Aquel día de mi iniciación estaba nervioso. Mi ama mi había citado a las seis de la tarde en su estudio, un lugar recóndito ubicado en un barrio de la ciudad. Mientras recorría la calle recordaba los momentos previos que había vivido con ella. La conocí a través de una página web en donde se relacionaban amas de todo el país. Ella aún no tenía web, ni tampoco aparecían fotografías suyas, por lo que no sabía como era su rostro cuando contacté telefónicamente con ella. Inmediatamente me atrajo su voz dulce, que me sedujo por completo. Le dije que aún no estaba seguro de querer iniciarme como sumiso, pues quizás se trataba solamente de una fantasía, por lo que sólo me animó a que la escribiera correos electrónicos trasladándole mis pensamientos. Lo hice.
Ella acusó mucho interés por mi forma de escribir y también por mi interior, que sospechaba profundo. Se enganchó a mi como yo a ella y pronto se trabó entre los dos una relación muy especial que no sabría como definir. Su voz me atraía porque me inspiraba confianza y a ella le atraía mi manera de sentir el mundo y la forma de expresar ese sentimiento universal. A pesar de que era una profesional del sadomasoquismo dedicada a realizar su trabajo cobrando un estipendio, renunció a él cuando se dio cuenta de que mi sueño o mi fantasía también era suya. Me transformé en alguien tan especial como ella lo era para mí. No sabría explicar por qué, pero de lo que estoy seguro es que ninguna otra ama dominante hubiera podido tener mi piel a su disposición. Me sentía virginal y femenino. Descubrí que la entrega es un acto profundamente tierno y femenino, y supe que deseaba entregarme a ella cuando, tras ese acto de renuncia dinerario, tan honesto y generoso por parte de ella, intuí que era una relación que debería vivir. Hay un sexto sentido en mí que me dice cuándo algo deber ser vivido. Creo que no me equivoqué.
