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Publicado el 27/12/2009 | Categoria: Relatos sado | 0 comentarios

Meses atrás participé en una de esas convenciones que las grandes empresas suelen organizar no se sabe muy bien para que, a lo mejor para recreo de los empleados. Durante las sesiones de trabajo mi mirada se cruzó con la de una chica a la que no conocía pero que deduje que pertenecía a dirección general. Ojos negos, grandes, contorneados en azul profundo. Cuerpo sensual, de perfiles redondeados. Movimientos elegantes y zapatos de tacón. Primero no le di importancia pero como los encontronazos siguieron comprendí rápidamente que aquello no era pura casualidad sino una invitación que no había que desaprovechar. Cuando se presentó la ocasión, en una de las pausas, me lo apañé para coincidir con ella cerca de la máquina cafetera

Podeis imaginaros lo que siguió: en que departamento trabajas ? Ah, que interesante ! Pues yo… Te apetece un café… ? A cada nueva pausa, un nuevo encuentro y bla, bla bla… En un momento dado, hablando del trabajo, me vino a decir ¿sabes que tienes fama de ser un hombre duro?

Me sorprendio, porque precisamente no era este el perfil que yo me estaba trabajando dentro de la empresa. Pero mas adelante empecé a sospechar de que iba cuando ella misma empezó a introducir en la conversación palabras como “ataduras”, “obediencia”, “disciplina”, “látigo”… Aparentemente se estaba refiriendo de forma figurada al trato con el personal de mi sección, pero cada una de estas palabras venía acompañada de un no se que que las hacía resaltar. Era evidente que me estaba dando a entender que conocía mi gusto por el sado, algo que yo llevaba con discreción pero que tampoco ocultaba. Entre otras cosas porque compartía experiencias con gente de la empresa Cruzando indirectas e insinuaciones comprobé que lo suyo iba mas allá de la simple curiosidad y del mariposeo femenino.

Era evidente que le picaba el morbillo, porque al rato de decirle -siguiendole la corriente- que en mi departamento la indisciplina era castigada con azotes y que tenía a mis colaboradores encadenados a sus mesas, vino a decirme que a lo mejor pedía el traslado para trabajar en él, porque su jefe era un viejo fofo y blandengue que no estimulaba al personal, y tal y cual…

Había que cazar al vuelo semejante oportunidad. Dejé caer un sobre de azucar al suelo sin hacer el mas minimo gesto para recogerlo y lanzándole al mismo tiempo una mirada que era a la vez una orden para que lo hiciese ella. Lo hizo. Se agachó a mis pies y me lo entregó con una sonrisa y un brillo especial en sus ojos. Un brillo que me resultaba familiar porque era el mismo que veo a menudo en la mirada de mis esclavas Aquello era toda una declaración, por lo que acordar una cita en mi habitación fue solo cuestión de pocas horas.

Cuando llamó a la puerta sabía perfectamente a lo que venía, asi que no fueron necesarios largos prólogos. Así que deseas venir a trabajar conmigo en mi departamento ? Tu misma me has dicho que tengo fama de ser un hombre duro, o sea que ya sabes que eso puede significar que te convertirás en una esclava a mi servicio ?

Desde siempre he sentido esa vocación de servicio que nuestra empresa nos exige constantemente Servicio incondicional a todas horas ? Siempre a la entera disposición de mis superiores deseando hacer a su gusto todo lo que me pidan… bueno.. lo que usted mande, mi…. jefe ? amo ?

Amo, por supuesto Y tu te llamas esclava, verdad ? Si ese es el deseo de mi amo lo aceptaré sumisa y obediente Ese es ahora mismo uno de mis deseos, pero lo que mas me apetecería sería poner a prueba tus habilidades con la boca y con la lengua, uno de los requisitos imprescindibles para asegurarme de que trabajar contigo será un placer

Mi lengua está dispuesta para lamerte y mi boca cálida y humeda, a punto para que la folles Hace ya bastantes dias que tengo ganas de llenarla con una buena verga, y ese paquete tuyo es de lo mas apetitoso que he visto ultimamente.

Empieza si quieres, mi amo, pero si eres capaz de contenerte unos pocos minutos, tengo para ti una soprpresa: un collar de perra. Sabía que iba a encontrate y he venido preparada. Durante todos esos días he estado alimentando mis fantasías, así que hoy vengo dispuesta a descargarlas de golpe.

Tengo ganas de sentirme humillada como una perra callejera, soy una puta a tu servicio. Maltratame. Humillame. Follame salvajemente. Demuestrame que todo lo que man dicho de ti y de tus virtudes como amo es poco. Muy bien, le dije tratando de mantenerme frio y distante. Pero vamos a empezar por ese collar. Traemelo como lo que eres, una vulgar perra callejera. Se acercó a mi a cuatro patas, llevando el collar en la boca. Era un bonito collar, bastante ancho, de esos que dificultan un poco los movimentosl del cuello. Cuando me lo ofreció, me dijo: cuando cierres este collar alrededor de mi cuello ya no tendré escapatoria. seré tu posesión.

Usame a tu antojo y procuraré satisfacerte hasta el limite Todavía soy una esclava inexperta pero tengo verdaderas ganar de aprender, así que no pares de usar tu látigo para corregirme y enseñarme todo lo que tu esclava debe saber Le coloqué el collar con firmeza y cuando cerre la ultima hebilla tiré de la cadena hasta pegar su cara a mi polla. Tragatela !

La engulló y se puso a trabajarla como una buena chupadora, sin parar de gemir Mmmm, Agghh La muy guarra lo hacía de maravilla y me recree cuanto pude en su boca al tiempo que con el pie hurgaba en su coño. Lo tenia completamente inundado En un momento dado corte en seco y le dije de forma tajante Ahora quiero tu culo Me miró desde abajo, porque seguramente esperaba que me corriera en su boca Eres una perra, verdad ? Puesto ponte a cuatro patas, levantalo y espera a sentir como te lo taladro. Además mientras te esté enculando quiero que te masturbes hasta correrte Lo hizo y el tembor de sus orgasmos también provocó mi corida.

Una verdadera explosión Te has quedado sin probar el sabor de mi leche, verdad ? Pues abre bien la boca y cierra los ojos. Sin darle tiempo, empecé a mear sobre su cara y a rociarla completamente con mi orina,. Al principio la rehuia, pero bastaron dos tirones de la cadena para que acercase la boca y se la llenase completamente. Al final, incluso tragó algo. Bueno, guarra -le dije mientras permanecía de rodillas en el suelo, completamente empapada- acabas de demostrarme que estás capacitada para trabajar conmigo y que sabes amoldarte a mis gustos. Pero ahora quiero comprobar si eres capaz de afrontar la dureza de tus condiciones de trabajo. Así que pon la habitación en orden y duchate. En diez minutos debes estar sirviendome una copa.

No se si fueron ocho, nueve o diez minutos. pero no tardó mucho en traerme la copa. Dispuesta a seguir adelante ? Hasta donde tu me lleves, mi amo Muy bien. Pues a partir de este mismo momento no sólo eres mi esclava si no también mi prisionera. Acto seguido la esposé y luego chasquee sonoramente los dedos.

Al momento apareció por la puerta del fondo una mujer perfectamente enfundada en una completa y espectacular indumentaria sadomasoquista: botas altas, guantes, corpìño ajustado, collar con puas y gorra de plato, todo en cuero negro, además de un látigo trenzado que sostenía con las manos. Me llamaba, mi amo ? Si. Acércate.

Era Doga, mi esclava preferida, la reina de mi cuadra, a la que había telefoneado para que acudiese rapidamente tan pronto como intui que sucedería lo que efectivamente estaba sucediendo. Ella me trajo el instrumental imprescindible para continuar la sesión y permanecía agazapada, a la espera de ser llamada…

Que te parece la sorpresa?. Estoy en todo, verdad ? dije dirigiendome a la aprendiza de esclava, que sin duda no esperaba este “Deus ex machina” Efectivamente, estoy empezando a descubrir lo que es un amo de verdad, que sabe anticiparse a las situaciones. Intuyo lo que me espera y por supuesto no voy a cortarme ahora, cuando al parecer va a empezar lo mas interesante.

Cuando llamé a tu puerta estaba caliente y ansiosa por sentirme tratada como una vulgar perra. Ahora se que eres un sibarita del sado y que vas a darme el trato que merece una puta esclava como yo. Ordename cualquier cosa y me arrastraré por el suelo para complacerte. Azótame a latigazos y verás como me estremezco de gusto y me convierto en una salvaje tigresa. Enjáulame y podrás follarme cuando quieras a través de los barrotes de mi prisión…

Todo esto esta muy bien y me excita, putita. Pero no serás una esclava digna de ser tenida en cuenta entre las mejores hasta que ya no tengas que decirmelo y seas capaz de demostrarmelo solo con tus poses, tus miradas, tus gestos y tu comportamiento. Para eso te pongo a los pies de Doga. Ella será tu domadora y tu carcelera.

Doga conoce perfectamente mis gustos y te trabajará para amoldarte a ellos. Obedecerla a ella es obedecerme a mi y desobedecerla a ella es desobedecerme a mi. Pero no te lo aconsejo, porque la mas minima desobediencia significaría un castigo muy severo. Dejate llevar y estoy seguro de que muy pronto estarás lamiendo las botas de Doga en señal de agradecimiento. Doga. Hazte cargo de la prisonera y sometela a un plan de formación intensivo.

Ella desea venir a trabajar a mi departamento y quiero que le enseñes nuestras normas Sin excesivas contemplaciones y con aquel aire frio y duro que adoptaba como domina, Doga se dirigió a la esclava con un escueto y seco Acércate, zorra ! Apenas dio un paso, Doga hizo restallar el látigo en el aire gritando: a cuatro patas. perra ! La reacción de la esclava fue inmediata y la verdad es que bastaron unos pocos latigazos sonoros para que acabase comportandose como una docil gatita, entregada por completo a la voluntad de su domadora. Durante mas de una hora Doga la montó, la azotó, la amordazó, pinzó sus pezones, la encadenó, la penetró y probó para mi todos los resortes de la nueva esclava.

Al final, la colocó frente a mi y después de examinar atentamente todo su cuerpo, me dijo: Amo. Si me concedes el placer de domesticar esta zorrita, creo que en una semana podré hacer un buen trabajo para que esté en condiciones de servirte como a ti te gusta.

Te lo concedo. Exactamente una semana después me trajo aquella chica convertida en una ardiente puta, hambrienta de polla y látigo. Ahora mismo, mientras escribo estas lineas, la tengo amarrada y amordazada, a punto para una nueva sesión de sexo explosivo. Es una lástima que no podais escuchar sus gemidos ni ver como se contorsiona enfundada en su excitante indumentaria de látex y encaramada en lo alto de sus interminables tacones.

No hace falta decir que la esclava ya ha sido transferida a mi departamento, atendiendo a la solicitud cursada a la alta dirección de la empresa y avalada por los informes favorables que yo mismo firmé. Desde entonces trabaja permanentemente encadenada y de vez en cuando la azoto publicamente en un espacio que hice habilitar a proposito en el centro mismo de nuestra planta. Lo curioso es que desde las altas esferas de la empresa me han felicitado efusivamente por la considerable mejora de la productvidad que dicen haber observado.

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