Esta mañana te he dejado lamer mis pies varias veces, ya deberías conocer mi sabor, ahora vas a lamernos los pies a todas, si no aciertas cuáles son los míos, recibirás un castigo
Conocí el club Afrodita por casualidad. Fue una vez, hablando con una chica argentina en un chat. Curiosamente ella conocía aquel lugar en mi propia ciudad, aquí en España, y yo jamás había oído hablar de él. Por entonces ya estaba bastante aburrido de la rutina de siempre. Salir el sábado, tomar unas copas, ligar con una desconocida y llevármela a casa. Después, con un poco de suerte, pasar la noche con ella, y con menos suerte despedirla tras un polvo. Busqué durante un tiempo una alternativa en el sexo a través de internet. Al principio resultaba excitante, novedoso; dejarse llevar por la imaginación y hacer el amor con una mujer sin siquiera conocer su cara me gustaba, o más bien me gustaba el morbo, el placer de la curiosidad que siempre inspiran las experiencias nuevas.
En realidad el sexo era siempre lo mismo para mí: primero excitarme, ya fuera en mi cama con una mujer, o a través de mensajes obscenos en el correo electrónico, o masturbándome a solas en mi casa… Después siempre acababa igual, con mi cuerpo sacudiéndose sudoroso, a la vez que mi semen salía despedido al exterior de mi cuerpo. Luego nada. Al fin y al cabo eso era el sexo. O al menos eso pensaba yo entonces.
