Él inspeccionaba la cabaña, tal y como le había indicado su compañero era un lugar perfecto para pasar un par de días, incrédulo buscó las ocultas cámaras de video convenientemente dispuestas para que ningún lugar del agradable duplex quedase fuera de control, no podía creerse que podría grabar en video sus sesiones con ella, habían tres cámaras en el duplex, una en la parte superior que abarcaba la amplia cama de matrimonio, otra en el salón y la última en el baño y todas discretamente camufladas e interconectadas para grabar en el mismo lugar desde ángulos diferentes.
Era una amplia y acogedora cabaña de montaña habilitada en dos plantas y decorada en ambiente rústico, disponía además de chimenea en el salón y en el piso superior donde estaba el único dormitorio con una amplia cama con un perfecto cabezal de hierro forjado perfecto para atar a su sumisa y espejos discretamente colocados para no perderse detalle de las evoluciones en el catre. Se sentó en el borde de la cama y miró su reloj, estaba seguro que a ella le encantaría el lugar, apenas faltaba unos minutos para que su avión aterrizase y teniendo en cuenta lo buena conductora que era aún tardaría mínimo una hora antes de que llegase pese a que la distancia desde el aeropuerto era de apenas 20 minutos, pero su especialidad era perderse en la carretera y dudaba que encontrase el lugar a la primera y sonrió para sí mientras se hacía esta interpretación sobre ella. Comprobó que su amigo tenía una perfecta videoteca de porno del más explícito, sobre todo de sado y bondage, tal y como le constaba que era el tema preferido de su compañero. Menudo golfo estaba hecho su amigo, que nidito para sus conquistas se había buscado, y si no hubiese ido a aquella reunión tan aburrida que luego acabó en cena y que por efecto del vino soltó la lengua de su amigo que se ofreció a dejarle el apartamento siempre que lo necesitase a cambio que le cubriese sus muchos líos de faldas. Se estaba poniendo nervioso, necesitaba tenerla ya a su lado, se moría de ganas por someterla, por humillarla, se necesitaban tanto.
