullosa, y feliz, y….. juguetona. Una sonrisa más amplia se dibuja en esa cara del espejo, y digo “perro ven”. Realmente lo he llamado por su nombre de pila. El se adentra desnudo en el baño, me ve de pie y sonríe, pues mis manos están ocultas a su mirada, se acerca más hasta que nuestros cuerpos se tocan de abajo a arriba, agacha su boca a mi oído y susurra “qué quiere mi ama?”. Ah, sí, este perro es mi faldero confiado, pues con una mano grande fuerte y suave, busca mi mano para llevarla a la boca y besar los nudillos. Yo le dejo pues me gusta, es muy tierno.
Me aparto y me siento en la taza de water, y le digo “en posición entre mis piernas, perro”. Sí, ahí está, mi perro sumiso. Y con verle tan expuesto mi coño ya babea. Está de pie, manos en la nuca, piernas abiertas, cabeza hacia arriba mirando al techo. Delante de mis ojos tengo esa polla que también orgullosa mira hacia arriba. En una mano oculto tengo un lazo de mi pelo y dos pinzas de la ropa. Con el lazo ato sus huevos haciendo ochos con la base de su polla para terminar dejando algo de lazo colgando. Y esa polla empieza a lagrimear. “Un paso atrás” le digo. Me pongo de pie y pellizco un pezón, tiro de él hacia afuera y por debajo meto la pinza, de tal forma que el pezón asoma. Hago lo mismo con el otro. El ha gemido, pero de gusto. Sí, le gusta y a mí más. Cojo el lazo que cuelga y le doy un tirón, porque sí, porque me apetece, y doy otro tirón. Sabe que ese lazo es su correa para este momento. “Vamos, a la ducha, perro” y tirando del lazo, tiro de sus testículos, me meto en la ducha y él detrás mío. Me pongo mirando a la pared, y él se queda a mi espalda. Me agacho un poco y cojo con una mano que paso entre mis piernas el lazo que cuelga de sus testículo y con la otra me meto mi polla en mi coño, no quiero preámbulos. Y tirando del lazo le marco el ritmo, “cógeme de las caderas”, el ritmo suave, pero cada vez me gusta más sentir como gime de dolor y placer al tirar más de sus testículos. Aumento el ritmo, quiero más, más rápido, “si, más, sí, o Dios sí, pellízcame el clírotis” Joder, síiiiiiiiiii. Me vacío, entera. “Perro, córrete”, y follando con rudeza me la clava hasta el fondo y se corre dentro de mí. Me incorporo doy la vuelta le enfrento, castigo esos pezones al soltar las pinzas, pues la sangre al circular protesta y duele. Me agacho y desato sus testículos. Me sonrío y le digo a la polla “hasta estado muy bien”, y le doy una lametada desde el capullo rojizo y manchado de semen y flujos hasta su base. Me levanto y doy a mi perro la prueba de nuestro placer al meterle la lengua en la boca hasta la campanilla.
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