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Publicado el 10/01/2010 | Categoria: Relatos sado | 0 comentarios

Sadomaso. Desde que era su esclava iba de orgasmo en orgasmo, como nunca en su vida, su amo era el hombre más excitante y haría cualquier cosa por complacerle.

Era de noche, la habitación estaba sólo ilumidada por una lámpara en el

techo. No había casi muebles, sólo una jaula, grande donde estaba una mujer

desnuda, dormida, con un collar de perro en el cuello.

Había una puerta de metal en un extremo de la habitación, la cual se abrió

lentamente, un hombre entró, vestido solamente con botas y un pantalón negro

de látex, en su cara llevaba una máscara dejando ver sólo sus ojos, negros e

intensos. Su mirada se dirigió a su esclava en la jaula…sonrió…era toda

una perra pensó.

-Despierta, puta!-gritó al tiempo que daba una patada a la puerta de metal

para cerrarla.

Ella despertó sobresaltada, de inmediato se puso a cuatro patas, sintiendo

una gran excitación, su amo había llegado. Ella esperaba ansiosa estos

momentos, su placer era el placer de su amo, su propia humillación era al

mismo tiempo su máximo deleite.

El se acercó y abrió la jaula, tomó el extremo de la cadena del collar que

ella llevaba al cuello.

-Camina perra!- le ordenó

Ella salió de inmediato a cuatro patas, se detuvo ante su amo, de

inmediato inclinó la cabeza y empezó a lamer sus botas con adoración.

A él le complacía aquella muestra de adoración, le excitaba verla así, con

su culo al aire al agacharse a sus pies. La aceptó como esclava sobre todo

por su trasero, el cual encontraba firme y deseable, bonito y sobre todo sin

marcas, quería ser él quien pusiera las marcas del látigo en sus nalgas y

culo.

Su esclava era de unos 30 años, bonitas facciones, pelo negro, piel clara

y un cuerpo firme, delgada, con unos pechos no grandes ni pequeños.

Pero lo que le agradaba más era su trasero. Tenía planeado para ella una

buena sesión de latigazos para calentarla.

-Detente, esclava!- le ordeno.

Ella se detuvo de inmediato, permaneció de rodillas, la cabeza baja, y las

manos unidas a su espalda.

-Camina, puta!- ordenó el amo, y jaló de la cadena para que ella avanzara,

lo cual hizo como un perro , a cuatro patas detrás de él.

La hizo pasar a otra habitación donde había una cama, una mesa, y algunos

muebles más, así como unas argollas unidas a la pared casi pegadas al techo.

El amo se sentó en la cama y tiró de la cadena de la mujer.

-Quiero que chupes mi verga, lentamente, utiliza sólo tu boca, no las

manos, y ten cuidado, no quiero correrme en tu boca todavía- le ordenó al

tiempo bajaba la bragueta del pantalón y sacaba su verga, la cual, hay que

decirlo era gigantesca.

La esclava se arrastró sobre sus rodillas hasta quedar ante aquella verga

majestuosa…ya sentía crecer su excitación, tenía húmeda ya su vagina sólo

de pensar en probar el falo de su amo.

Desde que era su esclava iba de orgasmo en orgasmo, como nunca en su vida,

su amo era el hombre más excitante que hubiera conocido, haría cualquier

cosa por complacerle. Le encantaba su falo, pero su cuerpo en sí era

precioso, poderoso, con el pecho lleno de vello, una espalda ancha y unas

manos fuertes, sus ojos cafés le transmitían un deseo y una voluntad únicas,

lo amaba, lo adoraba.

Comenzó a lamerla toda, de arriba a bajo, saboreando cada rincón y

demorándose en los sitios más sensibles. Luego se la tragó toda,

enterrándola en su garganta, y chupandola con cuidado para que le agradara a

su amo.

Después de un rato él le ordenó detenerse, ella obedeció de inmediato.

él se abrochó el pantalón y se puso de pie tirando de la cadena y llevando a

su esclava hasta unas argollas que pendían de la pared, ahí la sujeto con

esposas, de las manos, por encima de su cabeza.

-Separa las piernas, puta

Era tan excitante verla así pensó el hombre, su cuerpo tenso por el miedo

y la excitación, su piel sin marcas…aún. Tomó un pequeño látigo de piel no

muy grueso, ya que no quería que la marcara demasiado.

Le pasó el látigo por el cuerpo, acariciándola, len

tamente, como para que

saboreara primero el temor de lo que seguía. Ella no dijo ni una palabra, ni

una súplica, sabía que si lo hacía él la castigaría aún más.

No la hizo esperar mucho, le dio el primer azote en las nalgas, luego las

piernas, lo hizo varias veces y cada vez más fuerte, ella no pudo evitar

gemir cuando los azotes eran ya más fuertes, y unas lágrimas escurrieron por

su rostro.

-Aahhmm…….aaaagg…..-gemía la esclava

Su bonito trasero se enrojeció y sus piernas temblaban, pero no recibió

piedad de su amo, cuando él considero suficiente se detuvo, y colocó su mano

entre las piernas de ella buscando su coño. Estaba excitada la muy perra,

pensó.

Con una mano la tomó de los cabellos y jaló su cabeza para besarla en la

boca, ella correspondió con pasión y deleite. Luego la desató y la llevó a

la cama.

-Voy a cogerte como la perra que eres! ponte a cuatro patas en la cama!

Enterró su verga en su culo, de una sola embestida, y le tomó los pechos

con las manos, al tiempo que la sacaba y metía acariciaba sus pechos

apretándolos con los dedos.

Ella sentía que iba a correrse de un momento a otro, pero no quería

desagradar a su amo, si se daba cuenta que se corría sin su permiso, la

castigaría, así que trató de detener el orgasmo lo más que pudo, de pronto

él se detuvo y le hizo darse la vuelta.

-No eres más que una puta!- le gritó al tiempo que la abofeteaba, ella

cayó en la cama, tratando de cubrirse la cara.

-No por favor amo! seré obediente! por favor!

-Arrástrate ahora mismo! puta desgraciada!

Ella de inmediato se tiró al piso y empezó a besar los pies de su amo

murmurando perdón entre lagrimas.

-Chupamela!

Esta vez cuando ella se la chupaba el se corrió en su boca, ella trato de

tragar todo, pero derramó un poco que luego tuvo que lamer del suelo.

Él la llevó de vuelta a la jaula, a cuatro patas, como un animal, y la hizo

entrar de nuevo.

-La próxima vez que me hagas enfadar te arrancaré la piel de la espalda.

Ahora, quiero que tragues esto.

Ella estaba arrodillada dentro de la jaula, así que se acercó

arrastrándose sobre las rodillas, para acercarse a él. A través de la reja

él sacó su verga y comenzó a mearla, dirigiendo el chorro de orina a su cara

y ella abrió la boca tratando de tragar lo más posible.

Cuando terminó de orinar, el hombre se sonrió, era toda una perra, no

había duda. La próxima vez la cogería por el ojete, no lo había hecho

todavía, – mmmmm,- pensó, ya puedo saborearlo.

Se fue de la habitación dejándola ahí, sola. Ella cuando vio que él no

estaba comenzó a masturbarse, recordando todo lo que él había hecho con ella

esta vez. Estaba tan excitada, su amo era lo máximo, y saborear su falo fue

lo mejor-mmmmm- esperaba que la próxima vez la castigara aún más, disfrutaba

de ser castigada por él, se lo merecía, al fin y al cabo era una perra.

-mmmm….aaahhh….mmm

El orgasmo llegó y ella suspiro extasiada, se durmió enseguida con una

sonrisa en los labios….mi dulce amo….mi amado amo.

REBECCA

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