Es la decimoquinta felación que hace en lo que va de día… no sabe ni tan siquiera qué hora es, si quedará mucho para que el día acabe o si tan siquiera acaba de empezar.
Siempre termina perdiendo la cuenta de la cantidad de eyaculaciones tiene que tragar al cabo del día, después de las treinta primeras seguir contando no tiene mucho sentido.
Aunque ella no lo sabe, hace dos años y tres meses que Isabel sirve de esclava en ese pequeño cuartucho del sex-shop, junto a las cabinas porno.
Fue vendida a su actual dueño por un precio más que aceptable y desde entonces la mantiene oculta en ese cuarto… su único contacto con el mundo es ese pequeño agujero por el que los clientes meten sus miembros y ella los chupa, tal como la enseñaron.
Tampoco tiene mucha opción puesto que un enorme aro de metal en su boca impide que la pueda cerrar y morder así a alguno de los clientes; por supuesto ese aro está bien asegurado con una correa y perfectamente cerrado con un candado.
En cualquier caso no se lo podría quitar dado que tiene los brazos cruelmente amarrados a su espalda, codo con codo y retorcidos hacia arriba quedando sus manos a la altura del collar de esclava que no la han quitado desde que fue secuestrada hace ya más de siete años.
Para completar su miseria tiene el collar encadenado a una argolla de la pared, a escasos centímetros del agujero, impidiendo así que aparte la cara cuando algún miembro asoma para usar sus servicios y que dada la escasa longitud de la cadena tiene que pasarse arrodillada todo el día.
Apenas hay luz en ese cuarto, solo la poca que entra a través del agujero cuando no hay ningún cliente haciendo uso de él… cuando eso ocurre Isabel tiene delante una serie de carteles que su dueño puso ahí como cruel diversión… carteles de hace más de 7 años repartidos por toda la ciudad por su familia denunciando su desaparición.
Pese a todo, su anterior dueño fue mucho más cruel que el actual; en su pequeña celda puso recortes de periódico con la noticia de su desaparición, de las pesquisas y más adelante del cese de la búsqueda.
Para entonces Isabel se había resignado a su nueva vida, sabía que nunca volvería a ser libre.
Con el paso de los años aprendió a abstraerse del mundo mientras la obligaban a hacer todo tipo de perversiones, pero lamentablemente su actual dueño encontró una solución a ese problema… una sustancia afrodisiaca usada en animales de granja que la es inyectada a diario, a veces en dosis dobles.
Las primeras semanas el efecto era tan demoledor que intentaba por todos los medios frotarse con la pared e incluso llegó a desencajarse una muñeca intentando soltarse para masturbarse.
Hasta llegó a rezar día y noche porque su amo entrara en su celda y la violara, pero ese momento nunca llegó.
- Una putita cachonda es mucho más efectiva y obediente que una a la que usan a diario. – Fue una de las escasas veces en que su amo se dirigió a ella.
Actualmente ha desarrollado cierta tolerancia al afrodisiaco, aunque su amo ya está al corriente y varias veces por semana ha triplicado la dosis.
No es que su amo desaproveche la ocasión de poseer a su esclava, en realidad hace uso de ella varias veces al día, solo que por su ano… así evita que “usar” a su esclava haga que decaiga su rendimiento con los clientes del local.
Debe ser la hora de comer – piensa Isabel – hace rato que no aparece ningún miembro por el agujero.
Suena la cerradura del cuarto y aparece su amo con los pantalones bajados y una enorme erección.
Antes de soltar su collar de la argolla de la pared su amo se divierte acariciando la cara pringosa de su esclava con su miembro.
- Lo has hecho bien putita, hoy he hecho bastante caja contigo, pero si quieres comer tendrás que hacerlo mucho mejor por la tarde, dar de comer a una esclava es muy caro –
Isabel creía que no la quedaban lágrimas, pero al oír eso rompe a llorar… hace días que no come y aquel miserable la repite a diario esa misma frase. Sabe que hoy tampoco habrá comida para ella.
Tras soltarla de la argolla su amo la deja en el suelo un cuenco con agua en el que figura el cartel “PERRITA”. Tiene un color muy turbio y varios mosquitos flotando en la superficie pero hace muchas horas que no bebe agua y está totalmente deshidratada de tanto chupar miembros, así que acerca su cabeza al cuenco y comienza a beber como puede con su lengua, puesto que su amo no ha querido quitar la mordaza.
Tras esto su amo coloca una correa en su collar y tira de ella para conducirla a una de las cabinas porno.
- Bien putita, ahora tienes que agradecer a tu dueño haberte dado agua, ya sabes lo que tienes que hacer. – La dice mientras toma asiento en el sofá de la cabina y pone en marcha una de las películas.
Después de tantas horas arrodillada apenas puede moverse así que a su amo le cuesta varios tirones conseguir que su esclava llegue a su posición.
Isabel sabe muy bien lo que ese cerdo quiere y sin esperar ordenes se arrodilla entre las piernas y comienza a chupar el miembro con total entrega… sabe que si no lo lubrica bien será mucho más dolorosa la penetración.
Tras unos minutos un bofetón en la mejilla derecha da la señal para que proceda a la penetración.
Ella misma tiene que hacerlo, a su amo le encanta que sea su esclava la que se viole a si misma así que se limita a disfrutar mientras ella hace todo el trabajo.
A pesar de ser penetrada por el ano casi a diario nunca se acostumbra a tener algo tan grande y gordo dentro. En cada embestida que ella misma está obligada a dar siente como si la partieran en dos y hace que muerda la mordaza con todas sus fuerzas.
Siente como su amo acaricia sus torneados muslos y aprieta sus pezones sin ningún miramiento. Ante este acto de agresión solo puede cerrar los ojos e intentar engañarse a sí misma negando que esté deseosa de que su amo la viole por delante, que el fuego que tiene entre las piernas la está volviendo loca y que solo el miembro de su amo puede calmarla.
Un fuerte chorro de esperma dentro de su ano la devuelve a la realidad y una bofetada indica que es el momento del siguiente paso.
Como puede se levanta y vuelve a arrodillarse entre las piernas de su amo.
Acto seguido comienza a chupar el miembro para dejarlo limpio de esperma y de otros restos… lo primero que enseño su amo es a dejar siempre perfectamente limpio el miembro del macho después de que la esclava es usada. La primera vez Isabel pensó que era lo más humillante que la habían obligado a hacer… que equivocada estaba entonces.
- Muy bien hecho putita, sería una pena desperdiciar esa lengua tan juguetona que tienes… ahora me vas a limpiar las cabinas, están hechas un desastre. – La dice tirando de la correa. Es evidente que disfruta mucho más humillándola que poseyendo su cuerpo.
La pobre Isabel se pasa la siguiente hora y media limpiando las cabinas porno con su lengua… cientos de eyaculaciones de personas totalmente desconocidas. Tras todo este tiempo casi ha conseguido acostumbrarse a ello además de ser consciente de que, en caso de vomitar, sufrirá un castigo aún mayor.
Mientras tanto su amo disfruta de una copiosa comida para recargar las energías tras tanto ejercicio con su esclava.
Una vez termina espera pacientemente a que la pobre Isabel acabe su tarea… ante todo el local debe quedar perfecto para su selecta clientela.
- ¡Vamos putita, no tenemos todo el día! – la grita mientras la propina una patada que la derriba sobre el suelo.
A duras penas consigue levantarse de nuevo y terminar desesperadamente su tarea de limpieza, no quiere recibir más golpes y está aterrorizada.
- Maldita puta, ya casi es la hora de abrir… ya hablaré contigo seriamente después. –
La agarra de la correa y la lleva prácticamente a rastras de nuevo a su pequeña celda. Isabel se deja hacer, apenas tiene fuerza para resistirse.
Su amo la coloca de nuevo de rodillas frente al agujero y la vuelve a encadenar a la argolla de la pared.
- Has sido muy perezosa en tus obligaciones putita… te mereces un castigo por ello – Dice mientras se saca unas pinzas metálicas del bolsillo.
- ¿Qué clase de amo seria si no corrigiera tu conducta? Es necesario que las putitas como tu aprendáis a obedecer en todo lo que se os ordena. –
Isabel intenta revolverse pero las ataduras no se lo permiten. Sus ojos reflejan pánico ante esos pequeños instrumentos de tortura metálicos.
Por suerte para él las paredes están completamente insonorizadas o todo el vecindario habría escuchado el alarido de dolor de la pobre chica al colocarle las crueles pinzas es sus sensibles pezones.
- Esto es solo para abrir boca, pequeña… cuando cerremos te espera el auténtico castigo. –
Tras decir eso y propinarla un buen cachete en su precioso trasero, su amo vuelve a cerrar la puerta con llave… Va a ser una tarde muy larga para la pobre Isabel.