Es mi primer relato publicado aquí. Espero que os guste…
Es noche de fútbol y vienen amigos a casa.
Mi amo lo sabe, hablé con él hace un rato, y me ha dado órdenes.
Me dispongo a recibir a los invitados. Mi hombre me ha dicho antes de abrir la puerta principal: ‘estas hermosa esta noche’, y me ha besado en la boca; yo me he sentido completa.
Los hombres se acomodan frente al televisor: cerveza, panchitos, y testosterona en grandes dosis. Son felices.
Las mujeres han preferido quedarse en el jardín, la noche está fresca y el entorno es bucólico, huelen las flores ahora que el sol se ha ido, y la tierra mojada me recuerda que hace un rato mientras regaba, me distraje pensando en mi Amo, en lo que me dijo: AL PRIMER GOL SUBES Y TE QUITAS LAS BRAGAS. No puedo evitarlo, me he vuelto a excitar. AL SEGUNDO GOL SUBES, TE METES EN LA BOCA LAS BRAGAS QUE TE QUITASTES, LAS TETAS LAS PONES SOBRE EL LAVABO, Y TE MASTURBAS, TE CORRES PARA TU AMO… El clímax del placer, sin duda, imagino.
Será la primera vez que disfrute con el fútbol y es gracias a mi querido Amo, a mi Señor. Me paseo de un lado a otro de la casa, sirviéndoles a todos, y pienso: debería haberme puesto delantal y cofia, pero eso sí, sin nada debajo, desnuda y desinhibida, ellos lo habrían agradecido y ellas me habrían llamado guarra… orgásmico.
Las mujeres siguen afuera, hablan de trapitos, de música y lo envenenan todo con sus chismes y cuentos que no soporto, pero soy buena anfitriona y no las hago sentir mal.
Los hombres gritan dentro, insultan y se felicitan según las jugadas del equipo al que defienden, parecen niños.
Prefiero estar con ellos. Desde un rincón miro a la pantalla con avidez, tengo taquicardias, y mi hombre lo nota: ‘Nenaaaa, ¿qué te pasa?, ven aquí’, se ríe y les dice a sus amigos: ‘¡mi mujer viendo fútbol!, ‘¡esto nos dará suerte!’, y me sienta en sus rodillas. Hago el amago de levantarme pero me tira de las caderas hacia él. Uff, está bravo esta noche, pienso, está becerro, como él dice. Pero yo sigo con los ojos clavados, hipnotizados en la caja tonta, esperando ese primer gol que llega en unos segundos. Estalla la alegría en la casa, y yo me escapo al baño de arriba. Me quito las bragas en una micra de segundo y no me sorprende, pero sí me causa satisfacción el notar que ya estoy húmeda. Me viene a la mente mi Amo, y sonrío. Ojalá se sienta orgulloso de mí.
Bajo las escaleras despacio, regodeándome en mi obediencia, en mi reeducada sumisión que va evolucionando por y para mi Amo. En el salón todo sigue más o menos igual, hasta que yo llego. Mi hombre me busca, me mira, y me besa en los labios para celebrar el gol, me mete toda lengua en la boca, hasta la garganta. Me acerco a su oído y le susurro: ‘cochino’, y él me babea en el mío:’puta’, le sonrío con dulzura, pensando: ‘no sabes cuánto’, y me marcho a la cocina. Me quedo apoyada en la encimera de mármol, pensativa, mordiéndome las uñas, son los nervios que no me dejan.
Quiero quedarme con cada detalle, con cada sensación para después hacer partícipe de todas ellas a mi querido Amo, a mi Dueño, a mi Adquisidor. Todo esto es por él, y por mí supongo, porque tengo ambiciones, soy una perra un poco ambiciosa, pero eso no es nuevo, él ya lo sabe. Ignoro si le molesta, y es que quiero ser la mejor para mi Amo, y por eso me esfuerzo, para que me pasee por la calle como su perra, y se sienta orgulloso de llevarme atada y sumisa, a su lado, maravillosamente adiestrada por él. Ruge de nuevo el salón, salgo frenética de la cocina, no voy a ser tan afortunada, me digo, pero enseguida compruebo que ha vuelto a subir el marcador, río a carcajadas, y esta vez soy yo quien voy a mi hombre y le como la boca, le lamo la lengua y se la muerdo, él me coge el culo y me lo pellizca. Cuando me quiero dar cuenta ya estoy encerrada otra vez en el baño. Me tapo la boca con mis braguitas, me echo sobre el lavabo y me miro al espejo, ‘soy tuya Amo, tu puta’, gimo sin parar mientras observo cómo mis pezones se hinchan y se ponen duros, y entonces me toco, me masturbo con violencia, gozando cada contracción, entregándome a mi Amo, satisfaciéndole para sentirme más y más dócil, más servicial, más puta, más perra para él. Me alivia el orgasmo, ha sido obsceno y corto pero intenso, el más intenso de todos. El mejor.
Todavía me tiembla todo el cuerpo. ‘Amoooooooo’, acabo expirando sin aliento, y me dejo caer en el suelo. Me lavo las manos. Estoy sudorosa. Me arreglo el pelo y me retoco el maquillaje, nada más, y bajo sucia, oliendo a sexo, sintiéndome libre y pecaminosa. Cuando llego al salón la euforia ya se ha calmado. Me planto delante de los hombres y mirándoles a los ojos, desafiante, como ordena mi Amo, les ofrezco helado. Me siento una diosa. Todos me miran, ni uno solo es capaz de obviar mi presencia, y aceptan mi ofrecimiento, cogen de mi helado como si con ello me tomaran a mí. Me desean, y eso hace que me palpite el coño.
Me tengo que volver para no reírme lascivamente en sus caras. Me gusta demasiado esto. Debo estar convirtiéndome en una puta de cuidado. Y qué gusto ir sin bragas. Me provoca sentarme frente a ellos y abierta de piernas conversar de trabajo, de política, de algo que les haga entender que este coño caliente que tengo, también piensa, y que mi hombre me vea, y ronee de mí, de la pedazo de puta que tiene por mujer, y no esas bobas con risas de rata que están en el jardín hablando del fenómeno ‘Esteban’. Todavía me regodeaba en mis pensamientos cuando de nuevo oigo gritar: ¡GOL! No me lo puedo creer. ¿Qué debo hacer ahora? Mi Amo no me dio indicaciones para esta variante. No pasa nada, sé improvisar.
Los hombres disfrutan enloquecidos, y yo: sibilina, busco hueco en el sofá, me deslizo entre ellos, rozándome con todos, pero sin perder las formas, como una perra refinada y retorcida que disfruta su sexualidad con inteligencia. ‘Soy tuya Amo, mírame’, voy diciendo en voz baja con atrevimiento, mientras me refriego con todos ellos. ¿Me habrá oído alguno? Y vuelvo a tocarme, esta vez delante de todos, con cuidado pero sin miedo mi mano me da placer debajo de un cojín. Mi cara de cínica, de viciosa, debe estar alertando a mi hombre porque se arrima a mí y me dice al oído: ‘qué sexy estás esta noche’, ‘mi hembra nos trajo suerte’. Yo no digo nada, pero pienso: ‘me voy a correr en la cara de todos y no os dais cuenta’. Solo mi Amo, al que veo en mi imaginación, me observa, me alienta y me dice que continúe: PERRA, AHORA VAS A GRITAR PARA MI, CADA SUSPIRO ES MÍO PUTA, TE VOY A REVENTAR, QUIERO CASTIGARTE Y NO SÉ POR QUÉ NI CÓMO LO HARÉ, PERO DISFRUTA AHORA PUTITA MÍA, QUE LUEGO LLORARÁS. No sé por qué me dice eso, ¿qué estará ideando? ¿Acaso hice mal masturbándome de nuevo?
Me corro rodeada de hombres. Uno de ellos me tira una cerveza encima. Uff, hay demasiada tensión aquí. Subo a cambiarme. Mi hombre me sigue. Me tira en la cama, bocabajo, me tapa la boca con la mano, y me busca el sexo debajo de la falda.
¡¡¡¿Vas sin bragas?!!!, me dice, ¿pero estás loca? Intento explicarle, excusarme de alguna manera, pero no me deja hablar, me ha girado, me ha puesto la almohada en la boca.
¡Qué putaaa!, me dice a la cara, y entonces me penetra.
Hemos follado, y le he pedido que me pegue por ir sin bragas, por mi descuido y por ser tan guarra. Lo ha hecho, me ha dejado señalado el culo, y los muslos. Después me ha dicho ‘baja conmigo, nena, luego te aseas’. Y hemos bajado y despedido a los invitados. Ellas me han mirado de una forma rara, pero no me interesa en absoluto lo que piensen de mí. Ellos me han besado. Alguno hasta me pasó la mano por la cintura, y uno me dijo al oído: ‘ni se te ocurra no sentarte con nosotros en el próximo partido’.
Se ha quedado la casa en silencio. Y yo me he metido en la ducha, y antes de nada, le he dicho a mi Amo: ‘aquí está tu puta, haz uso de ella si te apetece’.
