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Publicado el 10/01/2010 | Categoria: Relatos sado | 0 comentarios

Sadomaso. Desde que era su esclava iba de orgasmo en orgasmo, como nunca en su vida, su amo era el hombre más excitante y haría cualquier cosa por complacerle.

Era de noche, la habitación estaba sólo ilumidada por una lámpara en el

techo. No había casi muebles, sólo una jaula, grande donde estaba una mujer

desnuda, dormida, con un collar de perro en el cuello.

Había una puerta de metal en un extremo de la habitación, la cual se abrió

lentamente, un hombre entró, vestido solamente con botas y un pantalón negro

de látex, en su cara llevaba una máscara dejando ver sólo sus ojos, negros e

intensos. Su mirada se dirigió a su esclava en la jaula…sonrió…era toda

una perra pensó.

-Despierta, puta!-gritó al tiempo que daba una patada a la puerta de metal


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Publicado el 09/01/2010 | Categoria: Fotos sado | 0 comentarios

Publicado el 07/01/2010 | Categoria: Videos sado | 0 comentarios

Si te gustan las mujeres que son sumisas y te dejan hacerles lo que sea que a ti te plazca, no puedes dejar de mirar este vídeo. Una rubia súper guapa es amordazada y luego le desgarran el ando con dildos y hasta una mano. Mira como disfruta la sensación de que le desgarren el culo con una enorme polla.

Publicado el 06/01/2010 | Categoria: Relatos sado | 0 comentarios

Todo mi cuerpo se puso en tensión cuando oí el sonido de la puerta al abrirse. Mis ojos trataron de ver en la oscuridad a través del pañuelo que los cubría, pero fue inútil. Escuché sus pasos cuando entró en la habitación y luego la puerta al cerrarse. Deseé poder ver su expresión la primera vez que me mirara, pero sabía que a aquellas alturas del juego sólo vería lo que él quisiera que viera y sentiría lo que él deseara hacerme sentir. Mi respiración se aceleró a medida que lo intuía más y más cerca. Esperaba que me hablara, que me tocara… algo. Pero no lo hizo. Empezó a moverse por la habitación sin dar muestras de haber notado mi presencia. El silencio y la espera, la inactividad, empezaban a crisparme. Llevaba un buen rato inmóvil y a ciegas en la postura en la que él me había ordenado esperarle. Sentada en el borde de la cama, con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda. Un sujetador negro dejaba mis pechos casi al descubierto y me había recogido la falda hasta permitir que mi culo descansara directamente sobre la colcha. No llevaba bragas, pero un juego de bolas chinas llenaba mi coño y la anilla que permitía extraerlas colgaba entre mis piernas, enfundadas en medias negras sujetas por un liguero. Un collar de cuero negro, con la placa sin grabar, rodeaba mi cuello, y la correspondiente cadena colgaba a mi espalda. Se acercó y me rozó un pezón metiendo los dedos por dentro del sujetador. Fue una caricia rápida, insatisfactoria que acabó con un pellizco, como si la hiciese sólo para recordarme su presencia. Luego volvió a alejarse y empecé a escuchar sonidos a mi alrededor. Plásticos, papeles, puertas y cajones que se abrían y se cerraban. Me esforcé por tratar de adivinar qué estaba haciendo en cada momento. Era una forma de aliviar la oscuridad que me invadía. Supuse que estaba desempaquetando los objetos que me había ordenado traer. La fusta, las pinzas, el vibrador y el tapón anal estaban adecuadamente colocados sobre la mesa según sus instrucciones, bien alineados y empaquetados. Pero por muy meticuloso que fuese, aquellos juguetes no justificaban el tiempo que les estaba dedicando ni explicaban parte de los ruidos que escuchaba. Me preguntaba con qué pensaba sorprenderme, qué Durante años, fantasías de sumisión habían ocupado mi mente. Había necesitado un amo que me enseñara el verdadero placer de la entrega, que canalizase mi placer, mi dolor, mis deseos más ocultos, y nunca había creído que lo encontraría. Pero entonces él había aparecido y yo había absorbido cada una de sus palabras. Había obedecido cada una de sus órdenes y cumplido los castigos que me había impuesto en la distancia. Tenía una forma extraña de adelantarse a mis deseos, de descubrirme nuevos matices que quizás no habría llegado a conocer por mi misma. Al cabo de unas semanas, mi mayor deseo y mi mayor temor era acudir a él. Entregarle tanto placer y tanto dolor como pudiese desear de mí. Una sombra de miedo estaba presente en cada uno de los pasos que daba hacia él. Cuando tenía tiempo para pensar, las dudas llenaban mi mente, cuestionaba mis deseos, mis necesidades, mis certezas. Las noches se llenaban de momentos en los que mi cuerpo se desesperaba por estar con él y mi mente juraba que no volvería a contestar a una sola de sus llamadas. En el fondo, siempre fui perfectamente consciente de que, si él decidía llamarme, no podría dejar de resistirme. Y por fin la llamada llegó, sorprendiéndome cuando menos la esperaba. Los últimos días antes de acudir a él fueron frenéticos. Al principio me invadió la indecisión. Pensé en poner alguna excusa, en resistirme, en abandonar aquel juego de una vez, en renunciar de una vez a todas mis fantasías, pero no pude. Después de días de romperme la cabeza, por fin llegó la calma. Aún no sé cómo tomé la decisión.


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Publicado el 05/01/2010 | Categoria: Fotos sado | 0 comentarios

Publicado el 03/01/2010 | Categoria: Videos sado | 0 comentarios

Publicado el 02/01/2010 | Categoria: Relatos sado | 0 comentarios

Sado, trío. Su Amo, quería desde hace tiempo que la azotara alguien que no fuese él, pero delante de él y su profesor de informática sería el candidato perfecto.

Hola, os voy a contar una morbosisima experiencia, espero que os guste, besos.

El profesor de informática que me daba clases en aquel año, era un poco mayor, bueno, yo ya tenía 27 años, era la mayor de la clase, y asistía a esta cuando terminaba mi jornada laboral, aún no tenía pc, y estaba deseando comprarlo, pero debía manejarlo bien, por eso me apunte al curso nocturno de informática, aquel profesor que llegue a conocer pero que muy bien, tendría unos 48 ó 50 años.

Antes y par a poneros en antecedentes, os diré que con mi novio, manteníamos una relación de Amo y sumisa, que a los dos nos encantaba, habíamos llegado a ello casi jugando, pero ahora la vivíamos muy en serio, habíamos redactado incluso un contrato que era muy duro, pero a mi me encantaba, yo era quien más ponía pero cuando me fui adentrando en el mundo del bdsm, descubrí con gran asombro que me excitaba sobremanera, ataduras, exhibicionismo, sexo oral, anal, azotes, disfraces, todo lo probábamos y nos gustaba, en especial, la obediencia, la sumisión en su más abierta versión, a mi novio le gustaba ponerme a prueba, y cada vez pedía más, y el castigo preferido eran los azotes si no obedecía incluso Si lo hacia bien, ya que en el contrato de sumisión se recogía que él en cuanto a Amo podía azotarme donde quisiera y como le apeteciera, sin aviso, pero no solo le gustaba eso.


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Publicado el 01/01/2010 | Categoria: Fotos sado | 0 comentarios

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