Notaba como la metía y la sacaba. Yo a la vez me metía los dedos en mi vagina y de cuando en cuando frotaba con fuerza mi clítoris, estaba tan cachonda como creo no haberlo estado nunca
Mi nombre es Ana, tengo 30 años y soy pelirroja de ojos azules, y por lo que dicen, muy resultona, será que eso de las pelirrojas está muy buscado…
Hace ya años que entré en el mundo de la dominación/sumisión, aunque no lo hice profundamente hasta hace un tiempo. En realidad, yo ni tan siquiera sabía que existía, es decir mi actitud sexualmente era la de sumisa, pero yo desconocía que esto fuera todo un mundo en el que había tantas personas que lo practicasen de forma real.
Fue a través de un amigo con el que yo hablaba mucho de sexo con el que descubrí todo este rol.
Todo empezó una tarde de otoño de aquellas que llueve, hace frío y no apetece salir a la calle. Yo en principio había quedado para verme con un amigo al que hace tiempo que no veía, pero finalmente lo había llamado para decirle que prefería no quedar, ya que como digo, no era un día muy apetecible.
De repente, sonó el timbre, yo no esperaba a nadie, con lo que estaba tranquilamente en la ducha dándome un buen baño. Creí que era alguien que se equivocaba, con lo cual, hice caso omiso, pero el timbre volvió a sonar, así es que no tuve más remedio que salir corriendo de la ducha. Como pude, me envolví en una toalla y fui hacia la puerta. Abrí y allí estaba mi amigo Mario, al que le había dado plantón.
Era un amigo de aquellos que dan mucho morbo, pero la verdad es que, aunque lo había pillado en más de una ocasión mirándome de arriba abajo, nunca le di mayor importancia. Antes de conseguir cerrar la puerta del todo me dijo:
-Hoy no te vas a escapar, serás mi puta mientras yo lo desee.
Yo me quedé parada, no sabía que decir, pero antes de que tuviera tiempo para pensar, la puerta se cerró de golpe, y en breves instantes, me encontré sin la toalla, en la cocina y notando como su polla me buscaba.
Sin prácticamente mediar palabra, mejor dicho, sin decirme nada me encerró, me vendó los ojos y me hizo ponerme de rodillas a unos cuantos centímetros de él, de repente gritó:
-Ven aquí puta y chupámela.
Yo estaba muy sorprendida, pero mi grado de excitación era tal que no podía ni hablar. Cuando ya había llegado hasta donde estaba él, me cogió del pelo y me la puso en la boca. Se la lamí, primero suavemente y luego fui a metérmela en la boca, pero en eso justo momento él dijo:
-Para puta, de momento ya tienes suficiente, si quieres más tendrás que ganártelo. - Yo respondí: ¿Qué quieres que haga? Él contestó: Tranquila zorrita que pronto lo sabrás…
Entonces me hizo levantarme (yo seguía sin ver nada), y me ató las manos. Acto seguido, me puso las pinzas en los pezones, me hizo abrir bien las piernas y noté que algo frío pasaba lentamente por mis tetas, mis piernas y por último por mi coño. Yo no sabía que era, pero evidentemente no dije nada, callé y dejé que hiciera conmigo lo que quisiera.
Cuando menos me lo esperaba, desapareció, o al menos yo lo viví así ya que durante unos instantes me encontré sola en la cocina, empotrada en la encimera, atada de manos y con los ojos vendados sin oír absolutamente nada. En el momento más inesperado, algo rozó mi clítoris y mi húmedo coño. Por el ruido, pude adivinar que era un vibrador, pero fue él mismo quien me lo verificó al decirme:
-Llevo mucho tiempo imaginando este momento, aunque no sabía que pudieras llegar a ser tan puta.
Entró y salió de mi coño todas las veces que él quiso. Yo estaba tan mojada que deseaba correrme, pero él pareció leerme el pensamiento, ya que dijo:
-Te correrás cuando yo te ordene, y este no es el momento.
Unos instantes después estábamos en el sofá tal y como él quiso, yo estirada boca arriba masturbándome al mismo tiempo que se la comía. Lo hacía lo mejor que podía, pero a él no parecía convencerle, ya que paró en seco, y mientras me la iba pasando por la cara, dijo:
-Quiero que te la metas hasta el fondo de tu garganta puta.
Yo tuve que parar de masturbarme porqué mi excitación no aguantaba más y sentía que me iba a correr, ya que si algo me enloquece de verdad es chuparla una y otra vez, sin parar…Él se dio cuenta de que había parado, y pagué las consecuencias. En breves instantes me encontré estirada encima de él y recibiendo 10 fuertes azotes en el culo, a la vez que gritaba: Te he dicho que te correrás cuando yo te diga, ¿entendido zorra?, de mi boca solo salió: Entendido, cosa que hizo que él aún se enfadara más y dijera: ¿Son esas formas de hablarme?, esta vez sabía que no podía volverle a fallar así es que dije alto y claro: Perdón mi amo.
¿Qué hacía yo diciéndole esto a Mario? Reconozco que en mis fantasías y siempre que me masturbaba me imaginaba llevando el papel de sumisa y teniendo un amo que me dominase, pero jamás llegué a pensar lo que saldría de mi boca como causa de mi excitación, pero lo reconozco, estaba tan mojada, tan cachonda que podía hacer conmigo lo que se le antojara.
Después de pagar mi merecido castigo por esa respuesta poco acertada, él el se sentó mientras yo de rodillas se la chupaba una y otra vez, sin parar. Me la metí hasta el fondo y cuando él me ordenó, dejé de chupársela para pasar a comerle los huevos al mismo tiempo que él se hacía una paja. Llegó el momento más deseado, ese que me demuestra que he cumplido como buena sumisa, me miró a la cara y sin decirme nada, yo ya entendí qué me estaba diciendo, me estaba dando permiso para correrme, yo seguía masturbándome a la vez que se lo comía todo, los huevos, la polla…cuando ya no pudo más dijo:
- Mírame puta, yo lo miré al instante, él me penetró con su mirada y dijo: ¿Quieres mi leche en tu boca zorra?, yo contesté que sí, pero no tuvo bastante con este sí, vi que quería más, así es que le di lo que él quería, lo miré con esa cara de zorra de mierda que se me pone y le dije; - La quiero toda dentro por favor, pero no parecía tener bastante, quería más, así es que me giré de espaldas a él y le ofrecí mi culo.
No pareció disgustarle la idea porqué enseguida dijo:
- Así me gusta, que tu boca, tu coño y tu culo me pertenezcan.
Jugó con su polla, mientras me la pasaba por las nalgas del culo, yo deseaba que me la metiera de una vez, y por suerte, así fue, me penetró al principio despacio, pero luego lo hizo bien fuerte, notaba como la metía y la sacaba. Yo a la vez me metía los dedos en mi vagina y de cuando en cuando frotaba con fuerza mi clítoris, estaba tan cachonda como creo no haberlo estado nunca, y aunque notaba algo de dolor en mi culo, no importaba, lo deseaba, deseaba que me llenase mi culo con su leche.
Mario dijo: - ¿Qué pasa Ana, que te gustaría tener una polla en tu coño a la vez que tienes la mía en tu culo, verdad?
Yo le iba a contestar que sí, pero no me dio tiempo, sonó el timbre y él dijo:
- Tengo una sorpresita preparada para ti y espero que estés a la altura.
Oí la voz de un hombre que hablaba con Mario, la voz no me era familiar, no sabía quien era, pero no tardé mucho en verle la cara, ya que aparecieron en el salón y Mario dijo:
-Aquí la tienes, la compartiremos un ratito…
Si queréis saber como acabó la historia o hacer algún tipo de pregunta, mandadme un correo.
Gracias y hasta pronto.
Ana.
Autor: Perra Sumisa perrasumisabcn (arroba) gmail.com