Tumbada en el suelo de la habitación, pensaba como había llegado a semejante situación. Su desesperación se hacia patente con el transcurso de las horas, sus muñecas hacia tiempo que le dolían por la presión de las cuerdas y sus codos, pegados uno a otro por las ataduras, ni los sentía. Las piernas, largas y ligeramente mosculadas, se juntaban con sus pies, las cuerdas rodeaban sus tobillos y muslos en una presa que le impedía el movimiento. Una cuerda apretaba sus pechos dejándolos expuestos y cada vez que intentaba cambiar de posición se comprimían contra el suelo y le producían un dolor intenso.
Viernes en el trabajo. Tres amigas sentadas en la oficina, planean plan para el fin de semana. Marta, no muy alta pero con un cuerpo espectacular y sobre todo unos pechos descomunales, los cuales, siempre lucia con unos escotes provocativos, decía.
-Tengo ganas de hacer algo diferente este fin de semana, siempre acabamos en un Púb. Intentando ligar con chicos que lo único que quieren es un polvo rápido y adiós muy buenas.
Susana, se la queda mirando con cara perpleja y le responde.
-¿Y no es precisamente lo que tú buscas? -Si, pero me da rabia que sean ellos los que me den el portazo, tengo ganas de ser yo la que manda a paseo ha alguno. Susana, una mujer atlética, con unas medidas perfectas y unas tetas talla noventa y cinco, mientras se ríe, le comenta a la tercera contertuliana.