Publicado el 28/04/2010 | Categoria: Relatos | 0 comentarios

Mi nombre es Melisa. Hasta hace un año yo era simplemente una chica normal. Tenia deseos de esclavitud y podía llegar al orgasmo exclusivamente con el dolor. No era algo que practicara a menudo, pero lo disfrutaba cuando sucedía. Mi vida estaba bien hasta el día en que yo leí una rara historia. Era sobre una chica que era atravesada por un asador, asada viva y comida. Creo que tuve mas orgasmos leyendo esa historia que los que tuve jamás en la vida. Ponía un consolador en mi ano, soñando que era el asador. Sabía que era una fantasía, que nunca viviría ese momento, pero era una fantasía divertida. Llegue a obsesionarme con la fantasía de ser asada viva e incluso perdí el contacto con amigos y familia.

Un día vi un anuncio en que alguien buscaba a una chica que deseara ser empalada y asada viva. Pensando que era broma conteste al anuncio. Solo quería alguna cosa que alimentara mi fantasía. Tras unas cartas con ese hombre, me sorprendía al ver que él era sincero en su petición. Para él no era una fantasía sino una realidad.

Saber eso hizo que sintiera un gran nerviosismo y no conteste durante semanas.

A veces asusta pensar que las fantasías pueden convertirse en realidad.

Durante muchos días pensé en la oferta de ese hombre. Era lo que siempre había soñado y me había masturbado con eso. Me preguntaba si realmente me gustaría hacer realidad mi fantasía. A veces me tumbaba en la cama y creía sentir como el asador entraba por mi ano hasta aparecer por mi boca.


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Publicado el 27/04/2010 | Categoria: Fotos | 0 comentarios

Publicado el 24/04/2010 | Categoria: Relatos | 0 comentarios

Llevábamos demasiado tiempo sin follar. Ella había estado enferma, pero ya se estaba recuperando. Había sido muy activa, pero cada vez tenía menos interés en el sexo. Quizás consciente de ello me dijo: Esta noche hacemos lo que tú quieras. Yo llevaba tiempo planeando una fantasía y esa era mi oportunidad. Le pregunté si me dejaba atarle las manos, y le debió parecer un juego casi inocente, pues me dijo que si. Se desnudo por completo, y le até las manos. Después le puse sus zapatos más altos. Sólo diez centímetros, pero con un tacón muy fino, que me ponían a cien. Después le puse mi cinturón al cuello, para poder llevarla como a una perra. Finalmente le puse una gabardina sobre los hombros, y se la abroché.

La llevé hasta la puerta de casa, la abrí, y le dije:
- ¡Fuera!
- ¿Estás loco? No pienso salir así a la calle.
- Tú misma, o sales por ti misma o te saco tirando del cinturón.
- No te atreverás.

Le tiré fuerte del cinturón y del tirón se cayó al suelo ya en el descansillo. Cerré la puerta de casa. Ahora estaba fuera, con las manos atadas sin poder volver a casa, y con el cinturón asomando sospechosamente.

- Abre la puerta de casa ahora mismo -me dijo.
- O vienes voluntariamente o te desnudo aquí mismo.
- Ni muerta.
La agarré por el cinturón para que no retrocediera, y comencé a desabrocharle botones de la gabardina.
- Vale, vale, pero abróchame.

Le abroché los botones hasta arriba, y le metí el cinturón por dentro de la gabardina. Después llamé al ascensor. Entramos, sin hablar; ella parecía entre enfadada y asustada. Me preguntó que iba a hacer, pero no le contesté. Salimos a la cochera, en el sótano del bloque. Nos dirigimos al coche, abrí el maletero, y le dije que se metiera dentro. Se volvió a negar enfadada, y a mi me dio la risa. Volví a agarrarla del cinturón y a desabrocharle botones. Me rogó que no siguiera, mientras, miraba alrededor, por si venía algún vecino. Le quité la gabardina y le señalé el maletero. Seguía negándose, casi llorando. Tiré del cinturón y le di dos fuertes azotes, pero seguía sin meterse.


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Publicado el 23/04/2010 | Categoria: Fotos | 0 comentarios

Publicado el 20/04/2010 | Categoria: Relatos | 0 comentarios

Los episodios de nuestra aventura sexual, como pareja, cambiaron imprevisiblemente el futuro de nuestras vidas. Aquello que empezó por un sorprendente zarpazo mío a los genitales de mi amigo Félix y que continuó con mi flirteo telefónico, dejándome tratar como una coqueta cualquiera con el sobrenombre de Ratita, nos llevó a querer hacer perdurable nuestra amistad convertida en amor, éste en carne y ésta en pasión. Nunca me hubiera creído que de un zarpazo tan atrevido por mi parte y tan inesperado, tanto para mi amigo como para mí – que aunque me lo había imaginado muchas veces nunca creí atreverme – pudiera resultar tan fructífero.

Tan imprevisible fue todo que, antes de que me llamara Félix, al día siguiente, para que acudiera a su casa, todavía seguía yo pensando si todo había sido un sueño e, incluso, si llamándome Ratita era una manera de burlarse de lo que habíamos hecho el día anterior y, así, librarse de la mala consciencia que le podría producir haberse dejado llevar por mi instinto homosexual.

Tras su llamada, pues, llegué a casa de Félix como una loca ninfómana cargada de la sensaciones del día anterior, gozándome de todas las impresiones sensuales que mantenía vivas en mi pensamiento, en mis papilas, en mi ano, en toda mi piel, con el recuerdo del campanilleó de su polla en mi boca y en mi culo; el roce del vello de su pecho, de su pelvis, de sus nalgas, de sus muslos, de sus piernas y, en fin, de todo su cuerpo magníficamente afelpado que me cosquilleaba gratamente; mis manos en sus testículos con ansias de volver a beber de su elixir níveo, espasmódico, viscoso, acaramelado… y sintiendo dentro de mí un hormigueo que recorría todo mi cuerpo ansioso de gozar nuevamente de todas aquellas sensaciones que me hacían sentir como si flotara en un inmenso océano y me dejara llevar por el vaivén de unas olas placenteras.


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Publicado el 19/04/2010 | Categoria: Fotos | 0 comentarios

Publicado el 16/04/2010 | Categoria: Relatos | 0 comentarios

Mi cuñado era un hombre viril y, además, presumía de serlo.

Era de aquellos que decían, entre bromas y veras, que los homosexuales, por el mero hecho de serlo, no lo pagaban ni colgándolos y, más todavía, si se daban a conocer con el descaro que lo hacen algunos como, por ejemplo, en las cabalgatas del orgullo gay. Su homofobia era manifiesta, indudablemente como resultado de una mala educación sexual más que por retrogrado que, sin duda, no lo era puesto que su carácter era el de un hombre muy abierto. Así y todo, estoy convencido que a muchos homófobos les ocurre parecido a aquellos que siendo víctimas del complejo de inferioridad se manifiestan contrariamente con el síndrome del complejo de superioridad con el que tratan de ocultar aquel. Sin pretender crear cátedra, creo que con su homofobia algunos no hacen otra cosa que rechazar, inconscientemente, el temor a ser arrastrados, por su propia homosexualidad, al desprecio que esto supone para algunos en ciertos niveles familiares y sociales. ¿Podría ser éste el caso de mi cuñado?


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Publicado el 15/04/2010 | Categoria: Fotos | 0 comentarios

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